Curaciones

"Mi hijo tenía cinco meses y no había tocado el suelo porque teníamos miedo"

El Espacio Koala ofrece una red de apoyo a madres en situación de vulnerabilidad en Terrassa

La Marcela y su hijo Fer en el Espacio Koala de la Fundación La Caixa
15/08/2026 - 19:41 h.
3 min

BarcelonaCon solo 28 años, Marcela ya dirigía un diario con casi un centenar de colaboradores en Colombia. A pesar de tener que lidiar con amenazas por los conflictos fronterizos –mataron a varios periodistas de la zona– e impulsar decenas de iniciativas para reflotar la comunidad de su pueblo, lo que acabó bloqueando a Marcela fue la maternidad. Tras huir del país embarazada y acompañada de su pareja, hace un año y medio llegó a Cataluña y cuando nació su hijo, Fer, colapsó. "Tienes 20.000 cosas personales dentro, pero entonces llega la maternidad y te da una bofetada", admite.

"Sin red y después de un trance así te encuentras que todo te genera inseguridad, no sabes si le haces bien o mal al niño y, al final, hasta perder un calcetín te hace llorar", recuerda. Uno de los momentos en que Marcela se saturó fue durante la espera de una visita al CAP, en Terrassa. "Era un día de estos malos, que vas con el niño en brazos y el cochecito y todo se te enreda –recuerda la madre–, y entonces una chica me preguntó cómo estaba, me explicó que una amiga suya trabaja en una red de apoyo para madres y me dijo si me interesaba. A los dos días me llamó Paula", explica. Paula es la educadora social del Espai Koala, un proyecto de la Fundació MAIN con el apoyo de la Fundació La Caixa que ayuda a familias vulnerables con hijos de entre cero y tres años y acompaña a los progenitores para que puedan desarrollar "competencias parentales".

"Muchos no tienen referentes familiares ni red cercana y, por eso, les asesoramos en temas de crianza, lactancia, sueño, alimentación...", describe Susanna, la educadora infantil del Koala. "Cuando llegué aquí vi que Fer era mucho más calmado que otros niños de su edad. Mi hijo tenía cinco meses y no había tocado el suelo porque teníamos miedo, sufría por si se hacía un rasguño. Aquí me enseñaron a gestionar la sensación de culpabilidad", explica Marcela. Habla tranquilamente mientras Fer, que ahora ya gatea y hace intentos de levantarse, se pasea por la habitación descalzo y va cambiando entre la falda de su madre y la de Paula y Susanna. Hay confianza porque ya hace unos meses que vienen al espacio dos veces por semana, porque Fer está en período de lactancia; las familias en las que los hijos son mayores vienen una vez por semana.

Susanna, educadora del Espacio Koala, con Fer.

Estar bien para poder cuidar

Además de ayudarles a, en cierto modo, aprender a ser padres, otro punto clave del Koala es la inserción social y laboral. "Las madres, para poder cuidar, también deben estar cuidadas", insiste Paula. Aquí hay dos ramas: una es la búsqueda de una red de apoyo tanto en la ciudad –Terrassa, en este caso– como entre las familias del proyecto. "Cuando eres madre migrante tienes más miedo al rechazo. Por eso muchas nos hemos hecho amigas y nos ayudamos, y cuando venimos aquí encontramos un espacio para desahogarnos", describe Marcela. También explica que fue una de las madres del proyecto quien le recomendó intentar hablar en catalán –Marcela todavía está aprendiendo– con la profesora del Fer en la guardería. "Veía que había un muro entre nosotras y poco a poco ha ido desapareciendo", describe ella. Además, en el centro también hay un acompañamiento emocional.

Finalmente, la otra rama es la laboral, ya que muchas llegan al espacio sin trabajo y en una situación precaria. "Hacemos un trabajo muy de guía y de apoyo", describe Paula. Explica que no solo las ayudan a encontrar trabajo, sino que también insisten en "no coger lo primero que encuentran", priorizar la formación y conocer las dinámicas para buscar y encontrar trabajo o que sepan hacer un currículum "para que sean autónomas y no dependan de nadie". Mientras no tienen trabajo, también se les proporciona una tarjeta con 750 euros durante el curso para hacer compras en alimentación e higiene infantil.

Marcela ha empezado a trabajar cuando el Fer ha entrado en la guardería. "Yo agradezco mucho la ayuda, pero no quiero depender de nadie. Como dicen en Colombia: Si tengo que vender papas, vendo papas", defiende.

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