Presión estética y sexualidad: ¿cómo nos afecta en la cama?
A menudo en consulta me encuentro con una idea que se repite mucho más de lo que nos gustaría: personas, sobre todo chicas, que explican que durante el sexo “se ven desde fuera”. Como si, en lugar de vivir la experiencia, estuvieran observándose en tercera persona, pendientes de cómo se mueven, de si lo están haciendo bien, de cómo se ve su cuerpo, de la luz, de la postura. Esto tiene un nombre: spectatoring, o efecto espectador.
Y es que realmente, me parece natural que esto pase entendiendo el contexto de presión estética en el que nos encontramos, y más ahora en la era digital y con el acceso a la pornografía de una manera tan cotidiana. Durante años hemos crecido bajo unos cánones de belleza muy concretos y, sobre todo, muy estrictos. Cuerpos normativos, sexualidad “estética”, vulvas “Barbie”, movimientos que parecen sacados de una escena idealizada, mucha performance, etc. A esto se suma una sociedad hipersexualizada, en la que el sexo se muestra mucho, pero a menudo desconectado del placer real y de la vivencia interna.
¿Y qué pasa? Pues que esto muchas veces afecta directamente la manera como practicamos sexo. Es más, afecta nuestro disfrute, porque ¿cómo podemos disfrutar del sexo si nos sentimos constantemente examinadas?
El resultado es que muchas personas llegan a la cama con una mirada internalizada que no es propia, sino aprendida: la mirada del juicio, de la comparación, de la exigencia. Y esta mirada activa el cuerpo en modo alerta, que sería lo contrario del modo placer, y esto nos aleja de la capacidad de disfrutar. Es muy difícil excitarse, conectar o dejarse llevar cuando una parte de ti está pendiente de si “lo estás haciendo bien” o de si “te estás viendo lo suficientemente bien”.
Recuperar el placer pasa, en parte, por desactivar este observador interno. Por volver al cuerpo, a las sensaciones, al momento presente.