Materia Primera

El científico que descubrió por qué Copito de Nieve era albino

Tomàs Marquès Bonet es catedrático del departamento de medicina y ciencias de la vida de la Universidad Pompeu Fabra

Tomás Marques delante del Instituto de Biología Evolutiva
27/07/2026 - 07:03 h.
3 min

En el laboratorio de Tomàs Marquès Bonet conviven toda clase de monos y de primates. Algunos son humanos; otros están hechos con piezas de Lego, en origami, de madera, de ganchillo, de plástico, y se cuelgan entre estanterías y ordenadores llenos del código que contiene la esencia de la vida. Desde un rincón, el Floquet de Neu, un accidente único en la naturaleza, observa la escena, atento, y concentra, mejor que cualquier artículo científico, la historia de su propietario, este investigador Icrea, profesor y catedrático de la Universitat Pompeu Fabra.

Al fin y al cabo, la vida se escribe a base de accidentes. Mutaciones que aparecen por azar, como la que despojó al gorila de color. Y encuentros y decisiones y desviaciones que van modelando una vocación. Esto Marquès Bonet lo sabe bien.

Su padre atizó en él la curiosidad por la naturaleza. Después, en el instituto, la fortuna quiso que tuviera un profesor de matemáticas que además de enseñar ecuaciones era también uno de los grandes especialistas mundiales en ecología de murciélagos, Jordi Serra Cobo. Con 15 años, Marquès Bonet ya lo acompañaba a hacer censos. Y a los 16 recorrió todo un verano, solo y sin móvil, el Pirineo aragonés buscando la rana pirenaica, descubierta por Serra Cobo y uno de los últimos vertebrados descritos en la Península, hoy todavía en peligro de extinción.

Otro accidente de la vida: después de estudiar biología, Marquès acabó en IBM, programando, hasta que un día, años después, un amigo le habló de una plaza en la Universitat Pompeu Fabra para combinar la docencia práctica en zoología y hacer un doctorado computacional comparando el genoma humano con el del chimpancé. La bota y la bata. "No había mucha gente que encajara en un perfil tan raro", recuerda. Se presentó, y el resto, de nuevo, vuelve a ser una sucesión de accidentes.

El primero, con nombre propio: Copito de Nieve. El laboratorio de Marquès identificó que era blanco por una mutación no muy habitual en el albinismo y que, además, era hijo de tío y sobrina, un caso excepcional de consanguinidad en estos gorilas. Aquel estudio situó a Marquès en el mapa internacional de la investigación en genómica de primates, pero sobre todo le permitió aprender a secuenciar y leer genomas de primates. Gracias a esto pudieron hacer el primer catálogo de mutaciones que diferencian a los humanos del resto de grandes simios.

“Secuenciamos el genoma completo de más de la mitad de especies de primates del mundo. Y esto nos permitió arrojar luz sobre cuestiones de biomedicina, de evolución humana y de enfermedades como el cáncer. Los grandes simios pueden ser animales modelo excelentes para intentar comprender mejor las enfermedades humanas”, afirma este investigador.

Tomàs Marquès, investigador Icrea y catedrático de la UPF, sostiene una reproducción de Floquet de Neu de cuando era pequeño

Y, casi sin buscarlo, una nueva derivada. Sus estudios de primates provocaron que de todo el mundo comenzaran a pedirle si sería capaz de identificar el lugar de procedencia de primates incautados del tráfico ilegal. Hoy el laboratorio de Marquès es el único en el mundo capaz de geolocalizar grandes simios –de momento sobre todo chimpancés y gorilas– con tanta precisión que puede identificar el país de origen, y hasta el parque natural, de donde han sido extraídos. “Nos hemos convertido en una especie de CSI forense de la vida salvaje”, dice con orgullo.

Ahora espera reconstruir un mapa de las rutas de tráfico ilegal entre África y Asia para proteger estas especies y provocar acciones a escala política y social. “Como pasó con los gorilas de montaña, si las poblaciones locales ven que les aporta más beneficios protegerlos que matarlos o traficar con ellos quizá todavía estemos a tiempo de construir un futuro diferente para los grandes simios”, dice este biólogo evolutivo, que transpira pasión y entusiasmo por los cuatro costados.

En su despacho, Copito de Nieve continúa impasible, recuerdo de un descubrimiento científico y prueba de que, a veces, una mutación extraordinaria puede acabar cambiando muchas historias.

stats