Intentar entender dónde y por qué crece Aliança Catalana
Todas las encuestas publicadas últimamente en Cataluña, también la del diario ARA de principios de mes, coinciden en señalar el crecimiento de Alianza Catalana, un partido independentista y de cariz xenófobo, a costa básicamente de Junts. Este fenómeno representa una novedad dentro de la historia del catalanismo, que ha sido siempre mayoritariamente integrador y no esencialista, y tiene una capacidad de penetración especial en lo que hemos llamado el eje transversal de la extrema derecha, un hilo imaginario que uniría Tortosa con Figueres por el interior del país. Por eso hemos querido visitar estas ciudades, junto con Balaguer, Manresa, Vic y Ripoll, para intentar entender cuáles son los factores que explican el crecimiento de este voto.
Analizando los resultados de 2023 y 2024, el politólogo Jordi Muñoz llega a una conclusión que resulta sorprendente. No hay una correlación directa entre porcentaje de población extranjera y voto a AC, a pesar de que el discurso de Sílvia Orriols es básicamente antiinmigración. En cambio, hay otros factores que tienen mucho más peso. Por ejemplo la caída del apoyo a los partidos independentistas que dirigieron el Procés, es decir, Junts, ERC y la CUP. Hay, pues, un voto que bebe claramente de la frustración provocada por el resultado del Procés y la mala gestión de las expectativas que hicieron los políticos que entonces estaban en primera línea.
Hay otra correlación que sí llama la atención, y es la que relaciona el voto carlista en el período 1890-1924 con el apoyo actual a Aliança Catalana. El carlismo también fue un movimiento básicamente antimoderno que aspiraba a parar el reloj en un momento de grandes cambios, un poco como hace ahora el partido de Sílvia Orriols cuando apela a un pasado más o menos mítico donde todo era como debía ser. Como señala Muñoz, es como si hubiera un hilo subterráneo histórico que, después de quedar encuadrado en el nacionalismo conservador durante el siglo XX y XXI, fuera con la Lliga, CiU o Junts, ahora hubiera vuelto a emerger.
En todo caso, este eje transversal sí tiene algunas características comunes. Se trata en general de ciudades medianas con centros históricos degradados y económicamente dependientes de sectores que necesitan mano de obra extranjera poco cualificada. La llegada en poco tiempo de contingentes de población extranjera ha cambiado el paisaje de muchas barriadas y ha originado episodios de tensiones, aunque en ningún caso hablamos de situaciones graves. La política, sin embargo, se basa principalmente en percepciones, y la extrema derecha es especialista en extender y explotar la sensación de inseguridad.
Todo ello representa un reto inmenso para los actuales equipos municipales a solo un año de las elecciones. La previsión es que allí donde Aliança Catalana sacó un 10% hace tres años ahora doble los resultados. Y en el resto del territorio escale hasta porcentajes próximos al 15% en función también de los candidatos que presente. La Generalitat debería poner el foco en este eje transversal catalán y evitar que crezca el malestar. Antes de que sea demasiado tarde.