Es un privilegio? Sí, pero también un derecho

El fiscal general de los Estados Unidos, Todd Blanche, justificó que Trump vete el acceso de tres medios a la Casa Blanca argumentando “que es un privilegio, no un derecho, estar ahí”. Es una afirmación muy desenfocada, impropia de un cargo de su altura. Evidentemente que poder entrar a las dependencias del gobierno más poderoso del mundo es un privilegio, en el sentido de que no lo puede hacer el ciudadano corriente para formular las preguntas que le tengan atribulado. Pero la prensa no es la beneficiaria de este privilegio: es tan solo el vehículo con el cual se garantiza el fundamental derecho a la información que aparece en cualquier definición mínimamente articulada sobre qué es una democracia. Por tanto, el verdadero depositario de este derecho no es la CNN, MS Now o Politico, o cualquier otro periodista que irrite a Trump con una cobertura desfavorable: lo es el conjunto del pueblo americano. Y, por tanto, cuando niega el acceso a unos medios centrales como estos, lo que está haciendo es laminar este derecho a la información independiente, valga la redundancia.

Blanche intenta blindar su postura recurriendo a la clásica acusación de mala praxis profesional. Pero no aporta ninguna prueba de ninguna noticia con falsedades. Más bien parece que cualquier artículo que no pinta de color de rosa la acción de gobierno de Trump es tildado al acto de falso y de mal periodismo. En los últimos años, las democracias de todo el mundo han dado tímidos pasos en favor de la transparencia. Pero vivimos una época regresiva y los Estados Unidos marcan un camino de opacidad, ostracismos y vetos selectivos por antipatía que no cuesta mucho imaginar aquí si gana el populismo ultra. Y aquí entra la ultraderecha, que es quien hoy en día parece tener los triunfos electorales en la mano, pero también determinada izquierda que hemos visto defender políticas censoras con la excusa del control de las fake news.