'Fanzone', dan pena

Gerard Romero en una imagen promocional del programa
Periodista i crítica de televisió
2 min

Durante años, desde el mundo estrímero se ha insistido en que la televisión era un medio en declive, mientras que plataformas digitales como Twitch representaban el futuro inevitable del audiovisual. Sin embargo, este relato entra en contradicción con un hecho evidente: cuando influencers, youtubers y estrímeros reciben una oferta para hacer televisión convencional, la aceptan de buena gana, porque nunca ha dejado de ser un espacio de consagración pública más potente que cualquier plataforma. Pero la adaptación a un nuevo lenguaje no es tan fácil. La televisión es implacable a la hora de evidenciar las carencias y fragilidades comunicativas de estas figuras. La habilidad frente a la cámara desde tu casa no garantiza, en ningún caso, la solvencia para dinamizar el engranaje, más complejo, de un programa de televisión.

Un ejemplo claro lo vimos el jueves por la noche con el Fanzone de Gerard Romero, líder de Jijantes FC y uno de los promotores de la Kings League. Estrenaba su programa para mojar pan con el Barça e hizo higo. La televisión tradicional es difícil que sostenga la improvisación y la autorreferencialidad propia del estríming. Por este motivo, el Fanzone parecía la versión evolucionada de un animador de cruceros, con DJ incluido, donde se pide que el público aplauda cada dos por tres, levante los brazos, haga una conga o cante canciones mientras golpea. La presencia del tarotista remataba el esperpento. A los asistentes, barcelonistas entregados, les trataron como criaturas, haciéndoles responder a gritos a las preguntas que les hacía el presentador desde el escenario. Todo ello provocaba estupefacción. Fanzone es la versión futbolera del Bestial. El show del vacío con una aceleración y una euforia prefabricadas que resultan alienantes en un canal generalista. Fanzone es, a lo sumo, para el Deporte3. Un espacio para culés predispuestos a este tipo de espectáculo. Los datos de audiencia del primer día fueron discretos, y eso que se evitaron todas las pausas de publicidad. El programa se enlazó, directamente, con un Polonia que había obtenido muy buenos resultados y que Romero no pudo retener.

La virtud de Fanzone es la ambición de hacerlo en directo. Pero la obsesión por el ritmo precariza los contenidos y hace sufrir. La informalidad a la que aspira necesita un bagaje, una preparación y unos recursos que no tienen. Los llamados "corresponsales" (que suponemos que eran simples enviados especiales a Arabia Saudí) hacían lo que podían en medio de los problemas de sonido. Las entrevistas de plató en la portera Cata Coll y la actriz Diana Gómez no lucieron nada a causa de unas preguntas superficiales más destinadas a superar el expediente del primer día que a la exigencia profesional. Las Can Putades sólo acentuaron la insustancialidad de un programa que se desinflaba a medida que avanzaba. Al propio Romero parecía que el estreno se le acababa haciendo largo.

Las genuflexiones de TV3 con el mundo estrímero son desconcertantes. Creen que encontrarán un milagro y, ante estos experimentos llamados "distendidos", lo único que se hace evidente es la amateurización y la precarización de la televisión. Y más que divertir, da pena.

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