La vivienda se lleva más de la mitad de los ingresos del 80% de los inquilinos
Un tercio de los arrendatarios se mudaron de piso por motivos económicos, según un informe de Oxfam Intermón
BarcelonaEl gasto de la vivienda es ya un agujero para la inmensa mayoría de la población catalana. Más de un 80% deben dedicar más del 30% de sus ingresos para hacer frente al pago del alquiler y hasta un 36% deben reservar la mitad del sueldo. Este sobreesfuerzo es sensiblemente inferior entre los propietarios con hipoteca pendiente, con porcentajes que representan el 62% y 20%, respectivamente. Son datos del informe La vivienda, cemento de desigualdades, que ha publicado Oxfam Intermón, en el que se incide en que el pago de un techo por vivir se ha incrementado en un 56% desde 2014 sin que esto vaya acompañado de una subida salarial.
El informe dibuja una sociedad en la que la vivienda es el gran factor de la desigualdad social. Y más que por barrios, el desequilibrio lo marca si hay de por medio un alquiler o no. Sólo el 15% de los inquilinos pueden cumplir con las recomendaciones que hace el Banco de España de destinar menos de un tercio de sus ingresos a la vivienda. En cambio, entre los que se enfrentan a una hipoteca, el porcentaje alcanza el 80%. Para la entidad, el alquiler se ha convertido en "la gran trampa", explica Raquel Checa, responsable de cero desigualdad de Oxfam Intermón, ya que la escalada de precios hace que ahorrar sea casi una misión imposible.
En este sentido, Checa indica que entre dos personas con el mismo salario, la que paga hipoteca puede ahorrar, mientras que la que está sujeta a un alquiler "tiene casi una capacidad nula y debe hacer muchas más renuncias" que le impiden mantener un buen nivel de bienestar. Es decir, una vez se hace el esfuerzo de cubrir la mensualidad del alquiler, apenas queda presupuesto para realizar actividades de ocio o culturales, y hay que tener mucho cuidado de no excederse en el día a día para compras básicas. Tampoco se puede ahorrar por adquirir una vivienda. Así, el 60% de los más de 4.000 encuestados para este estudio declaran recurrir a alimentos de oferta o con grandes descuentos y más de la mitad tuvieron que reducir en calzado y vestidos para cumplir con el alquiler. En resumen: el 53% de los inquilinos no logran ahorrar (61% de media en España) y viven por encima de lo económicamente asumible, mientras que el 57% de los propietarios sí pueden ahorrar.
El encarecimiento de los alquileres provoca la expulsión de quienes, una vez llegan las actualizaciones de las cuotas, no pueden hacer frente a incrementos. Del informe se extrae que un tercio de ese grupo de población tuvieron que mudarse por motivos exclusivamente económicos. Son lo que Checa califica de "desahucios invisibles", que afectan sobre todo a los colectivos de jóvenes e inmigrantes.
Más realquiler
De esta forma se explican los datos de retraso de la edad de emancipación juvenil, que ahora se sitúa en los 30 años. El encarecimiento de precios hace que muchos jóvenes tengan que regresar a la casa familiar después de un tiempo de vivir por su cuenta, mientras que entre los extranjeros cada vez están más acostumbrados a condiciones más precarias. Unos y otros deben recurrir al alquiler de habitaciones, un modelo que ofrece menos protección –más abusos– que los alquileres tradicionales y que los propietarios utilizan para saltarse las limitaciones del tope de alquiler que se impone en zonas tensionadas desde hace dos años.
¿Cómo revertir esta situación y evitar hacer más profunda la desigualdad? La entidad apuesta por aumentar la inversión pública en vivienda, sea por construir nuevas promociones sociales –que solo representan el 1,7% del total, muy por debajo de la media europea– o poner en el mercado las más de tres millones de viviendas vacías que se calcula que existen en todo el Estado. Entre otras medidas, Oxfam Intermón apuesta por una reforma fiscal que desincentive la especulación y sepa conjugar la protección del inquilino con precios regulados y la garantía al propietario. La organización advierte que, de no actuar, el modelo actual puede consolidar una sociedad cada vez más dividida entre quien tiene acceso a la propiedad y quien queda atrapado en la precariedad del alquiler.