Van Morrison hace lo que le da la gana
El blues del último disco dominó el debut del cantante norirlandés en el Festival de Jazz de Barcelona
- Festival de Jazz de Barcelona. Auditori del Fòrum. 3 de julio de 2026.
¿Qué te motiva a seguir tocando cuando eres Van Morrison y ya tienes 80 años? Si hacemos caso al concierto de ayer en el Auditori del Fòrum, parece que el motor del León de Belfast es el blues, que ya era uno de los colores fundamentales de la música de Morrison desde los tiempos de Them. En su debut en el Festival de Jazz de Barcelona, el repertorio del músico norirlandés se tiñó de blues eléctrico de Chicago y rhythm & blues, en sintonía con su último trabajo discográfico, Somebody tried to sell me a bridge (2026).
Los Rolling Stones, compañeros de generación con quienes comparte raíces musicales en el Delta del Misisipi, también publicaron hace una década un disco de versiones de blues (Blue and lonesome, 2016), pero en la gira de vuelta a duras penas tocaban alguna canción del disco; en cambio, ayer, Morrison inició el concierto con cinco temas del último disco: versiones de John Lee Hooker (Deep blue sea), Eddie Vinson (Kidney stew), B.B. King (Rock me baby), Junior Wells (Snatch it back and hold it) y Marie Adams (Play the honky tonks). Blues intenso y sabroso interpretado por un sexteto de músicos excelentes que a las tres canciones se convirtió en octeto con la llegada de dos vientos.
Morrison canta y alterna el saxo alto con la armónica, y continúa siendo un maestro de los tres instrumentos, especialmente de la voz, todavía sublime. Pero un concierto como el de ayer, con tanto protagonismo para los músicos, permitía apreciar más que nunca el sonido crudo y abrasador que extrae de la armónica y el saxo. Incluso cuando recuperó la cálida Little village del What’s wrong with this picture (2003) su solo de saxo era de una sonoridad abrupta, casi violenta; Van Morrison dejó atrás la pantalla del virtuosismo hace muchos años y ya solo persigue la emoción.
En el repertorio también ocupó un espacio importante el penúltimo disco de Morrison, el notable Remembering now, del 2025, pero contagiado de la dinámica blues de la noche y, por tanto, lleno de espacio para los solos y el lucimiento instrumental. De hecho, no fue un concierto que el público recordará por la interpretación de esta canción o de aquella otra –a pesar de recuperaciones celebradas del catálogo de Morrison de los años 80 como Tore down a la Rimbaud y Foreign widow– sino por momentos de comunión e intensidad entre la banda y un cantante más animado que en visitas anteriores. Solo hacía falta verlo golpeando la pandereta o dirigiendo los aplausos del público a Going back to Geneva.
En el tramo final, eso sí, cayó un clásico moderno del repertorio como Real real gone y la aclamada Moondance, pero con un arreglo sorprendente de ritmos rotos próximo al jazz latino. Con más de seis décadas de carrera, Morrison transpira una libertad musical absoluta que pasa por encima de las expectativas del público o de servidumbres a su cancionero. El León de Belfast hace lo que le da la gana, y ahora le ha apetecido convertir sus conciertos en un club de blues electrizante. El final obligado con la inmortal Glòria no tuvo regusto de peaje sino a culminación natural de una larga relación de amor con la música del demonio, que tomó una inesperada deriva jazz cuando Morrison abandonó el escenario – con un "Thank you, muchas gracias", menos esquivo de lo habitual– y sus músicos siguieron improvisando bien 10 minutos, sin prisa por acabar el concierto.