El valor añadido de cursar un máster, explicado en primera persona

Cuatro titulados de máster comparten con nosotros su testimonio como estudiantes recientes de esta formación. ¿Qué motivaciones les llevaron a cursar uno? ¿Cómo fue la experiencia? ¿Satisfizo sus expectativas? ¿Han mejorado sus condiciones laborales?

Alumnos haciendo un máster de ingeniería química.
14/09/2026 - 09:48 h.
6 min

Aina Fuster: He podido acceder a un ámbito al que seguramente sin este conocimiento no habría accedido

Aina Fuster, de 31 años, se graduó del máster de Salud digital de la UOC en 2021. Fuster reconoce que, al terminar el grado de Farmacia, no tenía nada claro hacia dónde quería tirar. En aquel momento trabajaba a jornada completa en una farmacia comunitaria y aquel verano empezó a funcionar la interoperabilidad de la receta electrónica, lo cual permitía consultar las prescripciones de los pacientes de otras comunidades autónomas. “Empecé a pensar que cómo podía ser que esta interoperabilidad no hubiera sido posible antes, pero a la vez se me planteaban muchas dudas de cómo podía tecnológicamente ser posible”, recuerda. En aquel momento, Fuster se dio cuenta de que, muy pronto, la transformación digital sería un tema clave. Por eso decidió buscar un máster que la ayudara un poco más a entenderla. “Tenía que ser uno que me permitiera compaginarlo con la jornada completa y con las guardias, así que directamente miré en la UOC”, explica.

Sobre si su situación laboral ha mejorado a raíz de cursar un máster, Fuster subraya que, en su caso, “no es que la haya mejorado, sino que he podido acceder a un ámbito en el que seguramente sin este conocimiento no habría accedido”. Aunque actualmente sigue haciendo algunas horas en la farmacia comunitaria para no perder esta parte más asistencial, la joven se ha centrado en la investigación en atención primaria. Fuster se encuentra, sin embargo, entre el 71% de las personas encuestadas por AQU Catalunya que afirman que volverían a cursar el mismo máster: “Para mí ha sido la base de proyectarme hacia una salida laboral diferente de la que tenía antes.”

“El máster –prosigue Fuster– me ha aportado de entrada el conocimiento más académico, el cual agradezco en tanto que me ha creado un marco para entender la transformación digital y no solo desde la tecnología, sino desde la práctica asistencial, la investigación y la implementación.” La actualmente también doctora cita “la capacidad de evaluar los proyectos con criterio” como una de las habilidades que le aportó el máster. Y es que, “justamente con la irrupción tan explosiva de la IA, estamos llegando a un punto en que nos cuesta aplicar el sentido común, el razonamiento lógico y el sentido analítico”.

Si Fuster tuviera que dar un consejo a un joven recién graduado o a un profesional ya en activo que se esté planteando cursar un máster a corto plazo, lo primero que le diría es que no tuviera “titulitis”. Y se explica: “Una vez ya te has graduado, lo que te tiene que mover a hacer un máster (con el esfuerzo personal y económico que conlleva) tiene que ser la ampliación de conocimiento y la especialización en algo que te interesa.”

Blai Brull: “Hay que mirar bien los contenidos, el profesorado y las prácticas, porque másteres, hay muchos”

Estudiando el grado de Periodismo, Blai Brull, de 25 años, descubrió el mundo de la comunicación corporativa e institucional, la cual le llamó mucho la atención. “Tanto, que decidí especializarme una vez graduado”, reconoce. Lo hizo por partida doble, con el máster en Comunicación estratégica de la URV en el año 2023 y en Comunicación y política en la UdG, el cual está a punto de finalizar. Brull afirma haber notado cómo las empresas valoran más aquellos currículums con másteres y especializaciones. No obstante, el joven señala que “no es imprescindible para entrar en el mundo laboral, ni mucho menos, aunque en mi caso sí que me ayudó a conseguir mi primer trabajo”.El balance de su paso por el máster es muy positivo. Primero, porque le ha dotado “de muchas más herramientas profesionales y mucho más conocimiento”. Después, porque ha podido profundizar en muchos temas que el grado trata muy superficialmente y directamente no trata y, por último, porque le ha permitido “conocer a muchos profesionales interesantes que te ayudan a perfilar el camino”. A parecer de Brull, “aunque especializan, los másteres son bastante generales y lo son precisamente para adaptarnos mejor al mercado laboral actual”. En cuanto al entorno global que acostumbra a favorecer un máster, en tanto que parte del profesorado y el alumnado lo conforman perfiles internacionales, Brull agradece especialmente “haber conocido de primera mano cosas de su lugar de origen y de cómo se estudia allí, lo cual te ayuda a tener la mente más abierta”.Brull afirma que él, personalmente, le daría dos consejos a aquellos que se estén planteando un máster a corto plazo. El primero, “que no tenga prisa por hacerlo, no hace falta que sea al salir de la carrera”. Y segundo, que lo haga “cuando sepa seguro en qué quiere especializarse, y muchas veces esto es después de haber probado el mundo laboral”. Por último, también le recomendaría “que mire bien los contenidos, el profesorado y las prácticas que se ofrecen, porque de másteres hay muchos”.Faustine Gabard : “Los cambios son tan rápidos que las formaciones ayudan a tomar perspectiva”

