Laura del Pino: "La música jamaicana fue mi puerta de entrada a las canciones de los años sesenta"
Laura del Pino es la cantante de La Rauxa, un grupo que recupera la música de los años sesenta en catalán
De entrada, parecería que hacer música de los años sesenta habiendo nacido en los noventa es imposible. O, como mínimo, que estás destinado a rascar su superficie, creando una imitación tras otra de lo que fue este estilo en un pasado. Pues bien, Laura del Pino (Sant Boi de Llobregat, 1996), cantante del grupo La Rauxa, es el ejemplo vivo de que las nuevas generaciones no solo pueden transmitir la esencia festiva y alocada de este género, sino que también pueden cargar a sus espaldas su historia y conectarla con los problemas políticos y sociales de hoy en día. "Es un género festivo y con mucha energía, una música para hacer tejido, y para juntarse a bailar con los vecinos y vecinas en la plaza o en los antiguos toldos", resume la cantante.
Del Pino cree que este estilo quedó "al margen" en Cataluña porque coincidió con el nacimiento de movimientos artísticos como La Nova Cançó, a finales del franquismo. "Era lo que tocaba por el momento histórico y de lucha en el que estábamos, pero también había mucha gente que estaba haciendo música en catalán y haciendo apología del tiempo libre y la fiesta", recalca la cantante. "Para mí, esto también era una lucha necesaria que no se puso nunca en el centro, y que a nosotros –La Rauxa– siempre nos ha gustado mucho reivindicar", insiste.
Tanto la cantante como los nueve integrantes de La Rauxa no dudan en abrazar la vertiente más juguetona de la música de los años sesenta y explotarla en los escenarios, pero, siempre con el catalán como eje vertebrador, con perspectiva de clase y reivindicando las grandes personalidades de la literatura catalana. "Lo hacemos así porque también tenemos un posicionamiento político; queremos ofrecer un espacio de divulgación en el escenario para reivindicar figuras como Pau Riba, Jaume Sisa o Maria Aurèlia Capmany, que a menudo inspiran las letras de nuestras canciones", afirma.
El amor de la cantante por el género no viene de la nada. Del Pino entró en el mundo de la música gracias a sus padres, que le enseñaron los primeros acordes de guitarra y la apuntaron a la Escola de Música Municipal de Sant Boi para aprender a tocar el violín. Pero, sobre todo, la animaron a dedicarse al sector musical sin prejuicios ni prohibiciones. “Son mis primeros referentes, porque siempre me han acompañado y nunca me impidieron estudiar música”, dice la santboiana.
Del Pino sentó las bases de su educación musical entre partituras y notas del género clásico, pero pronto empezó a experimentar con otros estilos alejados del ojo público, como la música jamaicana. “Este fue mi primer contacto con la música underground, y fue mi puerta de entrada a las canciones de los años sesenta”, recalca. Desde entonces, no ha parado de investigar con la ayuda de algunos de sus cronistas actuales, como el periodista Òscar Dalmau –con la edición de los discos Pop a la Catalana–, el acordeonista y activista del folk y pop catalán Carles Belda o el músico Pau Llop, que a menudo reivindica la imagen y el sonido de la música catalana de esa década.
La aportación de la cantante y La Rauxa al género es hacer una música que se mantenga fiel a sus orígenes y que no se acabe convirtiendo en un “producto” ni tenga "que encajar en los cánones". Uno de los objetivos de La Rauxa es, de hecho, que sea un lugar de encuentro para todos, tanto para los "puristas" del género como para los que lo descubren por primera vez. "Cuanta más gente venga a pasarlo bien, mejor", concluye.