Editorial

El reto de los incendios en pleno cambio climático

Vista de los trabajos de extinción del incendio desde la urbanización las Cabanyes de Calonge
04/07/2026
2 min

BarcelonaApenas hemos comenzado julio y Cataluña ya ha vivido dos episodios de calor intenso (el segundo se alargará hasta el miércoles), lo que ha convertido la masa forestal en un polvorín. En este contexto, incendios como el de La Bisbal d'Empordà, que amenaza todo el espacio protegido de Les Gavarres y ha obligado a confinar varias poblaciones del Empordà, forman parte, lamentablemente, de una nueva normalidad a la que hay que hacer frente. Que el origen haya sido unos trabajos con una radial o cualquier otra actividad humana no es lo importante, ya que siempre puede haber accidentes, sino de qué manera podemos gestionar el territorio en tiempos de cambio climático para evitar que estos fuegos de nueva generación arrasen parajes naturales y pongan en peligro vidas humanas.

Hace un poco menos de un año ARA entrevistó al inspector jefe del Grupo de Refuerzo de Actuaciones Forestales (GRAF), Marc Castellnou, uno de los principales expertos mundiales en incendios. Castellnou ya nos advertía entonces que antes "teníamos un sistema de extinción potente que podía controlar los incendios hasta que la atmósfera ha empezado a cambiar" a causa del cambio climático. Y que por tanto, ahora ya no es tan importante el sistema de extinción como la gestión del territorio. En este sentido, y ante lo que estamos viendo en el Empordà, sus palabras resultan proféticas: "El país ha permitido estructuras de territorio contando que el sistema de extinción era suficiente para protegerlo. Pero el cambio climático ha puesto sobre la mesa que no es suficiente".

Ante esta nueva realidad, pues, lo que se impone es un cambio total de paradigma, en el que la planificación territorial debe pasar por encima de cualquier otra consideración. Y esto, en un territorio de orografía irregular y muchos bosques como es Cataluña, con un peso preponderante la propiedad privada, no resulta nada fácil de gestionar. Pero debemos asumir que difícilmente los campos abandonados que ahora son masa forestal se volverán a cultivar y, por tanto, lo que hace falta es poner recursos, públicos pero también privados, para disminuir al máximo el peligro que representan estos incendios de nueva generación, que son literalmente imposibles de extinguir en un primer momento porque superan todas las capacidades de los Bomberos.

La proliferación de urbanizaciones y casas diseminadas también debería abordarse en este nuevo contexto. Todos tenemos en mente las imágenes de megaincendios como el de California o el de Grecia del año pasado, que destruyeron zonas urbanas enteras. Del mismo modo que desgracias como la DANA de Valencia han hecho replantear la planificación urbanística en zonas inundables, los incendios deberían ser una variable clave. En este sentido, Castellnou advertía del peligro que supone tener una zona boscosa como Collserola en medio del área metropolitana de Barcelona.

Ahora hay que concentrar todos los esfuerzos en la extinción del fuego de les Gavarres. Pero al día siguiente habrá que sentarse con los expertos y ponerse manos a la obra para gestionar un problema que ahora ya sabemos que será recurrente en el futuro.

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