"Cuando el Barça me llamó para ficharme, pensé que era una broma"
Roberto Bonano vivió dos años y medio muy convulsos en el club azulgrana
Torelló«No fueron unos años buenos para el Barça. Fue una época difícil, de transición. Pero para mí fue una etapa bonita porque no me la esperaba. Ya tenía 31 años. Con el tiempo uno le da todavía más valor y lo vive como algo aún más positivo», reconoce Roberto Tito Bonano (Rosario, Argentina, 1970). Aterricé en el Barça hace justo 25 años. Ya tenía un pie y medio en el Alavés, pero de repente llegó una oferta del Barça. «De entrada no me lo creí. Le pregunté a mi representante si era una broma. No me lo esperaba porque se decía que ficharían a Oliver Kahn, Buffon o algún nombre así. Pero yo era el más barato porque era sudamericano y había quedado libre del River Plate», dice.
De niño me gustaba el Barça por Maradona, pero prefería el Athletic Club por su filosofía y por la figura de Andoni Zubizarreta, uno de sus referentes. «Después le cogí un poco de manía porque todo el mundo decía que era el último gran portero del Barça. Su sombra fue un peso muy grande», admite Bonano, que cuando aterrizó en Barcelona se estableció en el barrio de Sarrià con su familia. Conocía la ciudad por Antoni Gaudí y Joan Manuel Serrat. «Me sorprendieron muchas cosas cuando llegué. La velocidad del fútbol europeo y el estilo de juego del Barça. El silencio del Camp Nou y de la mayoría de los campos de España. Parece un teatro viniendo de Argentina excepto los partidos contra el Madrid. También me sorprendió que la rivalidad entre Catalunya y Madrid iba mucho más allá del deporte», apunta.
«En Argentina todos veníamos de la cantera y éramos amigos personales del nivel de ir a casa de los demás. Aquí pasé a compartir vestuario con dos franceses, un italiano, cuatro catalanes, seis holandeses y tres brasileños y se me hizo extraño. Así es difícil hacer un grupo de amigos», destaca. También coincidió con un compatriota, Javier Saviola, fichado también aquel verano. Messi había aterrizado en la ciudad poco antes y su representante les pidió si podían ir a visitarlo. «Nos explicó que era un chico muy introvertido que echaba mucho de menos a la familia y al país». Fueron a dar un paseo por los alrededores del hospital de Sant Pau y lo invitaron a un helado. «Ahora se podría comprar todas las heladerías del mundo. Parecíamos una familia», dice riendo Bonano. Él tenía 31 años. Saviola, 20. Y Messi, 14. «Casi no le oímos la voz», rememora.
Bonano subraya que Messi, hijo de Rosario como él, es "el mejor jugador de la historia". "En Argentina tenemos el corazón dividido por el carisma de Maradona, pero dentro del campo Leo ha conseguido cosas increíbles". También reconoce que la selección española es justa campeona del Mundial porque fue "muy superior" al combinado albiceleste. El exportero culé explica que cuando llegó al Camp Nou el club ya vivía una época "convulsa", acentuada por los adioses de Luís Figo y Pep Guardiola. En Liga acabaron cuartos. "Vine al Barça para ganar títulos y cuando me veo décimo en la clasificación siento rabia y vergüenza deportiva", dijo en aquel momento. Pero en la Champions fueron abriendo camino. Llegaron a semifinales, pero cayeron ante el Real Madrid de los galácticos. Fue el portero titular por delante de Pepe Reina y Richard Dutruel.
Dos años y medio, cuatro entrenadores y tres presidentes
En la segunda temporada los compañeros de portería fueron Robert Enke y Víctor Valdés, procedente del filial. Enke solo jugó un partido, la dolorosa derrota contra el Novelda en la Copa. Se suicidó en 2009. "Muchas veces compartíamos habitación. Era una persona muy humilde. Me sorprendió porque nunca pensé que pudiera estar pasando por una depresión y que tendría un final tan trágico. Ahora intento estar muy atento a cualquier síntoma que pueda detectar", asegura. La temporada había comenzado con Valdés bajo palos y Bonano en la grada, pero el argentino pronto recuperó el puesto. "Víctor era un porterazo y solo necesitaba un entrenador que le diera confianza y seguridad", destaca. Arrancaron el curso con Louis van Gaal. En febrero llegó Radomir Antić y en verano, Frank Rijkaard. Y también Rüştü Reçber: Bonano quedó apartado y en invierno puso fin a una etapa de 74 partidos como azulgrana y salió hacia el Murcia.
En dos años y medio en can Barça tuvo cuatro entrenadores y tres presidentes (Joan Gaspart, Enric Reyna y Joan Laporta). "Claro que hubiera querido ser parte de otra historia, de una historia mucho más bonita, más ganadora, pero también soy realista y justo: quizás eso es lo que me permitió llegar al Barça", admite sonriendo. En una entrevista de aquella época reconoció que le faltaba carisma: "Me faltaron condiciones, un juego mejor con los pies. Son muchos factores. También venderme mejor. El momento del equipo y del club tampoco ayudaron mucho. Quizás ganar un título habría rebajado la presión". Confiesa que tiene la espina clavada de no haber podido alzar ningún título: "Me da rabia eso y haber tenido que marchar tan pronto. Cuando uno llega a un equipo grande se tiene que quedar a vivir, si puede".
En los últimos seis meses convivió con Ronaldinho. "El Barça cambió anímicamente desde su llegada. Dejó de ser aquel club problemático, medio triste y acomplejado. Era otro Barça. Cogió impulso y valor y se igualó al Madrid", enfatiza. Se retiraría en el Alavés, pero después continuó viviendo en Barcelona e incluso ejerció como entrenador de porteros de la selección catalana en un partido con Argentina. Los entrenadores eran Johan Cruyff y Maradona y se reencontró con Valdés. Posteriormente trabajó con el técnico Eduardo Berizzo, a quien asistió en el Celta, el Sevilla, el Athletic y las selecciones de Paraguay y de Chile.
Ahora vive en su país y 25 años después todavía recuerda sus días en el Camp Nou, tan inesperados, con una sonrisa. "Fue una experiencia impresionante".