Olas de calor, ¿una nueva normalidad?
BarcelonaEste viernes se vivirá el pico de la enésima ola de calor del verano, con unas temperaturas asfixiantes a las que lamentablemente habrá que acostumbrarse, porque van camino de convertirse en una nueva normalidad. Las noches tropicales –por encima de los 25 grados–, que antes eran excepcionales, ahora son habituales en muchas ciudades del Mediterráneo, y se empiezan a sentir con fuerza en el norte de Europa, donde hasta ahora eran inimaginables. En este contexto, resultan especialmente interesantes los datos que contiene el Atlas de vulnerabilidad al calor, un estudio que calcula las necesidades de las principales ciudades españolas en un escenario de aumento de las temperaturas. El estudio identifica variables como la calidad del parque de viviendas, la renta per cápita o el urbanismo y la vegetación para marcar la diferencia entre ciudades más preparadas para hacer frente a las olas de calor y otras más expuestas a sus riesgos.
"Estamos haciendo edificios para un clima que ya no existe", asegura contundente Pablo Martínez, arquitecto y uno de los autores del estudio, elaborado junto con el departamento de ciencias de la tierra del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). Gracias a diferentes simulaciones, y con datos climáticos que provienen del proyecto europeo Impetus4Change, los científicos calculan que el número de días con olas de calor se triplicará de media en 2050 respecto al año 2000. Al mismo tiempo, la necesidad de refrigeración de las viviendas aumentará un 65%. Y aquí es donde hay las diferencias más grandes entre ciudades y regiones.
Por ejemplo, en el caso concreto de Cataluña, las zonas que más sufrirán los efectos de las olas de calor serán el Baix Llobregat y el Garraf. Esto no quiere decir que sea donde más aumentará la temperatura, sino que es donde están menos preparados y, por lo tanto, más necesitan adaptarse. Si se mira el conjunto de España, se puede ver que las zonas que experimentarán los incrementos más elevados de necesidad de refrigeración se sitúan en Andalucía y en el interior peninsular, y no tanto en la costa.
Las administraciones deben aprovechar todo este conocimiento que se está generando para adelantarse a los acontecimientos y actuar en consecuencia. Como dice Martínez, la legislación actual sobre construcción de viviendas está desfasada y, si ya no sirve ni siquiera para las temperaturas actuales, aún será menos viable para las próximas décadas. Las ciudades también deben adaptarse. Todos los estudios señalan, por ejemplo, la importancia de las zonas verdes, que ya no son una cuestión de gustos o de sensibilidad ecologista, sino una necesidad climática.
La paradoja es que, a pesar de que el Mediterráneo será uno de los lugares del planeta más afectados por la crisis climática, los cambios más profundos en términos de infraestructuras y hábitos sociales quizás se producirán en el norte de Europa, donde están claramente menos preparados. Allí, igual que pasó aquí hace unos 30 años, el aire acondicionado está pasando de ser un privilegio de unos pocos a una necesidad de salud.