Inauguración de la Sagrada Familia
11/06/2026
Jefe de Media
2 min

Por mucho que se dejaran la voz Manolo Lama y Paco González en el Bernabéu, el estadio del Real Madrid fue escenario de una nueva derrota, en este caso sin futbolistas en el césped: la ceremonia barcelonesa marcó un contraste abismal. La sobriedad y el buen gusto le echaron una mano al cayetanismo rancio. El triunfalismo empacha, pero hacía falta la sacudida de autoestima. En todo caso, gran contraste entre las portadas de Barcelona y Madrid este jueves. La caverna insistía en su monotema: España, España, España. “Bendita Sagrada Familia, signo de «concordia de España»”, escribía El Mundo. Hubiera sido bonito referirse a la concordia exhibida por la policía aquel 11 de septiembre de 1924, cuando detuvieron a Gaudí por negarse a hablar castellano. Abc resaltaba también el poder del templo para mantener la cohesión estatal y La Razón, por su parte, hablaba de “la unidad”, que todos sabemos que bajo su cabecera –aquella rojigualda en la celda de la enya– quiere decir, también y siempre, España. Todo ello, una manera como otra de no abordar la evidencia: hay dos culturas diferentes, que se expresan también en la estética y la exteriorización del sentimiento religioso.

En las portadas catalanas, en cambio, no había ni rastro de España, pero es interesante ver quién hacía salir entonces a Cataluña y quién se embarcaba por otros caminos. La Vanguardia, por ejemplo, titulaba “La Sagrada Familia del mundo”, y El Periódico todavía iba más allá y el planeta se le quedaba corto, así que escribía “La Sagrada Familia apunta al cielo”. En cambio, El Punt Avui no solo no hablaba de España, sino que el titular era: “Alzando la mirada por el catalán”. ARA también pescaba las migas de catalanidad que dejó caer León XIV y recogía en primera página sus palabras cuando afirmaba que el templo es “una catequesis de piedras, colores y luces”, que guía al pueblo de Dios “desde esta tierra catalana”. Guía al pueblo de Dios y, sobre todo, guía a los turistas. O, como dijo Gaudí, "primero la belleza, después el Starbucks".

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