¿Qué tienen en común los principales gurús de la masclósfera?
Un reportaje de Louis Theroux interpela de tú a tú a los 'influencers' con más seguidores de la subcultura 'redpill'
'Louis Theroux: dentro de la masclósfera'
- Dirigido por Adrian Choa
- En emisión en VOSC en Netflix
Aquí se le conoce poco, pero Louis Theroux es uno de esos periodistas que puede encabezar un reportaje con su nombre. Popular por su trabajo en la BBC, ha abordado cuestiones candentes como la Cienciología, el genocidio en Gaza o las subculturas más marginales en Estados Unidos. En Netflix ha estrenado un documental sobre la masclósfera, un asunto candente en el que han incidido muchos reportajes. La diferencia en este caso es que Theroux utiliza su fama para entrevistar influencers famosos que dirían que no a otros reporteros.
No llega a hablar con los proxenetas Andrew y Christian Tate, posiblemente los gurús más conocidos de la masclósfera, pero sí con algunos de sus colaboradores y colegas, como Justin Waller, que dirige el negocio online de estos hermanos, The Real World, una web dedicada a vender cursos y tutoriales para convertirse en millonario. También con Myron Gaines, conductor del pódcast Fresh and Fit; Sneako, un streamer al que ya le han cerrado algunos canales por sus comentarios misóginos y antisemitas; o el tiktoker británico HSTikkyTokky, que gestiona sus negocios desde Marbella y Eivissa, posiblemente porque Miami, según Theroux la sede espiritual de este tipo de personajes, queda demasiado lejos.
La estrategia del periodista consiste en situarse, desde un talante nada hostil, en una posición de autoridad respecto a sus objetos de estudio. Como defiende desde el principio, él es un profesional del periodismo, mientras que el resto son influencers; y realiza un reportaje para Netflix, no simples contenidos para las redes sociales. Esta distancia lo legitima frente a un conjunto de hombres acostumbrados a hablar desde una retórica de la dominación. En el documental, Theroux juega a desenmascarar los códigos con los que se autorrepresentan en las redes. Los sitúa en conversaciones en las que pierden el control del relato, les pide que aclaren el significado de expresiones eufemísticas como "monogamia unilateral" o les interroga sobre algunas de sus afirmaciones machistas ante sus novias o la madre. De esta manera denota las contradicciones y la poca solidez de los discursos de la masclósfera, y cómo sirven para monetizar las ansias de millones de jóvenes por identificarse con un modelo de masculinidad que les resulta atractivo, mediante negocios de criptomoneda, cuentas de OnlyFans o supuestos cursos para hacerse millonario.
Theroux dibuja el patrón recurrente de estos machistas: el discurso según el cual las mujeres nacen con un "valor", la belleza, mientras que los hombres deben aprender a hacerse valer, pero al mismo tiempo pueden conseguir lo que se propongan; la convicción de que, en una pareja hetero, el hombre debe ser el proveedor y la mujer debe adoptar un rol sumiso de cuidadora; la creencia conspiranoica en un sistema (la "matrix", en alusión al film de las hermanas Wachowski de donde se origina también el concepto de "red pill") que engaña a los hombres desde muy pequeños para que sean obedientes y contra el cual ellos enseñan a rebelarse; y una deriva cada vez más evidente hacia el antisemitismo y otras formas de odio más allá de la misoginia. El periodista también describe un escenario recurrente que, según él, explicaría en parte la actitud de los protagonistas: todos ellos han crecido con padres ausentes o maltratadores, o en hogares desestructurados, y proyectarían su trauma a la sociedad. Theroux reconoce este vertiente vulnerable de los líderes de la masclósfera y al mismo tiempo advierte de la matrix que ellos mismos generan y que atrapa a millones de adolescentes que obtienen su educación emocional en las redes.