Trump, humillado por los iraníes y por Netanyahu
BarcelonaLa decisión de iniciar una guerra con Irán de la mano de Israel el 28 de febrero está resultando una auténtica ratonera para Donald Trump, que más de 100 días después aún no ha encontrado una salida. Lejos de la rapidez y el éxito militar que supuso el secuestro de Nicolás Maduro en Venezuela, el régimen de los ayatolás ha demostrado ser un adversario mucho más temible y con capacidad para regenerarse de los golpes recibidos.
En un primer momento, Trump fue humillado por los iraníes cuando estos bloquearon el estrecho de Ormuz y se demostró que los Estados Unidos no tenían capacidad para reabrirlo. Esto llevó a Washington a detener los ataques e iniciar conversaciones con Teherán, una decisión que no agradó nada a Benjamin Netanyahu, partidario de la guerra total contra Irán y sus aliados, como Hezbolá. Trump forzó también a Tel Aviv a detener los ataques, pero poco a poco Netanyahu, que tiene elecciones en octubre, los ha ido reactivando por su cuenta en el Líbano, poniendo en peligro las conversaciones entre Washington y Teherán.
La tensión entre ambos estalló la semana pasada en una conversación por teléfono en la que Trump le espetó a Netanyahu perlas como "estás loco", "si no fuera por mí estarías en la cárcel" y "todo el mundo te odia". Pero estos insultos, como era de esperar, no han servido de nada. En las últimas horas Netanyahu ha continuado bombardeando el sur del Líbano, lo que deja a Trump en evidencia. El presidente de los Estados Unidos, pues, ha sufrido una doble humillación en esta guerra.
El problema para Trump es que dentro mismo de los Estados Unidos crece la opinión de que se ha convertido en una marioneta de Israel y que no tiene suficiente valor para hacer entrar en razón a Netanyahu. Esto es letal para la imagen de Trump, que se basa en proyectarse él mismo como un macho alfa al que nadie osa contradecir. En Oriente Medio, sin embargo, Trump se ha encontrado con que no puede hacer lo que quiera y que tanto sus enemigos como sus teóricos aliados actúan sin pedirle permiso. Todo el relato trumpista pende de un hilo ahora mismo en el golfo Pérsico.
La cuestión es hasta cuándo podrá resistir Trump tanto la actitud desafiante de Netanyahu como el bloqueo de Ormuz, dos cuestiones que están laminando su credibilidad en los Estados Unidos y restando posibilidades a los candidatos republicanos que en noviembre optarán a un escaño en el Senado o en la Cámara de Representantes. Un acuerdo con Teherán muy diferente del que consiguió Obama en su día, y que él revocó, parece difícil, ya que los iraníes consideran que tienen una posición de fuerza. Y la alternativa de reactivar la guerra tampoco parece una opción atractiva para un presidente que prometió que haría exactamente lo contrario. La opción de romper con Israel todavía parece más lejana, ya que la alianza con los sectores sionistas y ultraderechistas es estratégica para el movimiento MAGA. La conclusión es que Trump cometió un error catastrófico para sus propios intereses.