“Siempre he tenido claro que me quería seguir formando. El conocimiento es clave para poder tomar decisiones, saber buscar cuando no lo sabes, y rodearse de gente que nos hace crecer como personas y profesionales.” Así se pronuncia Faustine Gabard, de 27 años, y titulada en el EMBA de la UVic-UCC en el año 2025, respecto a los motivos por los cuales, mientras estudiaba el grado de ADE en la misma universidad, tenía claro que quería seguir estudiando. Aunque sin saber exactamente qué máster haría. Este es, señala, “el principal motivo por el cual no lo cursé al acabar la carrera”. Gabard optó primero por trabajar: “Y más adelante, decidir el máster que encajara mejor con mis necesidades y las de la empresa donde trabajo”.Sobre las habilidades que le ha dotado el EMBA, la joven –que ahora en septiembre será madre por primera vez– destaca una. Y es que, en el sector inmobiliario, donde desarrolla su profesión, tiene que tratar con personas muy diversas, locales e internacionales, con situaciones muy cambiantes “y el arte de negociar y adaptarse es muy importante”. Esto pasa primero, destaca, por conocerse a uno mismo: "El máster tenía una parte de mentoría que me ha ayudado a hacer un trabajo introspectivo sobre mi personalidad y mis valores". Gabard también sostiene que, ahora, es consciente de que “conocerse a uno mismo ayuda a gestionar mejor un equipo, la empresa y las relaciones en general”.Por otra parte, puntualiza que el máster aporta un grado de profesionalización que permite que la persona madure y es que “un estudiante de máster suele tener ya un recorrido profesional interesante, pero los cambios son tan rápidos que las formaciones ayudan a tomar perspectiva”. El máster, prosigue, “permite dar un paso más allá, pero es cierto que hace falta que uno mismo quiera extraer todo el jugo y tenga ganas de seguir aprendiendo a lo largo de toda su vida para poder adaptarse a los nuevos retos que presenta el mercado laboral que, actualmente, es frágil, ansioso, no lineal e incomprensible”.Pau Folch: “El máster me obligó a priorizar tareas y a gestionar el tiempo de manera más eficiente”

Pau Folch, de 24 años, no tuvo claro que quería cursar un máster hasta el tercer curso del grado en Ingeniería química que estaba haciendo en la UB. “Lo veía como una buena oportunidad para obtener un factor diferencial en el momento de buscar trabajo, al mismo tiempo que profundizaba en mis conocimientos”, explica Folch, que también matiza: "En aquel momento tampoco descartaba la posibilidad de hacer un doctorado en el futuro". Una vez decidió cursar un máster, tenía claro que debía ser en Ingeniería química. “Dudé entre el de la UPC y el de la UB y, finalmente, me decanté por el de la UB porque tiene una duración más corta y una estructura que me parecía más práctica”, recuerda medio año después de titularse.La mejora laboral de Folch desde que cursó el máster ha sido evidente. “El máster me permitió incorporarme al mercado laboral en un puesto de trabajo para el cual se requería esta titulación y con una retribución superior”, explica. De hecho, la empresa se puso en contacto con él mientras empezaba el trabajo de fin de máster (TFM). “Inicialmente, me ofrecieron una posición júnior, pero, tras el proceso de selección, me propusieron una categoría superior, para la cual era necesario disponer de un máster”, remarca.

De su paso por el máster, el joven destaca: “En comparación con el grado, las asignaturas me parecieron menos exigentes desde el punto de vista conceptual, pero la carga de trabajo era muy superior”. Esto, apunta, le obligó a organizarse mejor, a priorizar tareas y a gestionar el tiempo de manera más eficiente. Además, en la asignatura de laboratorio, cada estudiante tenía que asumir el liderazgo de su equipo en una de las prácticas, una experiencia que le permitió “desarrollar competencias de coordinación, organización y toma de decisiones”. Folch también cita conocimientos de programación en Visual Basic para automatizar funciones y rutinas en Excel como claves.Si se encontrara con alguien que se esté planteando hacer un máster a corto plazo, lo primero que Folch le plantearía es que se preguntara por qué lo quiere hacer. Si su objetivo es hacer un doctorado, Folch describe la opción como “muy coherente”. Si, en cambio, lo que busca es mejorar sus perspectivas laborales o salariales, recomienda “valorar el coste de oportunidad que supone dedicar este tiempo a los estudios en lugar de incorporarse al mercado laboral”. Y si su interés es profundizar en un ámbito concreto, “es importante revisar con detenimiento el plan docente para asegurarse de que se ajusta a lo que realmente se busca”. La decisión, en cualquier caso, “debería responder a los objetivos personales y profesionales de cada uno”, concluye.

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