Homenotes y danzas

El creador de los famosos puros Partagás

Originario de Arenys de Mar, Jaume Partagàs creó un imperio tabaquero antes de morir trágicamente asesinado

El 18 de junio de 1868, por la noche, un empresario de éxito sale a pasear por sus propiedades de Vuelta de Abajo, en Cuba, acompañado de su hija. Encima de su caballo, atraviesa las plantaciones de la localidad de Pinar del Río cuando, de repente, unos disparos le derriben al suelo. Aunque una de las balas le entra en la cabeza y la otra le perfora el cuello, la muerte no es instantánea. Pese a la oposición de los médicos, insiste en ser trasladado a La Habana, pero el viaje resultará demasiado largo y morirá durante el trayecto.

El empresario asesinado no es sino el gran magnate del tabaco, Jaume Partagàs, que ha construido un imperio en las Antillas, muy lejos de su Arenys de Mar natal. El acusado por la muerte del magnate es el esclavo liberado Pedro Díaz, pero en La Habana todo el mundo está convencido de que detrás hay una conspiración urdida por sus competidores tabaqueros. Más tarde también se añadirá la posibilidad de una venganza por asuntos amorosos.

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En 1830, cuando tan sólo tenía catorce años, el joven Partagàs había pisado por primera vez la isla de Cuba en busca de futuro profesional. Allí la emprendeduría tenía apellido catalán desde hacía tiempo: Bacardí, Arxer, Bosch, Gumà, Batlle, Helados, Sala, Ribalaigua, Pintó, Ferrer o Mitjans eran algunos de los que habían convertido a Cuba en la tierra prometida de todo un país.

En una primera etapa, Partagàs trabajó junto a otro catalán, Joan Conill Pi, que le dio trabajo en el sector del tabaco, uno de los negocios que poseía aparte de la banca y de una primitiva refinería de petróleo. De las filas de la factoría de Conill salieron grandes expertos en el negocio del tabaco como los también catalanes Josep Gener y Miquel Jané.

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El propio Partagàs aprendió deprisa y acabó estableciéndose por su cuenta, una circunstancia que le permitió acumular un capital que, unido a la aportación de su mujer ya la de otros accionistas, sería suficiente para crear su primera fábrica (1845). Produciría unos puros llamados La Pureza, que tuvieron fama en la isla. Eso sí, pese a las diversas marcas comerciales que creó, la denominación que ha quedado para siempre es la de su propio apellido, por lo que Partagás define de forma exclusiva un tipo de puro.

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La fábrica La Flor de Tabacos de Partagás y Cía se ha dedicado durante muchas décadas a producir unos puros que han llegado a ser considerados un símbolo de clase y distinción. Idea suya fue la figura del “lector”, una persona dedicada exclusivamente a leer en voz alta libros y periódicos para que los elaboradores de puros -los torcedoras - estuvieran distraídos mientras hacían el trabajo. Partagàs, pues, sobresalió en un producto, el tabaco, cuya primera fábrica curiosamente la había levantado otro catalán, Bernat Rencurell, en 1811. Sus habilidades comerciales, así como la capacidad para apropiarse del mercado , comportaron que muchos de sus competidores terminaran arruinados. Esto es lo que generó -como decíamos antes- la sospecha generalizada de que detrás de su asesinato había algún tipo de conspiración vinculada con el comercio del tabaco.

La Apuesta de Paratagás por la calidad ha hecho que todavía hoy su tabaco sea considerado uno de los mejores del mundo. La constante innovación, sobre todo la mejora en los procesos de fermentación, ha sido históricamente una de las claves para conseguir la máxima categoría en la materia prima. Ya en su vida, los puros Partagás eran consumidos por unas cuantas familias reales europeas. Actualmente la empresa pertenece al organismo público Habanos, SA, y la fábrica está situada junto al monumental Capitolio de La Habana, en un edificio señorial que recuerda la época de las colonias.

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Es fácil encontrar productos de Partagás, como el excepcional 8-9-8, entre las primeras posiciones del ranking de mejores puros del mundo, a menudo acompañado de otras marcas míticas como Cohiba y Montecristo.