Artes escénicas

Cierra el Joven Teatro Regina: "El edificio se vende, nos echan"

La sala, dedicada a la programación infantil y familiar, no está protegida como espacio de uso cultural

Trabajadores del Jove Teatre Regina en la puerta de la calle Séneca
Act. hace 1 min
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BarcelonaEl Jove Teatre Regina baja definitivamente el telón. La sala, dedicada al teatro infantil y juvenil desde hace casi cuatro décadas, se ve obligada a cerrar ante la decisión de la propiedad de vender el edificio, situado en la calle de Sèneca, en el barrio de Gràcia de Barcelona. La compañía La Trepa, fundadora de la iniciativa y encargada de gestionar el teatro desde 1988, se queda sin un espacio donde llevar a cabo su proyecto de teatro familiar, que implicaba una programación continuada, funciones escolares y talleres de teatro. "No cerramos por quiebra económica ni por falta de público. Las cosas nos iban bien, pero el edificio se vende y nos echan", lamenta la directora del teatro, Mariona Campos.

La Trepa marcha a contracorriente del Regina y sin tener un nuevo espacio donde desarrollar su actividad, enfocada a garantizar el acceso al teatro para niños y jóvenes con la convicción de que "son el público del presente y la cantera de los espectadores de teatro para adultos", afirma Campos. La directora expresa "dolor, rabia e impotencia" ante una situación "súbita" y que, hoy por hoy, no les ha permitido construir una alternativa. "Es un reflejo de lo que pasa en la ciudad, poco a poco, pero sin parar. El Regina era de los últimos espacios destinados al público familiar autóctono, al ciudadano de Barcelona, a la cultura hecha desde casa y abierta al mundo", dice la directora.

El escenario del teatro.

Durante toda su existencia, La Trepa ha hecho uso del Regina a través de un contrato de alquiler que se acaba ahora. La propiedad les informó en marzo que no les renovaría el contrato porque quería vender el edificio y les dio tres semanas para marcharse. Finalmente, han podido alargar la salida hasta el 15 de julio, cuando el teatro quedará vacío y sin inquilinos. La sala no está protegida para uso cultural, de manera que se podrá destinar a otras finalidades. "Hemos tenido conversaciones con la Generalitat y el Ayuntamiento para evitar el cierre, pero no ha sido posible porque se nos ha empujado a marcharnos de forma muy precipitada. No ha habido margen de maniobra para trabajar con las instituciones. Hemos intentado que el teatro fuera de la sociedad. Finalmente, se ha impuesto el capital", explica Campos.

Una de las posibilidades que hay sobre la mesa es que el teatro pase a manos de Antonio Díaz, conocido artísticamente como El Mago Pop. Poco después de comunicarles que tendrían que marcharse, el equipo del Regina supo que Díaz se había interesado por la sala. "Tuvimos algunas conversaciones, pero vimos que no podíamos coexistir ambos en el mismo espacio. El equipo de El Mago Pop venía a comprar el espacio para explotarlo. Desde entonces no ha habido más comunicaciones", dice la directora. A finales de abril, Díaz emitió un comunicado que confirmaba el interés por el teatro, pero decía que las negociaciones se encontraban en una fase inicial.

Un edificio destinado a la cultura

Durante casi tres décadas, el edificio de la calle Seneca número 22 ha sido un espacio cultural para los niños y jóvenes de la ciudad. Aparte del Jove Teatre Regina, desde 1998 el inmueble acogía en los pisos superiores la escuela de música Joan Llongueres. La propiedad del edificio, de hecho, es parte de la familia Llongueres –aunque el alquiler se gestionaba a través de una de sus empresas, Padobo S.L.— y a lo largo de los años ha tenido la voluntad de destinarlo a la cultura. Con la muerte de Núria Trias Llongueres en 2020, el edificio pasó a manos de sus sobrinos, que han decidido venderlo.

La escuela, que tenía 112 años de historia, cerró el año pasado por "falta de financiación pública, una bajada de alumnos y un aumento de la oferta pública", explicó entonces la directora del centro, Sara Codina. "Cuando liquidaron la escuela, hablamos con la propiedad y nos dijeron que nosotros no debíamos preocuparnos. De repente ha desaparecido todo un edificio pensado para el desarrollo cultural de los niños y jóvenes de la ciudad", señala Campos. La directora reivindica la importancia del proyecto, destaca que han sido "un bastión para la defensa del catalán" y subraya que siempre han tenido vocación de servicio público, a pesar de ser un negocio privado. "No hemos querido solo entretener, sino formar espectadores críticos, sensibles y comprometidos –reivindica Campos–. Hay que dignificar el teatro familiar, tenerlo en cuenta y celebrarlo. No hablamos de él solo cuando ya se ha muerto".

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