La salida de Àngels Barceló de la SER alimenta la teoría de que el grupo está virando hacia la derecha. Hay motivos que lo apoyan. 1) El presidente de Prisa, Joseph Oughourlian, está escarmentado por el intento de motín que le montaron los ejecutivos más cercanos a la Moncloa, cuando querían impulsar una televisión a mayor gloria del PSOE. Barceló, en esta pugna, no se distanció lo suficiente de los rebeldes. 2) Oughourlian le debe una a Sánchez, porque su gobierno maniobró para favorecer un relevo en el consejo de administración del grupo como represalia por haber tumbado aquella Telepedro que no pudo ser. Esto explica, por ejemplo, el endurecimiento de la línea editorial que ha experimentado El País, desde que Jan Martínez Ahrens es su director. 3) Pepa Bueno acabó saltando de El País durante las purgas posteriores al motín y Barceló también salía en esas quinielas. Ahora bien, era más complicado aplicar la guadaña en su caso porque es la radiofonista con más audiencia de toda España: 3,3 millones de oyentes diarios. Poca broma cuando decida hablar.
Dicho esto, las acciones del consejero delegado lo perfilan más como un pragmático que como un sectario. Y, al final, el actual modelo del magazín Hoy por hoy presentaba síntomas de agotamiento, con un Carlos Herrera haciéndole notar el aliento en la nuca desde la Cope. Los oyentes que permitirían recuperar la distancia están más en el centroderecha que en la izquierda de los actuales (ya que estos no tienen muchos medios alternativos). Además, en la memoria está el giro brusco de El País hacia la derecha con Antonio Caño, que enajenó la base histórica de lectores del diario. Por todo esto, dudo que repitan el mismo error con la SER, aunque la frontera entre abrir el medio hacia el centro con el argumento de la estrategia empresarial y hacerle el juego al PP y a Vox –con un ojo puesto también en el postsanchismo– es fina. Muy fina. Peligrosamente fina.