Crítica de series

'La serpiente de Essex': una serie sobre pasiones románticas entre la religión y la ciencia

La atracción prohibida entre Tom Hiddleston y Claire Danes en un exquisito drama de época

'La serpiente de Essex'

Escrita por Anna Symon y dirigida por Clio Barnard para AppleTV+. En emisión en AppleTV+

Cuando los personajes de Claire Danes y Tom Hiddleston se encuentran por primera vez en La serpiente de Essex, él está intentando salvar a una oveja de su rebaño perdida en medio de los humedales y ella le echa una mano. La escena es literal, pero resulta inevitable leerla también como una metáfora (¿irónica?) de los perfiles de los personajes. Hiddleston (Loki) da vida a Will Ransome, el vicario del rincón perdido de Essex donde tiene lugar buena parte de la nueva miniserie de época de Apple TV+. Cora Seaborne, el personaje de Danes (Homeland), se ha quedado viuda hace poco y aprovecha haberse liberado de un marido maltratador para retomar su pasión por la historia natural.

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La mujer viaja de Londres a Essex para investigar la leyenda que corre por el lugar, la de un animal misterioso en forma de serpiente que ataca a pescadores y personas indefensas. Ella sostiene la teoría de que quizás se trata de una especie de fósil viviente, una bestia que se habría escapado de la evolución. La gente de la comarca vive atemorizada y cree que esta criatura mitológica los castiga por sus pecados. Will, hombre de familia, religioso pero muy cuerdo, intenta calmar a los parroquianos. Desde el primer encuentro entre él y Cora nace una atracción mutua. La situación se complica con la aparición de Luke (Frank Dillane), el joven cirujano que intentó salvar al marido de Cora, que también se siente atraído por la viuda. Las desapariciones en Essex continúan...

La serpiente de Essex forma parte del boom de ficciones televisivas inspiradas en novelas recientes que actualizan el imaginario de la literatura británica decimonónica, muchas veces desde la perspectiva femenina. La serie parte de la novela homónima de Sarah Perry y se encarga de dirigirla nada más y nada menos que Clio Barnard, responsable de la probablemente mejor opera prima del cine británico de los últimos años, TheArbor (2010). Aquí Barnard se distancia de los escenarios de realismo social típicos de su filmografía para firmar un exquisito drama de época de ambientación cuidadosa y preciosista en todos los detalles, desde las particularidades de un anfiteatro quirúrgico hasta el vestuario de Claire Danes, que tendría que crear tendencia. Pero la directora también trabaja la atmósfera más abstracta y de cariz gótico que planea sobre Essex, un territorio en el umbral del mundo fantástico cargado de una niebla verdosa donde podría esconderse cualquier monstruo.

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Entre la racionalidad y la superstición

La serie se mueve así entre el Londres urbano y el mundo rural de Essex, entre la ciencia que innova y la superstición que reprime, entre la racionalidad y la pasión. Como pasa a menudo, se echa de menos más profundidad en todo este escenario turbulento del siglo XIX, a veces reducido a un paisaje de fondo atractivo. El personaje de Cora también está trazado excesivamente para encajar en un ideal contemporáneo de mujer. Por eso el episodio más estimulante es aquel, ya hacia el final, en el que la mayoría de los personajes acaban cuestionándola en algún aspecto, de forma que se hace patente el privilegio y la inconsciencia de la protagonista. La principal dialéctica la mantiene con su ayudante, Martha (Hayley Squires), una militante socialista y feminista que señala su estatus de clase. Por otro lado, atrapado entre sus principios, el amor a su esposa y la pasión por Cora, al personaje de Will quizás le habría cuadrado un actor con una actitud menos rígida y señorial que la de Tom Hiddleston. A pesar de todo, damos la bienvenida a Tom Hiddleston al reino de los hot priests televisivos.

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