Plano cenital de la nueva temporada de 'Crims'.
Periodista y crítica de televisión
2 min

TV3 ha iniciado una nueva temporada de Crims con la esquerpromoción del engaño como nuevo hilo conductor. Pero es imposible encontrar un solo capítulo de las seis temporadas donde el engaño no esté presente. A través de la traición, de la mentira o de una falsa apariencia, el engaño es endémico del true crime. El lunes empezaron con El asesinato de la pandemia, un serial-killer que mataba a personas que vivían en la calle mientras había la orden de confinamiento por la covid. Quizás porque había este componente de intemperie, el programa se recreó hasta la extenuación en un recurso que ya es emblemático de este género: la imagen del dron. En cuarenta y tres minutos de historia se insertaron un mínimo de veintisiete planos cenitales –esta mirada al territorio desde el cielo, a vista de pájaro–. Esto significa que hubo, de media, un plano aéreo cada minuto y medio de relato. Con esta insistencia no es, en ningún caso, una simple cuestión ornamental. Es, sin lugar a dudas, un síntoma. Un recurso visual que nos quiere decir algo.Las imágenes a través del dron elevan la mirada, dan perspectiva y territorializan la historia. El paisaje pasa a tener un papel determinante. En Crims la careta de presentación ya incorpora este recurso en un contexto urbano y nocturno, que lo hace todo más misterioso. Es una manera de decirnos que la ciudad de Barcelona se convierte en una especie de hormiguero casi inescrutable. En el caso de este nuevo capítulo, la mirada aérea se deslizaba también alternando paisajes de naturaleza, que se volvía más agreste vista desde tan arriba. Día y noche se suceden, jugando con la luz y la oscuridad que son el lema de la serie. El verde de los árboles no es sinónimo de esplendor sino una frondosa manta que esconde aquello que estamos buscando. La mayoría de imágenes están siempre atravesadas por carreteras, caminos y vías de ferrocarril. Estas marcas que cruzan el territorio son líneas de fuga. A menudo circula algún vehículo para reforzar la idea. Este plano cenital transmite la sensación de dominio, de poder absoluto. Representa la mirada de un dios, de una entidad superior que observa y controla, un ente desconocido que nos vigila de manera permanente, que sabe lo que desconocemos el resto de mortales. Es una atalaya a la que nadie más puede acceder. Puede crear la falsa apariencia de una observación objetiva, engañosamente neutral, pretendidamente cartográfica. Pero es un planteamiento absolutamente ideológico. También es una mirada deshumanizada, amoral y sin compasión. Proyecta una idea de rastreo, de inspección policial, de observación forense. Todo el paisaje, sin excepción, se convierte en sospechoso. Porque todo el territorio deviene escena potencial de un crimen, un ámbito de delincuencia y secreto. El mapa entero es un escondite.Las imágenes de dron son hipnóticas. Contribuye a ello este movimiento que se desliza suavemente por el espacio. El horror, por tanto, deviene fascinante, agradable de observar. Y esta tensión entre el mal y la belleza es morbosa y adictiva. La ética desaparece en favor de la estética. Pero, sobre todo, nos insiste a la audiencia que somos seres insignificantes, diminutos y vulnerables. Nos recuerda que no somos nada.

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