La versión andaluza de Marc Giró

El fichaje de Marc Giró por La Sexta ha espoleado a la televisión pública a intentar reproducir la fórmula de éxito. Este jueves, aprovechando la estela de audiencia que dejaba el primer partido del Mundial, se estrenaba El perro andaluz, el nuevo late show del humorista Manu Sánchez. El espíritu de Marc Giró planeaba sobre el plató. Parecía, incluso, que hubieran reaprovechado el decorado. Ambos presentadores cargan hacia el mismo lado: hacen una defensa acérrima de los valores de izquierdas desde una elegancia que podría parecer de derechas. Sánchez, encantador y audaz, lleva la raya reforzada con gomina y una barba frondosa bien perfilada. Usa el género neutro para saludar al público y hace gala del orgullo identitario: el andalucismo. La banda del programa tiene aires de coro rociero y el skyline de Sevilla domina el decorado. Reivindicó el origen, el talante y el acento andaluz asegurando que le había cerrado puertas en el pasado y destacó su condición de currante: “¡Siempre he estado en contra del estereotipo de flojo y vago que nos han puesto por ahí fuera!”, exclamó. Como Giró, ha convertido en sello propio la estrategia de reapropiarse del lenguaje más hostil para plantar cara. De ahí la alegoría del perro andaluz del film con que Lorca se dio por aludido y que también conecta con el sanchismo político más estoico. “¡Somos perros sin raza, sin correa y sin bozal!”, insistió, presumiendo de su actitud encendida y desafiante. Exhibió la etiqueta de "TelePedro" como marca mediática, saludó en las cuatro lenguas cooficiales y enarboló las banderas de las diecisiete comunidades autónomas con un cierto espíritu federalista. En su discurso de apertura, demasiado largo y muy político, encajó la UCO, Trump, Zapatero, Netanyahu, Bad Bunny, el Papa, la inmigración, la sanidad pública, Vox y un popurrí infinito de actualidad. Citó a Blas Infante y recitó a Manuel Molina, integrando la poética andaluza en el monólogo. Cuando Manu Sánchez declama, abraza desde la afectación más flamenca hasta las ínfulas de un telepredicador. Es de los presentadores que se dirigen a la audiencia dejándose la garganta y que cuando empiezan el programa ya están afónicos. Marc Giró tiene un lema sarcástico muy divertido que dice que hay que monetizar los traumas. Y Manu Sánchez obedeció la estrategia con disciplina: cinco minutos después de empezar el programa ya estaba hablando de su cáncer de testículos con metástasis de hace tres años, describiendo la orquiectomía y el tratamiento de quimioterapia. El objetivo, sin embargo, era utilizar el humor negro para hablar de la muerte como un mecanismo de defensa de quien no tiene miedo ni nada que perder: “Si alguien me quiere demandar, que me lleve a juicio. ¡Pero que sepa que igual yo no llego!”, desafió. El primer entrevistado fue Manu Carrasco, para celebrar y acentuar la idiosincrasia andaluza, pero remató el programa con la clásica entrevista de los cobardes que sufren por congregar espectadores: Miguel Ángel Revilla, expresidente de Cantabria, como la gallina de los huevos de oro de los audímetros. Una lástima, porque así parece que, en este contexto, tengas que usar el norte como póliza de garantía.