Los Espigolats, el alma castellera de la Riera
Sin camisa propia ni calendario regular, pero con mucha experiencia y espíritu de pueblo, los vecinos convierten la Fiesta Mayor en una celebración de los castillos más auténticos
Riera de GaiàCuando llega la Festa Major de la Riera de Gaià, los colores de las camisas pasan a un segundo plano. Castellers de la Joves de Valls, la Vella, los Xiquets de Tarragona, los Xiquets del Serrallo, los Nois de la Torre, los Castellers d'Altafulla u otras collas del territorio se quitan, por un día, su identidad habitual. Se ponen una camisa de cuadros, se abrochan la faixa y hacen piña bajo un único nombre: los Espigolats de la Riera.
Es una imagen poco habitual en el mundo casteller actual, pero que, en realidad, conecta con sus orígenes. Antes de que existieran las collas tal como las conocemos hoy, los castells se construían gracias a la implicación de los vecinos de los pueblos, que ayudaban a las collas vallenques cuando llegaban a actuar. En la Riera esta tradición tiene un significado especial. Ya en el siglo XIX hay constancia de que las collas de Valls levantaban castells de nueve pisos con el apoyo de los aficionados locales.
Más de un siglo después, aquella manera de vivir los castells ha encontrado una nueva expresión.
Un pueblo con decenas de castellers
La Riera de Gaià no tiene grupo de castellers propio, pero sí una gran comunidad de castellers. Muchos de los vecinos y vecinas forman parte de diversos grupos del Camp de Tarragona y del Baix Gaià. Coinciden en los ensayos, comparten plazas durante toda la temporada y, sobre todo, comparten pueblo.
De esta realidad nació una pregunta tan sencilla como inevitable: si hay tantos castellers, ¿por qué La Riera no puede hacer sus propios castillos?
La respuesta fueron los Espigolats. El proyecto empezó a gestarse en marzo de 2020, pero la pandemia aplazó su estreno. No sería hasta 2022 que la iniciativa se materializaría por primera vez, convirtiéndose rápidamente en una tradición de la Festa Major.
Una actuación preparada con rigor
Aunque solo actúan una vez al año, los Espigolats no improvisan. Las semanas previas organizan varios ensayos para preparar una jornada que, año tras año, gana nivel.
Este año han hecho siete. El resultado ha sido una actuación con el 2d6 como construcción más destacada, además del pilar de 5, el 5d6, el 4d6 neto, el 3d6a y el 4d6a.
El 4d6 neto es probablemente la mejor muestra del potencial del grupo. La calidad técnica de sus integrantes les permitiría haberlo levantado también con piña, pero prefirieron mantener el espíritu participativo para que todo el mundo pudiera formar parte de la jornada. Aun así, ya hay quien mira hacia el futuro y no descarta intentar un castillo de siete pisos en las próximas ediciones.
Experiencia de primer nivel
Una de las particularidades de los Espigolats es el nivel de sus componentes. Entre los participantes hay jefes de 'colla', presidentes y antiguos responsables de algunas de las principales 'colles' del territorio.
Esta experiencia facilita la organización de los ensayos, la preparación de los castillos y la coordinación de un grupo formado por personas acostumbradas a trabajar en realidades muy diferentes. Pero, cuando llega el día de la actuación, todos estos cargos desaparecen. Durante unas horas solo existe una 'colla': la del pueblo.
La canalla también refleja esta diversidad. Participan niños y niñas que habitualmente suben con diferentes 'colles' y que solo necesitan algún refuerzo puntual de fuera del municipio para completar los 'poms' de arriba.
Recuperar los castillos más populares
Los Espigolats no son una excepción. Forman parte de un movimiento que también se puede ver en municipios como Llorenç del Penedès, Ribes, Masarbonès, el Pla de Santa Maria o Albinyana, donde los aficionados se reúnen una vez al año para levantar castillos sin la estructura de una colla convencional.
En todos los casos, el objetivo es el mismo: recuperar una manera de hacer castillos basada en la participación popular, la convivencia y el sentimiento de pertenencia al pueblo.
Por eso tampoco hay una camisa oficial. La mayoría visten camisas de cuadros, evocando los antiguos castellers que salían directamente del campo para ir a plaza. Es un detalle cargado de simbolismo que refuerza el mensaje de la iniciativa.
En una época en la que los castillos son cada vez más técnicos y especializados, los Espigolats recuerdan que la esencia de este patrimonio continúa siendo la misma de hace 200 años: un grupo de personas que deciden unir esfuerzos para levantar un castillo. Sin importar la colla de donde vienen, sino el pueblo que representan.