Dangote, el capitalista que quiere transformar África
Aliko Dangote, el hombre más rico de África, lleva años repitiendo la misma idea en los foros de economía donde lo invitan: el continente seguirá siendo dependiente mientras se limite a exportar materias primas sin transformar. Por eso puso en marcha una refinería en su país, Nigeria, un proyecto que aspira a transformar buena parte del mercado energético africano. El coste total rozó los 20.000 millones de dólares, pagados principalmente por su empresa, y está en marcha desde enero de 2024.Pocos debates despiertan tanta tensión en África como el precio de la gasolina. Con estados que a menudo ofrecen pocos servicios públicos y sistemas de protección social muy limitados, el subsidio al combustible se ha convertido en una de las pocas formas visibles de apoyo estatal. Cuando el precio de la gasolina sube, aumenta inmediatamente el coste del transporte, de los alimentos y de la vida cotidiana. Por eso muchos gobiernos mantienen subsidios costosos aunque acaben desequilibrando las finanzas públicas. Como en tantos lugares, el subsidio es la forma más elegante de no afrontar un problema estructural difícil de resolver. Nigeria, uno de los grandes productores de petróleo del continente, ha pasado décadas sin suficiente capacidad para refinar su propio crudo. La falta de infraestructuras funcionales obligaba a importar combustible a precios elevados mientras el estado asumía parte del coste para evitar una explosión social. El negocio beneficiaba sobre todo a los importadores de gasolina, muchos de ellos vinculados a las élites del país. Un gigante del cemento
Dangote forma parte de estas élites. Hizo fortuna en el mercado del cemento a principios de los 2000, en parte gracias a un mercado protegido y a sus buenas relaciones con el gobierno. Después diversificó sus ingresos invirtiendo en el sector alimentario, y durante los últimos años ha puesto el foco en la energía y los fertilizantes. En mayo de 2024 el presidente de Nigeria, Bola Tinubu, anunció la retirada de los subsidios a la gasolina y la devaluación de la moneda nigeriana. Los precios de la energía y los alimentos se dispararon, y los nigerianos más pobres aún se recuperan del golpe; la nueva infraestructura ha permitido que el país comience a consumir gasolina refinada localmente. Mientras en otros países africanos los precios se disparan y hay escasez de gasolina por el conflicto en Oriente Medio, en Nigeria –de momento– no hay problemas de suministro. Dangote ya ha anunciado su próximo objetivo: que su refinería duplique su capacidad y sea la más grande del mundo. Con su actividad industrial quiere sustituir importaciones que han convertido África en un territorio que vive consumiendo lo que se fabrica en el exterior. Enfrente tendrá a las élites locales que viven de distribuir estas importaciones. “Jamás habría imaginado que la mafia del petróleo es peor que la mafia de la droga”, dijo en una ocasión, ante las dificultades que había encontrado a la hora de poner en marcha su refinería. Para sus críticos, Dangote representa el riesgo de que una sola fortuna privada acumule un poder excesivo sobre sectores estratégicos. Para sus seguidores, es la oportunidad de poner en marcha proyectos que los estados han descuidado durante décadas. De momento, la guerra en Irán le ha generado más mercados en Europa, donde las aerolíneas le compran combustible, y le está abriendo más puertas por todo el continente: Kenia y Tanzania; en África oriental ya se pelean por ser el país donde Dangote construya la próxima refinería.