Una escena de 'Más que rivales'
Periodista i crítica de televisió
2 min

La carga sexual de Heated rivalry (Más que rivales, en Movistar Plus+) se ha convertido en un reclamo indudable para crear grandes expectativas en la audiencia. El hockey profesional es la excusa perfecta para hacer crecer el conflicto: un ambiente muy masculinizado asociado a la heterosexualidad más básica en la que los gays deben esconder su condición. La relación secreta entre dos jugadores rivales es la gran trama narrativa y erótico-festiva. La serie no ofrece mucho más, pero es interesante descubrir sus mecanismos.

Tensión sexual: Se ha promocionado tanto el sexo antes de estrenar la serie que en la primera escena notamos ya la tensión sexual. El espectador tiene la información previa que le predispone a leerlo todo, desde el primer minuto, en clave de la atracción física. Se utiliza el movimiento de cámara para situarnos en la posición del personaje que mira: el plano se desliza por el cuerpo del otro, lo fragmenta, se detiene, y construye visualmente el deseo. Si los protagonistas hablan por el móvil, tienen pequeños objetos en la boca (un colgante o el cordón de la capucha de un jersey) para estimular la idea de succión.

Dilatación del tiempo: la serie explica su relación a lo largo de diez años. Los saltos temporales, en ocasiones de seis meses o de un año, subrayan la contención del deseo. Y, por tanto, se deposita una intensidad sexual mayúscula en los encuentros de la pareja, incluso desde el punto de vista psicológico.

Fuera de cámara en el punto justo: Heated rivalry es una especie de porno soft. La serie evita ser explícita y se queda en el límite preciso para mantenerla en los márgenes de la ficción mainstream, pero flirteando abiertamente con los códigos de consumo erótico. Se evita lo que podría considerarse frontalmente pornográfico, pero se explota su efecto. El espectador entiende qué ocurre físicamente. El primer episodio está estratégicamente plagado de secuencias sexuales. La primera sólo tarda catorce minutos en llegar, ajustándose al tópico de las duchas de un vestuario. La siguiente tiene una duración de nueve minutos. Las escenas sexuales son fácilmente localizables y casi autónomas. El guión es tan elemental que el arco narrativo se entiende sin necesidad de seguir las secuencias "de tráfico" entre encuentro y encuentro. De hecho, muchos pasajes son simples videoclips similares a un anuncio de perfume.

El secreto: Ahora bien, existe un elemento con el que la serie juega inequívocamente y es la idea de clandestinidad. Ya pasaba con una serie similar como Fellow travelers. El peso de la homofobia no desaparece: el secreto no es sólo un contexto narrativo sino un motor de erotización. La serie, a pesar de convertirse en más luminosa al final, convierte una realidad trágica como es la homofobia en un dispositivo dramático eficaz: intensifica el deseo y carga las escenas de tensión. Hacen que la violencia estructural sea útil para que la trama sexual y el drama romántico sean más potentes. Y aquí existe una ambigüedad que resulta muy problemática y molesta: que lo que hace eficaz la historia es, precisamente, lo que oprime.

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