El esfuerzo que debe hacer Illa si realmente quiere que lo conozcan los jóvenes

Ronda por las redes un vídeo de Flaixbac en el que una pandilla de adolescentes se muestran incapaces de responder cómo se llama el actual presidente de la Generalitat. Cuando se les apunta el nombre de Salvador, uno responde que Espriu y otro que Dalí. Uno dice que Pedro Sánchez, pero no es ningún comentario irónico sobre quién gobierna realmente en este rincón del mundo, sino pura ignorancia institucional. El programa no revela si esta colección de testimonios alegremente desorientados representaba el 10% de los jóvenes que han abordado a la entrada del Saló de l’Ensenyament o el 90%. Otros vídeos muestran el mismo nivel de acierto nombrando al arquitecto de la Sagrada Familia o la cordillera que separa Cataluña de Francia.

Salvador Illa ha querido jugársela y ha hecho un vídeo en las redes de respuesta diciendo que a los jóvenes les interesa la política porque les interesa la vivienda, sus perspectivas de futuro o la movilidad. Y también dice que harán un esfuerzo para que sepan quién es el presidente de la Generalitat “y, sobre todo, para que sepan qué hace la Generalitat”. El otro esfuerzo que hay que hacer, claro, es mejorar la educación para que los alumnos salgan de la educación obligatoria con una mínima cultura política. Seguro que hay pesca de clics en estos vídeos de jovencillos asustados –los ingleses hablan de rage bait cuando se busca la interacción a partir de la indignación– pero en todo caso los vídeos hacen patente la necesidad de aumentar los recursos para la educación y, sobre todo, instaurar de una vez por todas la alfabetización mediática en las aulas. Desconectarlos de la actualidad es desconectarlos en general. Es decir, hacerlos más ensimismados y, por tanto, susceptibles de responder a los impulsos primarios y disgregadores del populismo político. Y, de retruque, hacerlos también más vulnerables al efecto corrosivo de unas redes cada vez menos sociales.