Dígitos y trastos

La IA para llevar puesta aún no funciona

Los dispositivos que pretenden sustituir al 'smartphone' por la IA todavía están muy verdes

BarcelonaUn efecto colateral de la fiebre por la inteligencia artificial (IA) generativa es la llegada de nuevos dispositivos basados ​​en esta tecnología, que aspiran a desplazar alsmartphone como medio preferente de interacción con los servicios y contenidos digitales. Desgraciadamente, los primeros aparatos que han salido al mercado muestran muchas limitaciones.

El caso más flagrante de potencial no alcanzado es el AI Pin de la empresa Humane. Este medallón conectado de tamaño casi cuadrado –45 x 48 milímetros– que el usuario lleva en el pecho está equipado con una cámara que puede identificar y tomar fotografías y vídeos –hasta 15 segundos– de lo que tienes delante, un micrófono para escuchar tus órdenes verbales, un altavoz para responderlas y un proyector láser que proyecta sobre la palma de tu mano la información visual (monocromática) que le hayas solicitado, como hora o previsión meteorológica. La superficie delantera del aparato también ejerce de panel táctil para activar algunas funciones. Otros, como agarrar o colgar una llamada o cambiar de pantalla, se hacen con el gesto de pinzar con los dedos índice y pulgar. Pero la mayoría de las operaciones se realizan dialogando con la IA de OpenAI que el aparato lleva integrada. Por ejemplo, cuando estás delante de un restaurante, pedirle que haga una foto y consulte si los usuarios le valoran bien.

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La primera aparición pública del AI Pin fue hace un año, en una charla TED. Imran Chaudhri, uno de los cofundadores de Humane –la otra es su pareja, Bethany Bongiorno, ambos antiguos empleados de Apple durante más de dos décadas– lo utilizó para cosas como llamar a Bongiorno en directo, escuchar música y traducir en tiempo real frases del francés al inglés. Meses después pudimos ver en la Semana de la Moda de París un desfile donde las modelos, Naomi Campbell incluida, llevaban al AI Pin en la solapa. Mientras supimos que Humane llevaba recaudados 250 millones de dólares, aportados por luminarias del sector tecnológico como Marc Benioff, el consejero delegado de Salesforce, y Sam Altman, su homólogo de OpenAI, que apostaban con la cartera por una nueva categoría de dispositivos , supuestamente capaces de sustituir a los smartphones y su modelo tradicional de 'quítame de el bolsillo/bolso, busca el icono de la aplicación, haz clic, escribe lo que quieres hacer/buscar/comprar, espera la respuesta en la pantalla, repítelo hasta que acabes y vuelve a guardarme'.

El problema del AI Pin es que cuando ha salido a la venta se ha visto que no responde a las expectativas. Los especialistas que la han probado en EE.UU. admiten que es más cómoda que un móvil, que la calidad de fabricación del aparato y sus accesorios es buena y que las llamadas en manos libres funcionan, pero, en cambio, no entiende la mitad de las órdenes verbales, se cree en el derecho de censurar lo que dices –aunque sea en broma– si le parece insultante, elige por iniciativa propia el idioma de las traducciones según el país en el que estás, la batería magnética que te pones por dentro de la ropa para enganchar el medallón por fuera se calienta demasiado, y para escuchar música debes abonarte en la plataforma Tidal. Es posible que futuras actualizaciones de software corrijan los defectos actuales, pero algunas críticas han sido tan demoledoras (el youtuber Marcas Brownlee, con 18 millones de seguidores, considera al AI Pin “el peor producto que ha probado hasta ahora”) que el mercado ya le da por muerto y enterrado. Sin duda, el precio ayuda: el AI Pin cuesta 699 dólares, más 24 dólares mensuales por la línea móvil de voz y datos de la operadora T-Mobile, que encima no puede vincularse al número de teléfono que el usuario ya tiene.

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La tendencia acelera

Es posible que los potenciales compradores sean menos exigentes con otros productos más asequibles. Por ejemplo, el Rabbit R1 presentado en la feria CES cuesta 199 dólares, tiene el tamaño de medio smartphone, lleva pantalla de 2,88 pulgadas, cámara y altavoz. Pero en vez de incorporar un LLM (modelo de lenguaje grande) como ChatGPT, utiliza el llamado LAM (modelo de acciones grande) creado específicamente para servir de controlador universal para diversas plataformas de terceros, entrenado previamente de forma manual por saber cómo funcionan, por ejemplo, las principales de música, comida a domicilio, reservas de entradas, turismo, mapas o pedir un taxi.

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Es un modelo similar al que Deutsche Telekom presentó en el reciente MWC de Barcelona, ​​aunque en este caso la operadora no pretende prescindir delsmartphone, sino sólo de las aplicaciones. El aparato, en estado de prototipo, es un teléfono de aspecto convencional, pero la habitual parrilla de iconos ha sido sustituida por una lista de acciones que el usuario puede necesitar.

Mientras tanto, también surgen nuevos aparatos con IA integrada, pero sin ambiciones multifuncionales. El Pendant que la empresa Limitless promete vender por 99 dólares antes de que acabe este año es un colgante que graba el audio de nuestras reuniones, llamadas a clientes, visitas al médico, pensamientos, ideas o recordatorios que queramos anotar sobre la marcha, y después puede transcribirlos o hacerles un resumen en una aplicación móvil que asegura preservar la privacidad.

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En general, los aparatos que parecen tener más futuro a corto plazo son hoy por hoy los más específicos, como las gafas –de aspecto convencional, pero conectadas– Meta Smart Glasses, fruto de la alianza entre Meta Platforms y Ray-Ban. Cuestan unos 350 euros y sirven para escuchar música, atender llamadas, tomar fotos y, claro, publicarlas en las redes sociales. Para más adelante, el alud de trastos con IA no parece tener final. El mencionado Sam Altman de OpenAI se ha aliado con Jony Ive –el mítico diseñador de Apple y confidente de Steve Jobs– para captar hasta 1.000 millones de dólares de la japonesa SoftBank y dedicarlos a lo que califican de “l 'iPhone de la IA”.

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El recorrido de esta categoría incipiente de productos está por ver. Todos los smartphones que llevamos en el bolsillo permiten dialogar con Google Assistant o con Siri (o con mayordomas de terceros como Alexa), pero el uso de esta opción no es general ni mucho menos. Parece poco probable que los usuarios acepten ahora prescindir de su teléfono para pasar a interactuar exclusivamente con una IA. Y los catalanohablantes no debemos olvidar la dimensión de la lengua.