Los riesgos de ser periodista y parecer un inmigrante

BarcelonaEl lunes se produjo un desagradable incidente en Ceuta que rápidamente empezó a correr por las redes. Un exaltado agredió a un periodista del medio digital El Pueblo de Ceuta pensando, por su aspecto, que se trataba de un inmigrante. En primer lugar, llama la atención que este individuo se sienta tan impune por pensar que puede agredir a un inmigrante ante todos los medios de comunicación sin que le pase nada. En segundo lugar, el incidente es una muestra de lo que ocurre cuando se aplica el sesgo racial de forma genérica: un determinado color de piel equivale a una condición humana concreta. El hombre acabó pidiendo disculpas y reconociendo su error [sic], pero la cosa no queda ahí.

Como profesor de periodismo, lo que me incomodó más fue la reacción del periodista, que, además de insultar al agresor, quiso dejar claro ante toda la gente congregada que él estaba "hasta los huevos" de la situación –"igual que tú o incluso más", dijo–. "Me he tragado todo esto desde el principio y he estado en la valla aguantando esta mierda. ¿Y para qué, para que me hagan esto? ¿Qué coño es esto?", se preguntaba visiblemente alterado. Es evidente que el periodista buscaba la complicidad de los manifestantes, de un perfil muy concreto, y no encontró una mejor manera que ponerse a su lado para presentarse también como una víctima de la situación.

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Pero vayamos por partes. Un periodista no puede describir lo que está pasando en Ceuta como "una mierda" que le toca "aguantar", porque nuestro trabajo consiste exactamente en cubrir situaciones dramáticas como esta, y más si eres periodista en la frontera sur de Europa con África. Y eso es lo que hace especial nuestra profesión, y por eso Mònica Bernabé insiste una y otra vez en ir a Afganistán. O Francesc Millan a Ucrania. Pero aquí quizás alguien se ha equivocado de profesión.