El temporal de principios de octubre fue un intento de ciclón tropical "sin precedentes" en el Mediterráneo

La elevada temperatura del agua del mar favoreció este episodio extraordinario de aguaceros torrenciales

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Vehículos parcialmente sumergidos por las inundaciones en Granollers el 5 de octubre de 2026.
21/10/2026 - 14:30 h

BarcelonaEl temporal de lluvias torrenciales que afectó a Cataluña los días 3 y 4 de octubre podría haber sido mucho más que un episodio de fuertes tormentas. Un análisis publicado en el blog oficial de la Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) apunta que el potente sistema convectivo de mesoescala que se desarrolló frente a la costa catalana presentó indicios compatibles con un intento de formación de un ciclón tropical, un proceso que "no se había documentado hasta ahora en el Mediterráneo", según se destaca en el mismo trabajo. De hecho, las previsiones del temporal ya indicaban la posibilidad de la formación de un medicán —un minihuracán mediterráneo—, si bien finalmente no ocurrió.

El estudio, elaborado por los investigadores Juan Jesús González-Alemán y Carlos Calvo-Sancho, de la Aemet y del Centro de Investigaciones sobre Desertificación (CIDE) respectivamente, combina observaciones de satélite y radar con simulaciones meteorológicas de alta resolución. Los resultados señalan un factor clave que lo explica todo: la temperatura del Mediterráneo occidental se encontraba entonces unos 2,5 °C por encima de la media del periodo 1991-2020.

Para comprobar hasta qué punto el mar cálido había favorecido el temporal, los investigadores realizaron cinco simulaciones con el modelo meteorológico Harmonie-Arome, utilizado por la Aemet, modificando la temperatura superficial del mar y manteniendo las mismas condiciones atmosféricas iniciales. Cuando el modelo reproducía la temperatura marina observada, generaba un sistema de tormentas compacto, de entre 200 y 250 kilómetros de diámetro, parecido al que se observó. En cambio, cuando la temperatura del mar se reducía hasta valores climatológicos normales, el sistema no llegaba a formarse y la precipitación disminuía notablemente.

Según los autores, esto refuerza la hipótesis de que el exceso de calor del Mediterráneo fue "determinante". El agua más cálida favorece la evaporación y aporta más humedad y energía de lo normal a las tormentas, lo que puede facilitar que se organicen y desarrollen una circulación ciclónica.

Indicios de un intento de ciclón

Las imágenes de satélite mostraban una gran masa de nubes compacta, mientras que los datos del radar de Barcelona del 4 de octubre indicaban bandas de precipitación curvadas y posibles signos de rotación ciclónica. Es decir, compatibles con el comportamiento y movimiento característicos de un ciclón. Las simulaciones con el mar cálido también reprodujeron un vórtice que se extendía desde niveles medios de la atmósfera hasta cerca de la superficie. Todos estos indicios son compatibles con las primeras fases de formación de un ciclón tropical.

La hipótesis es relevante, porque normalmente los medicanes se desarrollan a partir de perturbaciones con aire frío en altura. En este caso, sin embargo, los investigadores plantean que el proceso podría haber comenzado principalmente a partir de tormentas alimentadas por el mar cálido, sin ninguna dana o un escenario similar que lo impulsara directamente, como acostumbra a ocurrir. "Supone algo inédito y sin precedentes: el calentamiento del Mediterráneo podría estar abriendo un nuevo camino de formación de ciclones que hasta ahora no se había considerado en la región", afirman los investigadores en la publicación. Durante el episodio se registraron récords de lluvia en pocas horas y más de 200 l/m², sobre todo en puntos del litoral y prelitoral de Barcelona, con graves consecuencias.

Imagen del gran sistema convectivo de mesoescala que se formó a principios de octubre.

Otro episodio que ha sido excepcional es el que ha sufrido recientemente el sur del País Valenciano con la dana Dana, que ha dejado registros históricos de más de 700 l/m². En este sentido, el meteorólogo de la Aemet Benito Fuentes señala en una publicación en redes que la elevada temperatura del mar Mediterráneo —hasta 3 °C superior a la habitual— favoreció que el aire acumulara más vapor de agua, hecho que contribuyó a intensificar las lluvias del temporal hasta un 20% respecto a un escenario sin esta anomalía térmica. Según sus estimaciones, un fenómeno de estas características que antes podía ocurrir cada 100-500 años, en el contexto de crisis climática puede repetirse cada 2 o 10 años.

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