Hay que prestar atención a la alerta de Miquel Macià
Yo tenía diecisiete años y estaba feliz poniendo discos en Ràdio Vic, pero los propietarios se vendieron la emisora, que se convirtió en una radiofórmula sin voz. Entonces pedí trabajo en el diario La Marcha –de los propios dueños– pensando que en pocas semanas encontraría alguna emisora municipal donde volver a pinchar alegremente a los Pixies, a los Stone Roses oa mis adorados The Cure. Pero no: estuve los cuatro años de carrera. El director de ese semanario era Miquel Macià, que acaba de publicar en Saldonar una obra monumental: Vida y muerte de los medios de comunicación de Vic 1939-2025. Aunque el lector no tenga vínculos con las tierras de Osona, el libro es muy recomendable para entender la crisis que sufre el sotobosque de los medios de proximidad. Este estrato ha nutrido abundantemente el espacio catalán de comunicación, especialmente en los tiempos en los que las grandes empresas periodísticas del país apostaban por el español. A Macià le debo tres cosas: me dio la primera oportunidad en un diario siendo un chiquillo, me permitió después ser uno de los primeros periodistas digitales cuando me fichó para Osona.com, en 1996 –semilla de lo que más tarde sería Nación Digital–, y, sobre todo, fue mi primer mentor y maestro, en unos tiempos donde la formación.
Estoy convencido de que hoy yo no escribiría una columna en un diario nacional si no hubiera podido empezar a foguearme ya de muy joven en un medio modesto, pero valiente y moderno, como era La Marcha dirigida por Macià. Pero, más allá de esta función formativa, la prensa local es un baluarte del periodismo que más afecta a la vida cotidiana. Gracias, pues, por levantar crónica de cómo se ha ido desertizando en Vic un panorama comunicativo que llegó a ser tan y tan fértil. Es una alerta de que no debe ignorarse. Y gracias, Miquel, claro, por todo ello.