Del monstruo al trauma: cómo ha evolucionado el terror en las series

El género ha ampliado sus formas para incorporar los miedos individuales y colectivos de cada época

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Sarah Paulson en American Horror Story Apocalypse
Marc Álvarez
30/10/2026 - 12:22 h

BarcelonaEl terror no siempre necesita un monstruo que se esconda en la oscuridad. A veces basta con una casa aparentemente normal, una comunidad cerrada o una familia que arrastra secretos. A lo largo de las décadas, las series han explorado estas posibilidades y han convertido el miedo en un recurso para hablar tanto de lo que desconocemos como de lo que nos resulta demasiado familiar. El género ha pasado por historias de fantasmas, invasiones extraterrestres, asesinos y criaturas sobrenaturales, pero también ha encontrado en el trauma, el duelo y la violencia social nuevas maneras de inquietar al espectador.

Esta transformación no ha seguido un camino lineal ni ha dejado atrás las fórmulas anteriores. El terror más explícito convive con el psicológico, y las historias sobrenaturales siguen siendo un vehículo para abordar conflictos muy reconocibles. No obstante, algunas producciones han contribuido a ampliar el espacio de género dentro de la ficción televisiva, tanto por la manera de construir las historias como por los temas que ponen en juego.

De la inquietud cotidiana a la expansión del género

La televisión lleva décadas experimentando con lo inexplicable. The Twilight Zone, estrenada en el año 1959, convirtió las situaciones cotidianas alteradas por elementos fantásticos en una manera de interrogar a la sociedad y a la condición humana. En aquella serie, Rod Serling presentaba episodios con historias autoconclusivas con personajes diferentes, sin continuidad entre capítulos. Historias para no dormir, de Chicho Ibáñez Serrador, bebía también de este estilo y llevó por primera vez a la televisión española las narrativas de terror. Más adelante, Expediente X hizo de las conspiraciones y de los fenómenos paranormales el centro de un universo narrativo que jugaba constantemente con los límites entre la realidad y lo desconocido. La ficción protagonizada por los agentes Mulder y Scully fue un éxito en una década, la de los años noventa, en la que la cultura extraterrestre y las teorías conspiranoicas eran un fenómeno, hasta el punto que provocaron un apogeo de la ufología en los medios y el cine. Por otra parte, Twin Peaks, creada por David Lynch y Mark Frost, introdujo una atmósfera inquietante en un entorno aparentemente tranquilo, donde los secretos de una comunidad idílica solo en la superficie escondían una cara mucho más oscura.

Mulder y Scully, de 'Expediente X'.

Estas series demostraron que el terror televisivo podía ir más allá del susto puntual. La atmósfera, los misterios y la construcción de los personajes permitían mantener la inquietud durante episodios enteros, y en algunos casos a lo largo de temporadas. Serializar el producto también ofrecía la posibilidad de retrasar las respuestas, alimentar las sospechas y convertir el desconcierto en parte de la experiencia del espectador, y más en una época en la que los capítulos llegaban semanalmente a los hogares y no de forma completa a un catálogo gigante de contenidos audiovisuales.

Durante los años siguientes, el género continuó desarrollándose en diferentes direcciones. Pero a partir de la década de 2010 una de las series que más contribuyeron a hacer reconocible una nueva etapa del terror de la pequeña pantalla fue American horror story.

El terror como espectáculo

'American horror story'.

Estrenada en 2011, la ficción creada por Ryan Murphy y Brad Falchuk apostó por una estructura antológica: cada temporada presentaba una historia diferente, con nuevos escenarios y personajes, aunque mantenía buena parte del reparto. La casa encantada, el asilo psiquiátrico, el circo de fenómenos, el mundo de las brujas y los cultos extremistas se convertían en escenarios para explorar diferentes variantes del terror.

La fórmula permitía cambiar de universo sin abandonar el género y combinar referencias muy diversas: del cine de terror clásico al slasher, de lo sobrenatural al gore, pasando por la provocación visual y la crítica social. Cada temporada podía construir su propio imaginario, con personajes exagerados, situaciones extremas y una estética fácilmente identificable. El horror se convertía así en un espectáculo serializado, capaz de generar conversación alrededor de sus historias, sus giros y las interpretaciones del reparto.

La importancia de American horror story no radica en haber inventado el formato antológico o haber inaugurado el miedo televisivo. Lo que sí evidenció esta ficción era que el terror podía tratar cuestiones que iban más allá de las criaturas y los asesinos. La violencia, el poder, la discriminación, la religión y la manipulación social aparecían a menudo deformados por el exceso y la fantasía, pero conectaban con miedos presentes fuera de la pantalla. En este sentido, el monstruo podía ser una figura sobrenatural, pero también una persona o una estructura social.

