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Conectar con los perfiles más jóvenes y fidelizarlos, reto capital del cooperativismo actual

En un contexto de desafección y falta de horizonte por parte de unas nuevas generaciones que cada vez confían menos en el sistema, COOPCAT subraya que el cooperativismo tiene mucho que ofrecer, pero también un camino por recorrer. Una hoja de ruta con la cual necesita acercarse a la juventud más que nunca.

Redacció
03/07/2026

Vivimos en un contexto de inestabilidad global que se hace sentir con fuerza entre las generaciones más jóvenes. En Cataluña, como en el resto de territorios, la acumulación de crisis económicas de los últimos años ha puesto en cuestión una idea que durante décadas no se cuestionó: que las instituciones actúan con neutralidad y velan por el interés general. Para muchas personas jóvenes, esta confianza se ha resquebrajado, y se suma una sensación creciente de precariedad que ensancha la distancia con el sistema.

Los datos son un síntoma de este malestar. Una encuesta del Centre d'Estudis d'Opinió muestra que el 8% de la generación Z –entre 16 y 26 años– se autoubica en la extrema derecha, frente al 4% de los millennials y el 3% de la generación X. Una tendencia que invita a la reflexión, ya que serán los jóvenes de hoy quienes, en el futuro, ocuparán los espacios que ahora están en manos de los adultos. El cooperativismo tiene mucho que ofrecer en este contexto de desafección y falta de horizonte, pero también un camino por recorrer, y justamente es la juventud a quien necesita acercarse más que nunca.

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Acortar distancias como hito clave

Uno de los retos del cooperativismo catalán implica saber conectar con perfiles jóvenes y fidelizarlos. Hoy, sin embargo, la relación entre juventud y cooperativismo es débil, marcada por una distancia cultural e informativa profunda. Las personas menores de 30 años son las que menos conocen el modelo, según un estudio de Moodin realizado en 2025.

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Y no es porque los valores no conecten: muchas personas jóvenes describen el cooperativismo con palabras como colaboración, comunidad, democracia u horizontalidad, y asocian experiencias cercanas y comprometidas con el bien común. El problema es que esta imagen queda en el terreno del ideal ético, casi como una asociación sin ánimo de lucro, y no se acaba de visualizar como una opción laboral de futuro. 

Las prioridades laborales de la juventud –flexibilidad, salario digno, buen ambiente y sentido del trabajo– coinciden con los valores cooperativos. Pero muchos no se plantean trabajar en ellas, ni sabrían dónde buscar: pesa la incertidumbre económica, ya que se percibe que una cooperativa implica más riesgo, menos estabilidad y sueldos más bajos, y pesa la falta de información, porque el cooperativismo a menudo no aparece en las ofertas de trabajo ni se trabaja en las aulas.

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Cuando alguien llega, el relato se repite: nadie les había hablado antes, y lo descubren cuando ya buscaban otra manera de vivir y trabajar. Una vez entran, reconocen los valores que les hacen quedarse: pertenencia, coherencia entre ideas y trabajo, trabajo colectivo, flexibilidad horaria y una voluntad de transformación social.

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Desconocimiento de tipo estructural

El diagnóstico es claro: el desconocimiento entre la juventud del cooperativismo es estructural. No está presente en el sistema educativo, ni en la formación profesional, ni en las políticas de empleo juvenil, y cuando la juventud llega a él lo hace por caminos indirectos. El reto principal es convertir esta identificación de valores en una implicación real: demostrar que el cooperativismo es una experiencia tangible, accesible y contemporánea, que combina coherencia ética con viabilidad económica y flexibilidad organizativa.

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Si hay un ámbito desde donde este cambio puede empezar, es la educación: es necesario que el conocimiento del modelo cooperativo llegue de manera generalizada a secundaria, bachillerato, formación profesional y universidad, sobre todo a las especialidades vinculadas a la empresa y el emprendimiento. Desde la Confederación de Cooperativas de Cataluña impulsamos proyectos en esta dirección: en secundaria, los Itinerarios Educativos de Economía Social y Finanzas Éticas ofrecen módulos para introducir al alumnado al modelo dentro del aula; en el ámbito universitario, la Universidad de Verano del Cooperativismo (UESCOOP) crea un espacio de formación y debate para estudiantes y cooperativistas; y el sector también ofrece posgrados de formación teórica y práctica en economía social y solidaria.

Acercar el cooperativismo a la juventud no es solo una cuestión de comunicación, sino de construir, desde muy pronto, los referentes que hoy faltan: un reto que también es una oportunidad para mostrar que otro modelo de empresa, y de sociedad, es posible.