Patrimonio científico

¿Hay, todavía, enfermos distinguidos?

El Instituto Pere Mata, una joya modernista de Domènech i Montaner, continúa siendo un centro de salud

El Instituto Pere Mata de Reus
27/07/2026 - 08:01 h.
5 min

Los buenos médicos tratan a todo el mundo por igual. Ahora bien, de vez en cuando reciben comentarios de familiares que hacen valer su estatus social para pedir una atención especial. ¿Hay, todavía, enfermos distinguidos? Pues sí, al menos los hay que se consideran como tales. Pienso en ello cuando estoy en una de las habitaciones de "enfermos distinguidos" del centro de salud mental que lleva el nombre de Pere Mata (médico, político, catedrático de medicina legal... y escritor). Mata fue alcalde de Reus y tuvo cargos de responsabilidad en Barcelona y Madrid, desde los cuales impulsó leyes que promovieron que, años después de su muerte, se pudieran abrir centros como el que hoy visito. La habitación está situada en el primer piso del Institut Pere Mata, construido con estilo netamente modernista por Lluís Domènech i Montaner. Se trata de una habitación grande para una sola persona, y bien decorada (paredes, techo y suelo incluidos). Hace tiempo que no se usa; solo se visita. El resto de las instalaciones, en cambio, no están abiertas al público general: continúan siendo un centro de salud.De esta habitación de enfermos distinguidos lo que más me llama la atención es un espejo borroso: está hecho expresamente. Así no podían verse el rostro y no "se derrumbaban". Al lado de esta cámara hay otra de "menor": mucho más pequeña y sin ventanas. Era la de los cuidadores de noche. Aunque, excepcionalmente, algunos enfermos distinguidos llevaban servicio propio, había enfermos "de tercera clase" que hacían tareas de servicio para los de "primera clase" o distinguidos. Y recibían una remuneración (por cierto, el Institut Pere Mata tenía moneda propia). Al lado hay una sala con una única pieza: una bañera. ¡Todo un lujo! "La higiene y la hidroterapia eran aquí esenciales. También se practicaba la electroterapia. Además, la luz, la ventilación y el contacto con la naturaleza se consideraban elementos de cura", remarca Maria Adzerias, de Còdol Educació, empresa que hace años que consigue acercar el patrimonio de las comarcas tarraconenses a los ciudadanos. Todo estaba pensado para el bienestar emocional de los pacientes. "El bienestar emocional, que contribuye al bienestar físico, es muy importante. Aquí eran realmente avanzados", dice mi mujer, Elisabet, médica, que me acompaña.María nos recuerda que uno de los pacientes ilustres de Pere Mata fue el pintor Joaquim Mir. "En un viaje a Mallorca con un grupo de pintores, entre los que se encontraba Picasso, Mir se cayó por un acantilado. Cuando regresó no se había recuperado del todo. Por eso sus padres decidieron ingresarlo", explica María. Elisabet, aficionada a la pintura, busca enseguida a través del móvil cuadros de Mir pintados cuando estaba aquí. Los hay de paisajes muy bonitos."Todo esto nos lo explica la María en el transcurso de una visita teatralizada. Ella hace de mayordoma que, a lo largo de toda la representación, da a conocer el proyecto del Institut Pere Mata a posibles colaboradores, y va "cantando" sus bondades, mientras espera que llegue el doctor Briansó, impulsor del Institut. "Briansó consiguió el objetivo de crear un centro de calidad, alegre y espacioso, alejado del manicomio del cuadro Casa de locos, de Goya", dice María. Elisabet enseguida lo busca en el móvil y me lo muestra –los locos están amontonados y con poca luz–, mientras María lee de un documento unas palabras que pronunció Briansó sobre el proyecto de Pere Mata: "¿No representa mucho, muchísimo, en el orden moral, el alivio que nos proponemos para los seres más desgraciados de la humanidad?". Se trata de unas expresiones que ahora serían matizadas, pero que denotan una manera de pensar. ¿Hemos mejorado? "}La excelente visita teatralizada sitúa al público a inicios del siglo XX, cuando llegan los primeros coches, la electricidad, el teléfono... Una época en la que el progreso se acelera. La visita tiene una sorpresa musical final, que recuerda la importancia que se daba a la musicoterapia: los domingos por la tarde los enfermos, el personal médico y a veces algunos familiares asistían al concierto.En el piso de arriba, detrás de una barandilla de hierro revestida de cilindros vidriados de color –solución que el mismo Domènech i Montaner desarrollará en el Palau de la Música Catalana–, una cantante, acompañada de un pianista, interpreta piezas de la época. Mientras escucho las notas que danzan, me fijo en un castaño –símbolo de fortaleza– esgrafiado en la pared. La vegetación es un elemento recurrente en este centro. Abundan las rosas, flor que también se encuentra en el escudo de la ciudad de Reus."Domènech i Montaner –que también lo dio todo en otro edificio de Reus: la Casa Navàs–, era el director de orquesta de un conjunto de artesanos, que hacían el mobiliario, los vitrales, las lámparas...", subraya María Adzerias.El prestigioso arquitecto modernista dibujó este recinto con pabellones. Es un precedente del modelo que después desarrollará en el Hospital de Sant Pau. El proyecto –inacabado– preveía pabellones diferenciados por hombres y mujeres, clase social, tipo de enfermedad... En los espacios interiores procuró que el mobiliario y muchos otros elementos tuvieran formas redondeadas; así se reducía el riesgo de golpes o lesiones. Además, la escalera principal no tiene barandilla, para que los pacientes no pudieran asirla y no pudieran autolesionarse, ni hueco de escalera, para evitar la tentación de arrojarse.Como en la Casa Navàs –la otra joya modernista de Reus, también de Domènech i Montaner–, los costes de construcción fueron elevados: el arquitecto no tenía límites presupuestarios. "Domènech i Montaner levanta edificios con la misma velocidad que derriba fortunas", se decía.Terminamos la visita al jardín, que está un poco elevado. El muro de piedra que rodea el recinto parece fácil de atravesar. Pero si nos acercamos aparece un notable desnivel. Se conoce como el “salto del lobo”. De esta manera, los pacientes no tenían la sensación de estar encerrados, a pesar de estarlo. Después de la visita, la actriz me muestra documentación que le ha servido para hacer el guion de la visita teatralizada. Hay un cartel con la imagen del Instituto Pere Mata que dice: Manicomio de Reus. Instituto Pere Mata, y a continuación Casa de curación de padecimientos mentales y nerviosos. Los dos nombres principales son el médico Emili Briansó y el del capellán. El uno curaba el cuerpo y el otro el alma, y todo arreglado. La palabra manicomio ha caído en desuso. Este centro ya no acoge "chiflados" ni "alienados", sino personas que tienen enfermedades mentales. Como mínimo, por lo que respecta al nombre hemos mejorado.Un 14 de abril con dos reyesEl rey Alfonso XIII visitó el Instituto Pere Mata el año 1904 y quiso saludar a los internos. Uno de ellos decía ser el "rey de España". Cuando fue presentado al monarca, el enfermo le dijo: "¿Con quién tiene el rey de España el honor de hablar?". Alfonso XIII, a pesar de sorprendido, improvisó: "Con otro rey". "¿Y de dónde sois rey?". Entonces Alfonso XIII renunció a su patria: "Yo soy el rey de Inglaterra", le soltó.La Vanguardia –diario monárquico– recogió la anécdota, y no precisamente aplaudiéndola. Quizás el hecho de que hubiera banderas catalanas disgustó al cronista de aquel acto de un 14 de abril... el día que, unos cuantos años más tarde, se proclamaría la República.

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