Se os pasarán las ganas de comer pollo

Es muy posible que algunos recordéis Super size me, aquel documental del 2004 donde Morgan Spurlock asumió el reto de pasarse treinta días atiborrándose de comida de McDonald’s. Quería demostrar cómo perjudicaba la salud y hacer evidente la baja calidad de la alimentación en los Estados Unidos. Engordó once kilos, desarrolló alteraciones hepáticas y el colesterol le incrementó de manera drástica. En 2017 dirigió una segunda parte que pasó más desapercibida: Super size me 2: Holy chicken!. Spurlock abrió su propio establecimiento de pollo frito para enseñar cómo funcionaban estos negocios que crean una falsa imagen de comida natural y saludable.Netflix tiene ahora en su catálogo una nueva producción que emula el trabajo de Spurlock. En Big chicken: A fast food conspiracy (Pollo a lo grande), el humorista Mo Gillighan se fija el objetivo de comer únicamente pollo frito durante veintiocho días para comprobar cómo afecta a su salud. Paralelamente, explora el negocio del pollo tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos ante la descomunal expansión de este alimento en todo el mundo. Investiga cómo la industria lo manipula y lo procesa para darle una apariencia apetitosa. El pollo es el animal terrestre más criado en el planeta. En el Reino Unido han desaparecido los tradicionales negocios de fish & chips, engullidos por una plaga de negocios de fried chicken: más de seis mil establecimientos en todo el país. Cada día se gastan doce millones de libras en consumo de pollo.Gillighan intenta mantener el sentido del humor durante su investigación, pero después de la primera semana su estado de ánimo decae y se encuentra mal. Lo mismo que le pasó a Spurlock en Super size me. En el proceso de investigación, el humorista entrevista a diferentes expertos en nutrición, en la química de los alimentos y científicos sensoriales que le explican cómo funciona toda la industria de cría del pollo y del ultraprocesado de su carne. Debéis saber que si os decidís a ver el documental, pasarán unos cuantos días antes de que volváis a comer pollo, porque hay secuencias que dan mucho asco. Gillighan muestra granjas de engorde terribles. Hacen una comparación contundente: si un bebé humano creciera con la misma rapidez que se hace crecer a los pollitos, un bebé tendría el tamaño de una cerda al cabo de dos meses. Big chicken es un documental que funciona sobre todo por la curiosidad de las aberraciones que nos encontraremos. Pero los datos son demoledores. Hace que después de ver el documental miremos de otra manera estos locales de pollo frito instalados en nuestras ciudades. Les damos un nuevo significado, tanto desde un punto de vista económico, como social y cultural.Ahora bien, veinte años después del documental Super size me, la repetición del experimento nos obliga a preguntarnos cuántas veces tendremos que mostrar las consecuencias de este modelo alimentario para que algo cambie. Se van haciendo documentales para denunciar esta industria, que se va transformando para subsistir haciendo lo de siempre.