Dígitos y cachivaches

Cómo sacar jugo al móvil en los festivales de música

Una recopilación de aplicaciones para preparar los conciertos, identificar las canciones que suenan y recordarlos después, en una época en la que oímos más música que nunca pero cuesta cada vez más escucharla de verdad

Concierto de Geese el último Primavera Sound
14/08/2026 - 12:35 h.
5 min

BarcelonaEl verano es temporada de conciertos y festivales, y el móvil se ha convertido en la herramienta que acompaña todo el proceso: antes, durante y después de cada actuación. No se trata solo de hacer fotos o grabar vídeos verticales para las redes de calidad discutible. Existe un ecosistema de aplicaciones pensadas específicamente para los aficionados a la música que permiten prepararse un concierto, identificar una canción desconocida o dejar constancia de lo que se ha visto y oído. La mayoría están disponibles en forma de aplicación web y facilitan el bloqueo de los códigos de rastreo que incluyen las apps para Android y iOS.

Saber qué se tocó

El servicio más vinculado a los conciertos es Setlist.fm, una wiki colaborativa que recoge los repertorios reales que tocan los artistas en cada concierto. Contiene más de 10 millones de setlists de más de 465.000 artistas, y permite crear un perfil personal para registrar a qué conciertos has asistido; el mío está en setlist.fm/concerts/albertcuesta. A partir de estos datos, la aplicación genera estadísticas automáticas: cuál es la canción que un artista ha tocado más veces o cuántas veces la has visto en directo. Antes de un concierto, consultar el repertorio de una gira permite saber si un artista toca las canciones más conocidas o se arriesga con material nuevo, y comparar los repertorios de diferentes ciudades permite anticipar sorpresas antes de que lleguen a casa. Los periodistas musicales usan Setlist.fm para preparar crónicas; los fans, para decidir si vale la pena arriesgarse a repetir un artista dos noches seguidas. Mi única objeción a Setlist.fm es que desde 2011 es propiedad del gigante Live Nation, que así puede mostrarnos promociones de futuras actuaciones.

Saber qué canción suena

Un segundo bloque de aplicaciones sirve para resolver la duda de qué canción suena en un momento dado. Shazam, propiedad de Apple desde 2017, supera los 300 millones de usuarios activos mensuales y ya acumula más de 100.000 millones de reconocimientos desde que nació. Funciona por huella acústica: compara los picos de frecuencia de la grabación real con una base de datos, y por eso necesita oír la canción original, aunque suene con ruido de fondo. SoundHound hace algo parecido pero con una diferencia técnica relevante: puede identificar una canción tarareada o cantada, no solo la grabación original, porque compara la melodía abstracta en lugar del audio concreto. La función Hum to Search de Google hace exactamente lo mismo, tarareando, silbando o cantando 10 o 15 segundos al buscador web, aunque su base de datos para este uso es mucho más pequeña que la de Shazam. SoundHound ha desviado buena parte de su negocio hacia la inteligencia artificial de voz para coches y restaurantes, y sus ingresos casi se duplicaron en 2025, hasta los 168,9 millones de dólares; la identificación musical, que nació en 2007 con el nombre de Midomi, ha quedado como una función más dentro de un producto mucho más amplio.

Entender la letra

Un tercer grupo de herramientas sirve para profundizar en aquello que ya escuchamos o hemos identificado. Genius es una gran colección colaborativa de letras y conocimiento musical anotado: usuarios y artistas añaden explicaciones sobre el significado de estrofas, muestras sonoras y referencias ocultas. Nació en 2009 con el nombre de Rap Genius y continúa muy vivo, con hitos como los 17 millones de visitas que la página sobre la estrofa de apertura de Not like us de Kendrick Lamar recibió el año pasado. Previamente, ya existía Songfacts, creada en 1999 por un locutor norteamericano de radio para compilar datos sobre canciones para preparar sus propios programas; desde entonces, un equipo de periodistas ha entrevistado a miles de autores para documentar quién escribió cada tema, cómo se grabó y qué significa realmente. En catalán, ViaSona cubre el mismo terreno desde hace más de una década, con una enciclopedia que supera las 100.000 canciones indexadas.

Cuando llega el momento de cantar, Spotify muestra en la pantalla del móvil las letras sincronizadas, un contenido que en realidad proviene de Musixmatch, empresa italiana que suministra el catálogo de letras más grande del mundo (más de 12 millones de canciones en más de 250 idiomas) a Spotify, Apple Music y Amazon Music. Hay que aclarar que esta sincronización se hace manualmente para cada grabación, de modo que una versión en directo o una remezcla pueden no coincidir con la letra deseada.

Seguir la gira, catalogar la colección

El ecosistema no acaba aquí. Bandsintown, que sincroniza con Spotify o Apple Music para saber qué artistas sigues, dice tener más de 100 millones de fans registrados y avisa cuando cualquiera de ellos anuncia una gira cercana. Discogs sirve para catalogar colecciones de vinilos y CD y calcula su valor de mercado. Apple Music Sing convierte cualquier canción en un karaoke con voces ajustables y, desde la última actualización, permite convertir el iPhone en micrófono conectado al Apple TV.

Llevar la cuenta de todo

Si cada diciembre esperáis que Spotify os regale vuestro historial Wrapped de audiciones, os interesará Last.fm. En activo desde el 2002, registra automáticamente (una práctica conocida como scrobbling) cada canción que escuchamos en cualquier servicio de streaming o reproductor que vinculemos, y con este historial construye estadísticas a largo plazo: artistas más escuchados, evolución de los gustos musicales año tras año, coincidencias con otros usuarios. Mi perfil se puede consultar en last.fm/user/albertcuesta.

Sentir música o escucharla

Oír música y escucharla no es lo mismo. Se oye cuando el sonido llega de fondo, mientras se hace otra cosa; se escucha cuando se le presta atención. Hoy oímos más música que nunca: según el informe Engaging with music de la IFPI, la media semanal de exposición a música ha subido hasta las 20,7 horas. Pero buena parte de esta exposición es pasiva. Analistas del sector calculan que entre el 65% y el 75% de toda la escucha es de fondo, y entre el público de 16 a 24 años el vídeo corto tipo TikTok ya es la vía diaria dominante para relacionarse con la música, por delante de cualquier servicio de streaming estrictamente sonoro. Los oyentes comprometidos, los que la escuchamos, valemos mucho más para la industria que los que solo la oyen: somos los que compramos entradas de conciertos y merchandising.

Aquí es donde servicios como Setlist.fm, Genius o Last.fm cobran sentido: convierten el acto de oír en el acto de escuchar. Registrar un concierto, leer la explicación de una estrofa o repasar las estadísticas de años de música son gestos pequeños, pero todos piden detenerse un momento y prestar atención. Quizás la diferencia no la marca cuánta música llega a los oídos, sino cuánta llegamos a escuchar de verdad.

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