Subiendo la apuesta: pronto no habrá españoles

La maquinaria cavernaria echa estos días para intentar frustrar la investidura de Pedro Sánchez y eso hace que los mecanismos de vez en cuando se atasquen. Por ejemplo, El Mundo logra trabar los engranajes con una metáfora extraña: “Doce CCAA levantan un muro por la “igualdad” frente a Sánchez”. Hasta hace cuatro días, lo de levantar muros era actividad reservada a supremacistas y gentuza similar. La igualdad que pregonan, además, es uno de esos términos vacíos: ¿adaptar las prestaciones a los costes de la vida de cada sitio, por ejemplo, es la igualdad que piden? ¿Respetar el principio de ordinalidad es igualdad? Invocan la palabra porque automáticamente genera a una víctima, un agravado. Y ésta es la base de la dinámica actual: movilizar a tu electoral haciéndole creer que es destinatario de una injusticia intolerable. Victimización por la venda sin necesidad de designar un daño sufrido.

Además, hace tiempo que la política española se ha convertido en el juego del Kiriki, una especie de mentiroso con dados en el que cada jugada anunciada debe ser superior a la anterior, aunque sea inexistente. Y, en esta escalada catastrofista sin freno, algunas proposiciones rozan ya el delirio. La Razón, por ejemplo, también hace una primera página con los líderes autonómicos del PP que escenificaron ayer su dramolett en el Senado y destaca la siguiente frase de Isabel Díaz Ayuso: "Si esta indignidad triunfa, pronto no habrá españoles". No aclara si los españoles de bien se habrán mudado a Tegucigalpa, si van a finar a base de tantos disgustos rojoseparatistas, si devolverán los visigodos a la Piel de Toro o si los castellanoleoneses del 2030 sólo querrán ser identificados como tales, y no como españoles. La dirección general de Policía trabaja ya en los nuevos diseños de DNI.