'Monsieur' Mariano Rajoy Nodoyuna

Hace unas semanas celebrábamos el retorno de Mariano Rajoy al género del periodismo de opinión con sus columnas repletas de enseñanzas habitualmente vetadas para los legos, como cuando escribía: “En el fútbol, lo que de verdad importa es marcar más goles que el rival. Si no lo haces, pierdes. O, en el mejor de los casos, empatas”. El caso es que, incluso después de haber hecho de Prometeo moderno y habernos traído el fuego con estas revelaciones, ha persistido en su tarea iluminadora y, hablando del combinado francés con el que debe batirse la selección española, decía que tenía “una plantilla de altísimo nivel; eso sí, sin franceses”. El incidente diplomático ha sido instantáneo y diversas autoridades galas le han tenido que recordar a Don Mariano que no solo todos los jugadores del equipo son franceses, porque esta condición por suerte no la da un pantone de piel determinado, sino que de los 26 jugadores que han sido convocados, 23 han nacido en territorio francés. Y los otros tres, aunque hayan nacido en el exterior, son franceses también, porque, como le recordaba el líder de los socialistas franceses, la nacionalidad francesa tiene que ver con la adhesión al proyecto de República.

Si Rajoy fuera catalán y catalanoparlante –es mucho suponer, pero de momento es gratis, así que abusaremos– sería de aquellos que se dirige a cualquiera que tenga rasgos raciales orientales o africanos en castellano, sin ser consciente del racismo inherente que comporta hacerlo. Decir que los jugadores no son franceses porque la mayoría tienen la piel oscura solo se explica por dos supuestos: una ignorancia supina y del todo desconectada de lo que es el mundo en el siglo XXI o mala fe racista. O como podría escribir él mismo en una de sus resplandecientes columnas: “No se descarta que D. Mariano Rajoy, o Mariano R., puedan converger ambas cosas. Al final, dos y dos son cuatro. Y si llega a entrar, es gol”.