El metaverso de Zuckerberg no podía ir muy lejos sin piernas
Meta apaga Horizon Worlds en RV después de dilapidar más de 83.000 millones de dólares en una apuesta que ya nos pareció dudosa desde el primer día
BarcelonaMark Zuckerberg ha puesto punto final a la versión de realidad virtual de Horizon Worlds, la plataforma que debía ser la puerta de entrada a su metaverso. Lo anunció el martes pasado en los foros oficiales de Meta y con correos electrónicos a los usuarios. No es ninguna sorpresa: es la liquidación formal de un proyecto que llevaba años agonizando y que nunca superó los 300.000 usuarios mensuales activos; una cifra ridícula para una empresa que acoge a 3.000 millones de humanos en sus plataformas.
El cierre será progresivo: el 31 de marzo desaparecerá de la Quest Store y el 15 de junio se borrará definitivamente de los visores, fulminando todos los mundos creados por la comunidad. La versión para móviles continuará funcionando, pero sobrevivir en un mercado dominado por Roblox y Fortnite no parece muy prometedor.
El cambio de nombre, las piernas y otras distracciones
Para entender el fracaso de Horizon Worlds hay que remontarse a octubre de 2021, cuando Zuckerberg presentó pomposamente la rebautizada Meta Platforms y proclamó que el metaverso llegaría "a mil millones de personas". En aquel momento, Facebook e Instagram ya cargaban con una reputación lamentable: escándalos de manipulación política, mal uso de datos personales, inacción ante el acoso de menores. La estrategia era clara: cambiar el nombre de toda la empresa y desviar la atención hacia una visión grandiosa del futuro digital.
Aquí ya apuntamos, aquel noviembre de 2021, que la huida hacia adelante de Facebook tenía tres motores: la crisis de reputación derivada de sus prácticas tóxicas; el envejecimiento de su parque de usuarios –acelerado por el éxito de TikTok–; y la voluntad de escapar de la dependencia de Apple y Google, que dictaban las normas y se llevaban una comisión de cada transacción. En un metaverso propio, Zuckerberg podría aplicar sus reglas sin peajes. Bajo la cobertura de un supuesto futuro tecnológico brillante, el objetivo era el negocio.
Mucha gente se tomó a Zuckerberg al pie de la letra. Decenas de empresas se apresuraron a nombrar "directores de metaverso", y McKinsey aseguraba en 2022 que el metaverso generaría hasta cinco billones de dólares de valor en 2030. Aquel informe ha envejecido fatal: la visión nunca se tradujo en un producto digno de tanta ambición. La imagen que lo resume mejor la filtró inadvertidamente la propia Meta: el Zuckerberg virtual paseándose con la parte inferior del cuerpo inexistente. Los avatares no tenían nada de cintura para abajo. Literalmente, no tenían piernas. Unos meses después, Meta anunció que los dotaría de extremidades inferiores –y reconoció que el vídeo de demostración se había grabado con captura de movimiento convencional, no dentro del metaverso.
En nuestro resumen tecnológico de 2022 escribimos que "el metaverso tiene las piernas muy cortas –de hecho, ni las tiene"–. Casi da pena haberlo acertado tanto.
Las cifras de Horizon Worlds documentan el alcance del fracaso. En febrero de 2022, Meta celebró el pico de la plataforma: 300.000 usuarios activos mensuales. Ocho meses después, documentos internos filtrados al Wall Street Journal mostraban que habían caído por debajo de los 200.000, que la mayoría no volvían después del primer mes y que el 91% de los mundos creados no había recibido nunca más de 50 visitas. A partir de 2023, Meta dejó de publicar cifras. Un youtuber que pasó una semana dentro de la plataforma encontró solo 900 usuarios activos en cualquier momento. Comparemos esto con los 144 millones de usuarios activos diarios de Roblox.
83.500 millones de dólares tirados
La división Reality Labs lleva desde 2020 acumulando pérdidas crecientes sin excepción: más de 83.500 millones de dólares en seis años, contra una facturación acumulada de menos de 12.000 millones –generada principalmente por la venta de visores Quest–. Añadiendo la compra de Oculus en 2014 y otras inversiones previas, la factura total supera los 100.000 millones.
Meta ha podido absorber estas pérdidas gracias a los beneficios de Facebook, Instagram y WhatsApp –83.300 millones en 2025–. Pero cuando Bloomberg filtró en diciembre pasado que la empresa preparaba recortar un 30% el presupuesto del metaverso, las acciones subieron un 4%: el mercado volvía a decirle a Zuckerberg lo que no quería oír.
Hace poco más de dos meses, Meta despidió a 1.500 empleados de Reality Labs –un 10% de la división–, cerró tres estudios de videojuegos, canceló una secuela de Batman y suspendió la aplicación de fitness Supernatural, comprada por 400 millones. El CTO Andrew Bosworth lo resumió en Davos: "La RV crece menos rápidamente de lo que esperábamos."
El golpe de gracia de la IA generativa
En noviembre de 2022, OpenAI lanzó ChatGPT y la industria cambió de golpe. El metaverso, que ya tenía graves problemas de adopción, quedó relegado ante una tecnología que ofrecía resultados inmediatos y rentables. En Meta lo captaron enseguida: en febrero de 2023 publicaron Llama 1, y a final de año las acciones habían subido un 194%. En el tercer trimestre de 2024, los directivos no pronunciaron la palabra "metaverso" ni una sola vez en toda la conferencia de resultados.
El cambio de rumbo es total. Este año, Meta prevé destinar a infraestructura de IA más de 120.000 millones de dólares, prácticamente el doble que el año pasado, y Vishal Shah –el exresponsable del metaverso– dirige ahora la nueva unidad Superintelligence Labs. La IA generativa no ha matado directamente el metaverso porque ya se estaba muriendo solo, pero ha proporcionado a Zuckerberg una narrativa de futuro mucho más convincente y un producto que la gente realmente usa.
El éxito modesto de las gafas conectadas
En medio de tantos fracasos, Meta puede apuntarse un éxito de hardware que nadie habría pronosticado: las gafas conectadas Ray-Ban Meta. La primera generación, en 2021, fue un fiasco, pero la segunda, presentada en 2023, triplicó ventas durante 2025 hasta superar los 7 millones de unidades. La explicación es simple: no piden ningún cambio de comportamiento; basta con llevarlas puestas y hablar con ellas para hacer fotos, escuchar música o dialogar con Meta AI. Ahora bien, las gafas llevan cámaras, micrófonos y altavoces, y Meta no se caracteriza precisamente por su contención a la hora de explotar los datos de los usuarios. En estas páginas hemos ido reseñando las contradicciones de la iniciativa: el rebautizo de Facebook como operación de relaciones públicas; los avatares sin piernas como metáfora de un producto inacabado; los metaversos de consumo como soluciones torpes que buscaban problemas para resolver. En el fondo, el metaverso aspiraba únicamente a crear un entorno cerrado donde Meta pudiera establecer sus normas sin pagar comisiones a Apple y Google, disfrazado de visión del futuro. La IA generativa no es necesariamente más altruista, pero sí infinitamente más útil, y la gente la usa.
El metaverso de Zuckerberg no podía ir muy lejos sin piernas. Y al final, tampoco ha llegado muy lejos con ellas.