Música

Morrissey, el genio malhumorado y bocazas que nos emocionará hasta que nos muramos

El británico aprueba el directo de su último álbum gracias a los clásicos de siempre, en el último concierto del primer Barts Festival en el Poble Espanyol

Una imagen del concierto de Morrissey en Barcelona
26/07/2026 - 11:32 h.
4 min

BarcelonaEn poco más de una década, Morrissey ha pasado de tocar en el Palau Sant Jordi, y que su visita fuera todo un acontecimiento, a hacerlo en el Poble Espanyol y que no tenga demasiada relevancia cultural. Hoy en día, todo el mundo conoce los motivos por los que ha sucedido: este viejo cascarrabias ya no hace discos especialmente buenos y sobre todo se empecina, día sí, día también, en comportarse como un auténtico cretino, ya sea bordeando (o sobrepasando, directamente) líneas rojas con el racismo o cancelando conciertos a diestro y siniestro. Pero las canciones, ¡ay!, las canciones siguen ahí, intactas, apoteósicas. Así que cuando Morrissey, el líder de los Smiths, el gran cantante pop inglés de los ochenta, toca corneta, siempre tiene una parroquia dispuesta a escucharlo una vez más.

Vestido de negro, desabotonado y rodeado de flores, una costumbre que mantiene desde los Smiths, Steven Patrick Morrissey fue el encargado de cerrar, este sábado, la primera edición del Barts Festival. Una despedida de lujo para un festival de nueva creación y que ha sumado 68.000 asistentes. Pero también hay que reconocerle cierta mala suerte: el británico venía a presentar uno de los discos más irregulares —o directamente malos de su larga trayectoria. Make-up is a lie es un elepé anodino y repetitivo, un trabajo que dentro de poco nadie recordará dentro de un catálogo rebosante de himnos.

El concierto comenzó exhibiendo músculo con Billy Budd, una canción de guitarras poderosas que ha ido apareciendo y desapareciendo de sus directos. Siempre dado a las sorpresas, la de ayer fue The Youngest Was the Most Loved, rompiendo una tendencia que le funciona muy bien: cuando uno tiene tantos discos, con que haga la mejor de cada uno ya tira. Ayer le pasó con dos canciones buenísimas, I'm Throwing My Arms Around Paris y First of the Gang to Die, tema estrella de You Are the Quarry, de 2004, quizás uno de los últimos grandes álbumes de Morrissey. Cuando sonó, el público despertó después de un primer momento un poco adormilado. Y eso que ya había caído una de los Smiths, A Rush and a Push and the Land Is Ours.

"El mundo se ha acabado, todo se ha acabado", dijo Morrissey, gruñón, sobre el escenario. Acertará con lo que diga o cante, pero su voz sigue tan bien como siempre: han pasado 40 años y aún brilla por encima de todo. Este señor se irá haciendo las mejores melodías del mundo, y cantándolas aún mejor. Algunas baladas de sábado, como Kerching Kerching —la más exitosa con diferencia de las cinco que sonaron del álbum— o Now My Heart Is Full, fueron emocionantes y transparentes, entonadas con la misma suavidad de siempre.

La lluvia dio alas al concierto

Después de una primera parte de concierto áspera, dos elementos entraron en escena, y a la vez, para cambiar la tendencia: la lluvia hizo acto de presencia justo en el momento idóneo, cuando sonaba How Soon Is Now?, viejo hit de los Smiths. Ya fuera magia o un golpe de suerte, la épica del momento dio alas al show, que encaró la segunda parte con mucho más punch. Y mientras los fans aguantaban el aguacero de verano, el cantante de Manchester disparó sus mejores armas, moviéndose con carisma sobre el escenario como si allí no pasara nada. Como si aquellos relámpagos, que emergían detrás del escenario, no existieran. Y existían, pero daba igual, porque entonces sonaba la bellísima Everyday Is Like Sunday y el resto no importaba.

El final del recital vino introducido por una profecía: “Este será el himno nacional de España”, dijo antes de embarcarse en The Bullfighter Dies, que no había hecho en toda la gira, y se acompañaba de crueles imágenes de corridas de toros. No es casualidad que estas imágenes aparezcan en sus conciertos en el Estado, ya que Moz ha enviado una carta a Pedro Sánchez para pedir que se acaben de una vez. Por cierto, como siempre, ni rastro de comida animal en todo el recinto: los guardias de seguridad se hartaron de abrir bocadillos de los asistentes para comprobar que no entrara ningún fuet, tocino, jamón o cualquier otro embutido.

Después de hablar mal contra los gobiernos, así en general, Morrissey cerró la noche con su primer gran éxito en solitario, Suedehead, y las dos piezas con las que ha concluido los shows últimamente: Irish Blood, English Heart y Jack the Ripper. Un concierto, en definitiva, que sin cambiar la vida de sus seguidores más fieles, dejó momentos de genialidad marca de la casa. Todo ello concluyó con There Is a Light That Never Goes Out. Hay poca cosa que decir de esta maravilla: es una de las mejores canciones y de las más emocionantes que jamás ha escrito el ser humano.

Y así es Morrissey, el malhumorado y bocazas que nos emocionará hasta que nos muramos. Y hacerlo escuchándolo a él, como dice la canción, "será un placer". Los contrastes, que en un buen y un mal sentido son su marca personal, también se aplican a los conciertos. En todo caso, queda claro que, acierte más o menos el repertorio, nadie le reprochará nunca su actitud encima del escenario. Allí es un genio casi incomparable. Abajo, ya es otra cosa.

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