La espiral que puede estrangular el 'Washington Post'

La escabechina perpetrada en el Washington Post de Jeff Bezos no hace presagiar nada bueno. El diario que se ha convertido en epítome de la prensa capaz de fiscalizar el poder hasta el punto de cargarse a un presidente corrupto se hará ahora más pequeño. Crecerá la impunidad (aún más). Leo que el diario perdía 100 millones de dólares anuales. Y, siendo consciente de lo frívolo que es juzgar el uso del dinero cuando no es tuyo, cuando veo la millonada invertida en la broma de documental sobre Melania Trump, o leo al día siguiente del hacha que Amazon invertirá 200.000 millones en inteligencia artificial y robótica, no puedo dejar de preguntarle. diario diez años más. En realidad, claro, la cosa no va de dinero, porque hablamos de calderilla cuando nos movemos en el reino de los cientos de billones americanos. No, el problema no son los 100 millones anuales, sino las expectativas que tenía Bezos al comprar el rotativo –marcarse la medalla de salvar un buque insignia del periodismo aplicando sus lógicas digitales para dejar en evidencia a los editores tradicionales– y el amargo contraste con los trabajos obtenidos –un diario que ha continuado– una vez Trump ha decidido que ya era suficiente de la bromita.

Si con el dinero que se ahorran no hay una inversión –y nadie la ha anunciado–, la espiral destructiva está servida: venderán menos ejemplares y caerán en facturación publicitaria. Esto aparte de los que ya se están marchando en masa, como gesto de protesta. El diario volverá a entrar en pérdidas. Habrá que adelgazarlo de nuevo. Más despidos. Y así ir haciendo. "La democracia muere en la oscuridad" es el suntuoso lema que Bezos adoptó para su capricho de imagen y que añadió al diario. Más bien muere en la carencia de compromiso. O en la cobardía.