Felipe VI y los caníbales mexicanos desaparecidos
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, y su predecesor, Andrés Manuel López Obrador, han insistido en los últimos años en el deber moral de España de reconocer las atrocidades cometidas durante la conquista. Estas pretensiones fueron recibidas por la prensa más cavernaria con considerable escándalo y un florilegio de artículos sabelotodo donde se acentuaba el carácter caníbal de la población azteca –una práctica ocasional ligada a los ritos, no cotidiana– para imprimir la idea de que los españoles les habían llevado la civilización. También se negaba cualquier rastro de genocidio, sin acabar de aclarar por qué se calcula que hasta el 90% de la población indígena desapareció (en buena parte por enfermedades, pero también por las matanzas practicadas). Ahora Felipe VI ha dado un tímido paso en favor de este reconocimiento, que ciertamente contrasta con aquella ocurrencia proferida por su padre según la cual nunca fue el castellano una lengua impuesta. (Risas enlatadas.) Los folcloristas del canibalismo han callado esta vez y, para no desautorizar del todo al actual monarca, escriben titulares como “Felipe reconoce que hubo «mucho abuso» en la conquista de América” (La Razón).
Pero los hay que continúan con la monserga. En El Mundo no pueden dejar de mascar entre dientes y titulan “El rey busca salvar la cumbre iberoamericana reconociendo «abusos» en la conquista” para sugerir que sus palabras no son sinceras. Y también Losantos, que volvía a aproximarse a las posiciones de Vox, sacudía el espantajo caníbal y enfilaba una arenga furibunda: "El rey de España no puede criticar la memoria de los Reyes Católicos". Y añadía: "El responsable de que el rey, que es un militar, lea lo que dice es Camilo Vilarino". Es un flist-flast importante, que niega el criterio propio del titular de la Corona y lo reduce a busto parlante, o lector. No se me ocurre mejor alegato en favor de la república.