Diseño

Del lápiz Stabilo a la IA: la evolución del diseño a través de tres generaciones

María José Alier, Joan Botey Alier y Joan Botey Durich estudiaron en Elisava en contextos muy diferentes

Joan Botey Alier, María José Alier y Joan Botey Durich en Elisava.
Avril Pardos Casado
04/07/2026
5 min

BarcelonaCuando María José Alier cruzó por primera vez las puertas de Elisava, en el año 1961, el diseño era todavía una disciplina emergente en Cataluña. La escuela acababa de nacer, las aulas estaban formadas exclusivamente por mujeres y solo existía una especialidad: interiorismo. Sesenta y cinco años después, Elisava celebra su aniversario convertida en un centro universitario internacional con decenas de especializaciones y estudiantes llegados de todo el mundo. La trayectoria de la familia Alier-Botey permite explicar, casi como si se tratara de una línea del tiempo, cómo ha evolucionado el diseño a lo largo de estas décadas.

María José Alier formó parte de la primera promoción de la escuela y trabajó con Federico Correa y Alfonso Milà, después se especializó en la restauración de masías catalanas. Su hijo, Joan Botey Alier, estudió diseño de producto en los años ochenta y posteriormente fundó Botey Produccions, empresa especializada en espacios efímeros responsable, entre otros, de la exposición itinerante sobre el legado de Salvador Dalí que ha viajado a Madrid, Brasil, México o Barcelona. El nieto, Joan Botey Durich, graduado en 2023, representa una nueva generación de profesionales formados en un contexto marcado por la digitalización, la sostenibilidad y la irrupción de la inteligencia artificial. Tres generaciones, tres contextos históricos y una misma vocación: entender el diseño como una herramienta para mejorar la vida de las personas.

Joan Botey Durich, María José Alier y Joan Botey Alier en Elisava.

La evolución de Elisava es también la historia de la transformación del diseño en Cataluña. Cuando María José Alier comenzó allí sus estudios, la escuela era un proyecto modesto. "Éramos siete chicas que estudiábamos interiorismo y catorce que hacían grafismo", recuerda. El espacio era reducido, pero el entusiasmo del profesorado suplía cualquier carencia. Aquellos primeros maestros, un listado que llama la atención por incluir figuras como Maria Girona, Xavier Miserachs, Miguel Milà, Xavier Rubert de Ventós, Lluís Cantallops, Albert Ràfols-Casamada, Alexandre Cirici, Federico Correa o Josep Maria Subirachs, marcaron profundamente la manera como Alier entendía la profesión.

Con el paso de los años, la escuela ha crecido exponencialmente, como lo ha hecho también el sector. Joan Botey Alier vivió una etapa intermedia, con tres especialidades diferenciadas —gráfica, interiores y producto— y una escuela todavía de dimensiones reducidas. Hoy, en cambio, la oferta formativa se ha multiplicado. "De un mismo grado te acaban saliendo trabajos y ámbitos muy diferentes, y eso es muy positivo", explica su hijo, que destaca la aparición de nuevos perfiles profesionales vinculados a los materiales, los procesos o la sostenibilidad.

El cambio también se ha producido en los referentes. Si para María José Alier nombres como Federico Correa, Alfonso Milà o José Antonio Coderch eran figuras incuestionables, las nuevas generaciones combinan los grandes maestros del diseño catalán con estudios contemporáneos y creadores multidisciplinares. Sin embargo, hay principios que han devenido inalterables. "El usuario es el centro de todo lo que pensamos", resume Joan Botey Alier, sintetizando una filosofía que se ha consolidado durante las últimas décadas.

Si hay un elemento que simboliza mejor que ningún otro la transformación del diseño son las herramientas. María José Alier aún conserva sus lápices Stabilocon los que dibujaba perspectivas a mano cuando estudiaba en Elisava. "Nos daban un lápiz, una regla, un cartabón y hacíamos todas las perspectivas en papel", explica. Cada error obligaba a empezar de nuevo y cualquier modificación suponía horas de trabajo. Cuando Joan Botey Alier se graduó, a principios de los noventa, los ordenadores aún no habían entrado plenamente en las aulas. "Salí de la escuela sin haber utilizado ningún programa de dibujo digital", recuerda.

Una regla T y otras herramientas de dibujo utilizadas para el diseño a mano en una imagen de archivo.
Ordenadores en una imagen de archivo.

Hoy en día, la realidad es radicalmente diferente: existen herramientas como Photoshop, InDesign, Illustrator o KeyShot, que ayudan al diseñador a crear imágenes más realistas sobre el producto. El software de modelado tridimensional, los renders hiperrealistas y las simulaciones digitales forman parte del día a día de los profesionales. Y a esta revolución tecnológica se ha añadido recientemente la inteligencia artificial. Para Joan Botey Durich, la IA ha llegado "como un cambio muy heavy", pero no sustituirá a los diseñadores. "Puede hacer las cosas muy bonitas, pero no habrá una persona detrás que piense si aquello es cómodo o práctico", afirma. Tanto él como su padre coinciden en que la IA se ha convertido en una herramienta más para generar imágenes, presentar proyectos o mejorar visualizaciones, pero insisten en que la tarea esencial del diseñador continúa siendo analizar necesidades, entender a los usuarios y transformar ideas en objetos o espacios reales. "No todo es una imagen o un render; se ha de poder producir, se ha de pensar en los materiales y en la sostenibilidad", defiende el joven diseñador.

El diseño regenerativo

Precisamente, la sostenibilidad aparece como uno de los grandes retos del futuro. Si durante décadas el diseño se centró principalmente en facilitar la vida de las personas, ahora la profesión está llamada a dar respuesta a desafíos globales. En Botey Producciones, esta preocupación ya forma parte del proceso creativo. Joan Botey Alier explica que trabajan con materiales económicos y sostenibles para construir espacios efímeros que puedan desmontarse y reutilizarse sin convertirse en residuos. Su hijo va aún más allá y considera que el diseño no solo debe ser sostenible, sino también "regenerativo" y especialmente sensible a las personas y al medio ambiente.

A pesar de los profundos cambios tecnológicos y sociales, las tres generaciones comparten una mirada optimista sobre el futuro de la profesión. "Siempre podremos mejorar los espacios y los productos para que las personas se encuentren más a gusto", afirma Joan Botey Alier. La pandemia, recuerda, demostró la capacidad de adaptación de los diseñadores, capaces de reinventarse y crear congresos virtuales cuando las ferias presenciales desaparecieron de repente.

Sesenta y cinco años después de su fundación, Elisava continúa siendo testigo privilegiado de la evolución del diseño. De las reglas T y los dibujos a mano a los renders generados con inteligencia artificial; de un aula formada por siete estudiantes a una comunidad internacional; de una única especialidad a un universo de disciplinas. La historia de la familia Botey-Alier demuestra que, más allá de las herramientas y las tendencias, la esencia del diseño continúa siendo la misma: observar el mundo, entender las necesidades de las personas e imaginar maneras de vivir mejor.

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