El Nutriscore de la IA, ¿para cuándo?
El sistema Nutriscore –en los yogures, en los botes de hummus, en los Bollycaos– tiene múltiples deficiencias, pero da una idea visual rápida sobre si ese producto que sostienes frente a los lineales del súper es más o menos nutritivo. Ahora, el británico y progresista Institute for Public Policy Research propone que los sistemas de inteligencia artificial incluyan en sus respuestas una clasificación análoga, en la que el usuario sepa si la información que se le suministra proviene de fuentes saludables, como artículos científicos revisados por pares o medios acreditados, o bien de procedencias más grasas autoridad en la materia.
Me parece una medida oportuna. Primero, porque a diferencia de la comida, en la que todo el mundo tiene más claro que la coliflor supera a las galletas Oreo en valor nutritivo, en el caso de la información no hay suficiente alfabetización mediática para distinguir fácilmente la proteína del colesterol malo. Pero hay un mayor beneficio. La adopción de esta clasificación obligaría, además, a ser más explícito con las fuentes, que es el otro gran problema de las IA: quieren ir infusionando la idea de que la información es un caudal indiferenciado y gratuito que emana mágicamente de la nada digital. De hecho, el Institute no sólo pide el Nutriscore, sino que también exige compensaciones para los editores. Al final, rozan la piratería, si se roba la materia prima sin contraprestación clara. Ahora bien, por razonable que me parezca, creo que la pretensión no llegará a buen puerto porque comportaría asumir que parte considerable de las respuestas de la IA se elaboran con material de dudosa procedencia. Vamos, que tiene más "E-" que la peor bollería industrial. Ve que Google, que es el otro gran amenazado por la IA, no acabe bajando del burro y pactando en serio con los editores para hacer frente común.