Mike Flanagan: cuando el monstruo también es una herida

Unos años más tarde, un nuevo estilo ganó protagonismo con las producciones de Mike Flanagan, especialmente en Netflix. El director nacido en Salem ha construido buena parte de su identidad a partir de historias en las que los elementos sobrenaturales conviven con conflictos emocionales.

En The Haunting of Hill House (2018), los fantasmas y los fenómenos inexplicables forman parte de una historia familiar marcada por las heridas del pasado. La casa es un espacio terrorífico, además, el centro de una experiencia que los personajes no han conseguido dejar atrás. El miedo no proviene únicamente de lo que aparece en los pasillos, sino de la manera en que el duelo, la culpa y las relaciones familiares condicionan a los protagonistas.

Flanagan ha explorado esta combinación desde perspectivas diferentes. The Haunting of Bly Manor (2020) utiliza los elementos góticos para hablar del amor, la pérdida y la memoria; Midnight Mass (2021) convierte a una comunidad religiosa en el escenario de una historia sobre la fe, el fanatismo y la necesidad de creer, y The Fall of the House of Usher (2023), inspirada en el universo literario de Edgar Allan Poe, combina el terror sobrenatural con una mirada sobre el poder, la codicia y las consecuencias de las decisiones de una familia.

'Misa de medianoche', Mike Flanagan.

Estas series no abandonan los recursos tradicionales del género. Hay apariciones, imágenes inquietantes, muertes y momentos de tensión, pero el terror también sirve para dar forma visual a conflictos que los personajes no saben resolver. Lo sobrenatural no es solo una amenaza exterior: a menudo actúa como una extensión de sus recuerdos, sus miedos o sus contradicciones.

Diferentes monstruos, diferentes miedos

La diversidad del género se puede observar en producciones que han apostado por otros caminos. 30 monedas, de Álex de la Iglesia, recupera el imaginario demoníaco y religioso para construir un universo grotesco, violento y arraigado en el folclore. El terror adopta ahí una dimensión explícita, con criaturas y fenómenos sobrenaturales que desbordan la vida cotidiana de los personajes.

En otra dirección, The last of us sitúa el horror en un mundo devastado por una infección que transforma a los humanos en criaturas agresivas. La amenaza física y la supervivencia son centrales, pero la ficción basada en el videojuego también pone el foco en los vínculos que surgen en un entorno extremo y en los límites morales a los que pueden llegar los supervivientes. El monstruo es una presencia tangible, pero la violencia humana forma parte del paisaje.

Otra propuesta, Them, combina el terror sobrenatural con una representación de la violencia racista en los Estados Unidos. La angustia no se limita a las apariciones o a los fenómenos inexplicables: surge también de la hostilidad del entorno y de las formas de brutalidad que sufren los protagonistas. Por su parte, From parte de una comunidad atrapada en un lugar del cual no puede escapar y amenazada por unas criaturas que aparecen por la noche. El misterio y el aislamiento alimentan una inquietud sostenida, basada tanto en el peligro inmediato como en la imposibilidad de entender qué pasa.

'From', la serie de John Griffin.

Estas producciones muestran que el terror televisivo no ha sustituido una fórmula por otra. El horror corporal, los monstruos, los fantasmas, los asesinos y las amenazas apocalípticas continúan presentes. Lo que cambia es la manera de articularlos y la función que tienen dentro de cada historia. Una misma criatura puede servir para provocar rechazo, representar un miedo colectivo o poner a prueba los vínculos entre los personajes. Parte del atractivo del terror radica en la posibilidad de experimentar emociones intensas en un entorno controlado. El espectador puede sentir angustia, asco o tensión sin estar expuesto al peligro real. Pero el género también permite explorar cuestiones que, planteadas directamente, pueden resultar difíciles de abordar: la muerte, la pérdida, la soledad, la violencia o la incapacidad de controlar lo que nos pasa.

Las diferentes formas del terror ofrecen, por tanto, experiencias muy diversas. Hay quien busca el sobresalto, la violencia explícita o las imágenes extremas; otros prefieren las historias que construyen lentamente una atmósfera inquietante o que dejan una sensación de malestar más allá del final del episodio. No hay una única manera de tener miedo, igual que no hay un único tipo de espectador. El monstruo puede continuar siendo el centro de la historia, pero, no obstante, en muchas de estas ficciones el terror también habla de lo que pasa cuando se apagan las luces y nos quedamos solos con aquello que nos inquieta.

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