Paisaje científico

Dicen que sin chips no hay paraíso

Barcelona Supercomputing Center: una catedral llena de supercomputadoras

09/08/2026 - 08:01 h.

"¡Eoooo! ¡Eoooo!", digo en voz alta para ver si resuena. ¡Y tanto que resuena! "En esta capilla yo venía a dar clase de informática", dice Sergi Girona, que estudió la carrera –y el doctorado– de informática en la Universitat Politècnica de Catalunya (UPC). Suerte que el profe tenía micro (pero los alumnos más traviesos de vez en cuando le boicoteaban la lección: hacían que se oyera la voz de una emisora de radio en lugar de la suya).

Sergi Girona es director de operaciones del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). No, Sergi no pertenece a la familia Girona, una estirpe que se instaló para "veranear" en esta zona del barrio barcelonés de Pedralbes. Uno de sus miembros, Manuel Girona –banquero, alcalde de Barcelona, impulsor del canal de Urgell... y muchas cosas más–, encargó en 1860 al arquitecto Josep Oriol Mestres que "le" proyectara una gran torre ajardinada para disfrutar de unos veranos más frescos que en la ciudad, todavía amurallada. Es la Torre Girona, que ahora forma parte de las instalaciones de la UPC.

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La capilla donde estoy ahora, anexa a la Torre Girona, fue proyectada más tarde, en 1949, por el arquitecto Joaquim Lloret, conocido sobre todo por haber hecho la Clínica Barraquer y el gran edificio de viviendas El Rancho Grande, en la Via Augusta barcelonesa, entre muchas otras obras.

Dentro de esta capilla estaban las primeras versiones del supercomputador MareNostrum, hasta el MareNostrum 4, que hasta hace unos pocos años era potentísimo. Pero ya se sabe que en el mundo de la tecnología todo envejece rápidamente. Para los retos de gran complejidad computacional tardaría ahora demasiado en procesar la información. Por eso ahora hay, en una nueva zona, el MareNostrum 5. En la capilla se han instalado ordenadores cuánticos, ideados para resolver problemas inasumibles para la supercomputación clásica.

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"En 2004, cuando instalamos el MareNostrum 1, que era el superordenador más potente de Europa y el cuarto del mundo, necesitábamos un edificio alto, entre otras cosas porque se pudiera refrigerar con aire", me comenta Sergi. "Y como esta capilla estaba vacía –y desacralizada– nos pareció un buen lugar para el superordenador". En 2017 fue designada por votación, convocada por DataCenter Dynamics, el centro de datos más bonito del mundo.

Hoy que hay demasiadas iglesias vacías es normal que algunas tengan nuevos usos, aunque sean atrevidos. En diferentes puntos del mundo las hay que se han convertido en una librería, un skate park, un rocódromo, una discoteca, un hotel de lujo, un taller de reparación de coches y motos...

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Los ordenadores cuánticos de esta capilla están protegidos por una enorme caja de cristal, lo que permite mantener el control de la temperatura en el interior. Estoy en un escenario futurista, y de novela. Aparece en "Origen", de Dan Brown. Intento encontrar, sin éxito, en este templo, algún signo que indique que ha sido un lugar de celebraciones católicas, mientras Sergi me explica que se preparó como sala de conciertos líricos, y se hizo un falso techo para mejorar la acústica. Pero lo han eliminado. La iniciativa que no ha prosperado: no hay conciertos.

En cambio, el BSC es una inversión muy rentable, y con un uso social. Es un centro público que sirve a profesionales, de aquí y de todas partes, de campos tan diversos como la astronomía, la biomedicina, la física, la ingeniería, la química, las ciencias de la tierra... Y me dejo muchos.

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Al lado de la capilla hay una escultura de piedra de un hombre arrodillado, que puede parecer hecha de hace muchos años. Como la capilla, que si no te dicen nada a primera vista te puede parecer románica. Me fijo en la fecha de la escultura: ¡2020! El año de la terrible pandemia. Está dedicada a Mateo Valero, el alma de este exitoso proyecto y director del BSC, que repite a menudo esta frase: "Sin chips no hay paraíso". De acuerdo, la tecnología es una herramienta indispensable para resolver buena parte de los problemas del mundo, para avanzar hacia la sostenibilidad, para la investigación y el bienestar... Pero pienso que la felicidad no depende solo de todo eso.

"Promovemos la ciencia abierta: hay un comité de expertos que cada seis meses evalúan proyectos. De cada tres seleccionamos uno, el mejor. Los otros no entran, los descartamos". Sí, es un buen sistema de selección. Aunque si los tres son muy buenos...

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Estamos delante del MareNostrum 5, en un área del Barcelona Supercomputing Center donde hay una gran extensión de ordenadores, que tienen lucecitas que se encienden y se apagan. "Aquí el techo es mucho más bajo que en la iglesia", observo en voz alta. "Sí, los sistemas de refrigeración han mejorado mucho y no necesitan tanto espacio", me dice Sergi.

Los superordenadores como el MareNostrum 5 no solo hacen cálculos matemáticos, sino que también crean simulaciones hipercomplejas. Por ejemplo, en el ámbito del clima, simulan modelos de evolución del cambio climático a escala global. Y en medicina, desarrollan "gemelos digitales" para probar fármacos y tratamientos. Si yo tengo leucemia, hacen un duplicado digital de mí y hacen pruebas.

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Una de las cosas que hacen posible estos superordenadores es hacer un gran zoom, verlo todo muy y muy de cerca. "¿Por qué el médico Ramón y Cajal era bueno? Pues porque tenía buenos microscopios", dice Sergi.

Estamos en la última hora de la mañana. Unos cuantos investigadores provenientes de otros países ya están comiendo. Por eso caminamos sin tener que esquivar a mucha gente por los pasillos. Pero en otras horas este centro está bastante concurrido. Ha crecido muchísimo. Ha pasado de tener 80 trabajadores al principio a los 1.400 actuales. Alguien puede pensar que tantos ordenadores no requieren mucho personal. Así pues, si los ordenadores hacen el trabajo, ¿por qué hace falta cada vez más gente? Pues para pensar, gestionar problemas... Y prever el futuro.

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Objetivo: reducir la dependencia tecnológica de Europa"Tenemos el objetivo de desarrollar y utilizar tecnología europea. Vamos un poco atrás pero es nuestra apuesta", subraya Sergi Girona, director de operaciones del Barcelona Supercomputing Center - Centro Nacional de Supercomputación (BSC-CNS). "Queremos llegar a ser soberanos tecnológicamente, y no depender de los EUA ni de Asia". Este centro de prestigio mundial continúa innovando en ciencia y tecnología en un mundo en rápida transformación.