Aire acondicionado

El aire acondicionado: un lujo convertido en necesidad

El 30% de las personas vulnerables del área metropolitana de Barcelona no pueden hacer frente a este coste

Chica pasando calor en su casa
29/07/2026 - 07:00 h.
4 min

Años atrás las casas solían ser los refugios más habituales para protegerse del calor. Lejos quedan aquellos tiempos en que la abuela te preparaba una infusión fría de agua con menta o colocaba un cubo con hielo delante del ventilador como remedios caseros cuando volvías bien sudado de jugar en la plaza del barrio. Hoy la situación es muy al contrario. Ahora estas recetas caseras se quedan más bien cortas ante los veranos prematuros y de récord que nos obligan a buscar refugios por todas partes. Antes de que llegue el verano, los niños y los ancianos llenan las plazas, las bibliotecas y los centros de los barrios para intentar paliar el bochorno. La idílica postal de red vecinal contrasta con la estampa de vecinos empapados apoyados entre los barrotes y las repisas de las ventanas, especialmente en los barrios más pobres de Cataluña, donde cerca del 30% de las personas vulnerables no pueden pagar un aire acondicionado. Las desigualdades aumentan y la capacidad de ciertos sectores de la sociedad para hacer frente a las olas de calor es cada vez más limitada.

El calor de la noche que no deja dormir

Cataluña batió el pasado junio un récord de calor y superó el umbral de las 200 muertes asociadas al calor. Esto es un 218% más que durante el mismo mes del año pasado, cuando murieron 88 personas. La pobreza energética ha alcanzado registros históricos y ya son cerca de 520.000 personas que viven en zonas vulnerables al calor las que no pueden mantener su vivienda a una temperatura adecuada –de unos 26 grados según las recomendaciones del Instituto Catalán de Energía–, durante el verano, como indican las últimas encuestas del área metropolitana de Barcelona y el Institut Metròpoli. Esto supone un incremento de un 7% respecto a 2022.

El aire acondicionado es un lujo en muchas áreas de Cataluña, especialmente en barrios con mucha densidad poblacional. En Barcelona ciudad, los distritos de Ciutat Vella, Horta-Guinardó, Nou Barris y Sants-Montjuïc son los que concentran el grueso de personas que no disponen de este aparato tan preciado de junio a septiembre. La elevada concentración urbanística y la pobreza energética coinciden con un calentamiento global que ha tomado la cuenca Mediterránea y, especialmente Cataluña, como una de sus víctimas predilectas. Nuestro territorio se ha convertido en una de las regiones europeas que más olas de calor sufre. Las noches tropicales, incluso tórridas, se han convertido en el denominador común los últimos veranos con cifras récord que superan los 26 grados a medianoche, un hecho propio de países subtropicales.

La Blanca Paniello, estudiante de doctorado en el ISGlobal y en la Universitat Pompeu Fabra, advierte que hay que poner el foco en las vulnerabilidades. “La pobreza energética está directamente vinculada a un riesgo más elevado de mortalidad por calor, y esto tiene que ver con el nivel socioeconómico de las personas. El barrio donde vives condiciona los riesgos porque hay con mejor atención sanitaria y con equipamientos sociales con más recursos”, señala. En este sentido, Paniello sugiere que medidas como incrementar los refugios climáticos o disponer de un aire acondicionado no son la panacea. “El urbanismo juega un papel fundamental. Es evidente que un parque más grande de árboles y reducir la superficie de pavimento reduce el efecto de la isla de calor. Ahora bien, hay que repensar de qué manera construimos nuestras ciudades. La desigualdad entre barrios se percibe, por ejemplo, en los materiales con que están construidos los edificios. Por lo tanto, reducir los riesgos pasa por una política de vivienda más eficiente”, explica. 

Buscar alternativas

La demanda de aire acondicionado va en aumento año tras año, y cada vez son más las familias que se aprietan el bolsillo para comprar uno. Pero, aparte del aire acondicionado, muchas viviendas no están concebidas para conseguir una buena ventilación. Cada vez hay pisos más pequeños y en barrios más congestionados. Por este motivo, desde ISGlobal optan por encontrar alternativas a un aparato que, además de suponer un coste extraordinario para una parte importante de la población, contribuye a la contaminación atmosférica. “El acceso al aire acondicionado tiene la ventaja evidente de que reduce la temperatura de la vivienda, pero no es sostenible ecológica y económicamente”, explica. “Una buena solución exige diseñar viviendas que favorezcan la ventilación cruzada, por ejemplo. Es un término medio que ya hace bajar drásticamente el estrés térmico”, añade.

Asomar la cabeza por la ventana del coche es una buena forma de soportar el calor

Aparte de la capacidad económica para disponer de una aclimatación adecuada de las viviendas, disminuir los efectos físicos y, sobre todo, psicológicos de este fenómeno, no está al alcance de todos. La psicóloga clínica Mayra Ariza advierte que el calor genera un estrés que altera el propio cerebro y nuestras capacidades cognitivas. Ariza habla de cómo una reacción física causa una reacción directa en nuestro entorno social y afectivo. "El calor extremo no solo nos desestabiliza por razones fisiológicas, sino también emocionales. Cuando vivimos en pareja acostumbra a darse el fenómeno de la incompatibilidad térmica”, explica. Esto provoca un distanciamiento social entre las personas fruto de una subida repentina del cortisol y la adrenalina. Como consecuencia, las personas en verano nos volvemos más irritables y conflictivas. Ariza insiste en la necesidad de entender el sueño como un tema clave en épocas de estrés térmico. “Es imprescindible dar prioridad al descanso mediante baños de agua tibia y no fría, ya que un contraste térmico excesivo puede disparar la activación del hipotálamo. El ámbito laboral es otro factor de riesgo, como por ejemplo aquellas profesiones que implican exponer a los trabajadores a la insolación, como la agricultura, la construcción o los repartidores. Por este motivo, Ariza recomienda ralentizar el ritmo de trabajo respecto a otras épocas del año.

Ahora bien, hay ciertos debates de sobremesa sobre el aire acondicionado que generan más confusión que certezas. Todo el mundo ha oído a alguien decir que el aire acondicionado le ha dejado la garganta seca, o que su factura no se corresponde con el uso que le ha dado al aire acondicionado. Es cierto que el uso de este aparato se refleja en la factura de la luz, pero se han extendido malas praxis a la hora de usarlo que se pueden corregir para reducir costes y riesgos para la salud y el medio ambiente.

Recomendaciones para optimizar su uso
  • 1. Evitar confiar en el modo automático del aparato Acostumbramos a asociar más confort a una temperatura más baja, pero la realidad es que la funcionalidad de deshumidificar el aire es más eficiente y requiere mucho menos consumo energético. 
  • 2. La instalación Esta siempre se debe hacer en un espacio abierto y protegido de las inclemencias meteorológicas. De esta manera, alargamos su vida útil. 
  • 3. La orientación del aparato es un factor clave. Nunca debe tocar directamente a las personas, por lo tanto, hay que evitar instalarlo encima de la televisión o el cabecero de la cama. Lo óptimo es colocar las unidades en los pasillos para crear corrientes de aire que climatizan toda la vivienda.
  • 4. El tipo de aparato Ir a la búsqueda de aires acondicionados con bomba de calor y una unidad externa o compresor, ya que los aparatos alternativos acostumbran a consumir mucha más energía y no enfrían de manera eficiente. 
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