Homenots y Donasses

La fortuna del salitre chileno que hizo posible el Palacio de Marivent

Maties Granja fue el fundador catalán de Nitrato de Chile y tiene un vínculo desconocido con Mallorca

En los años 30 del siglo XX, la España rural empezó a verse salpimentada de carteles que promocionaban un producto químico para abonar los cultivos. En el anuncio en cuestión, hecho con baldosas, se podía distinguir una silueta negra muy inquietante de un gaucho sobre un caballo, todo sobre un fondo de color amarillo que le daba contraste: era el célebre Nitrato de Chile . Este producto agrícola tiene conexión directa, aunque parezca inverosímil, con el Palacio de Marivent, en Mallorca, donde la familia real española suele pasar sus vacaciones de verano. Pero esa relación la descubriremos más adelante.

Viajamos atrás en el tiempo. Estamos a mediados del siglo XIX, en el Pirineo catalán. Maties Granja Rafel es un adolescente del Pallars que ha tenido algunos problemas en su pueblo y, de acuerdo con su familia, decide cambiar de vida y bajar a Barcelona. Al final, la capital catalana solo será una escalera en su trayecto, porque poco después pondrá los pies en Chile y ahí empezará todo. Que desembarcara en una región minera de ese país sudamericano marcó para siempre su destino, porque esta actividad económica, la explotación de recursos naturales bajo tierra, sería la que le haría rico. Pero antes de todo esto, cabe decir que en la ciudad donde se instaló, Cobija (región de Antofagasta), tenía el centro de operaciones un rico comerciante de origen español llamado Juan Sáez Torres, que enseguida le dio trabajo.

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Después de ocho años de aprendizaje, Granja se independizó y creó su propia red de tiendas, donde vendía productos importados de España. Con una situación económica cómoda, se enamoró de una bailarina francesa que había hecho parada y honda con su espectáculo en Cobija; era la francesa Laura Mounier, madre soltera, con quien pronto se casó. Pero la vida en común duró poco porque Mounier regresó a Francia y no reapareció hasta muchos años después, pero para reclamarle la mitad de su fortuna en concepto de divorcio. Pero todavía no hemos llegado a ese punto de la historia.

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En 1885, tres lustros después de haber iniciado los negocios como comerciante, Granja hizo un cambio de rumbo para entrar de lleno en el negocio de la producción y distribución de salitre, en una zona desértica muy rica en nitrato de potasio. Con dos socios originarios de España inició una política de compra de pequeñas explotaciones hasta conseguir crear un gran conglomerado, que con la desaparición de los otros socios pasó a llamarse Granja y Cía y se convirtió en una de las compañías salitreras más importantes de toda Chile (en 1906 Granja era el segundo exportador de salitre del país y una de las principales fortunas locales).

En 1902, poco antes de que este imperio llegara a su cenit, se produjo el regreso de Mounier para reclamar su parte del negocio, momento en que se inició un proceso judicial lleno de tensión que afectó de lleno la salud de Granja. No es extraño que el verano de 1906 le fallara el corazón y muriera, en lo que significó el comienzo del desguace de su negocio. Además, un mes después de su desaparición murió su segunda esposa, con la que había tenido dos hijas. Las disputas entre las distintas ramas acabaron por hundir a la compañía, pero el dinero aún tendría vida propia, sobre todo el que percibió Mounier.

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El vínculo con Marivent

Un año después de la muerte de Granja, Mounier se casó con un pintor y mecenas egipcio (pero de sangre griega) de nombre Ioannes Saridakis, 17 años menor que ella. Se conocieron en Chile, donde él trabajaba como ingeniero en las minas locales, pero pronto se trasladaron a Mallorca a gozar de la fortuna de la esposa. En 1923 encargaron a un arquitecto mallorquín la construcción de un palacete que llevaría por nombre Marivent, una denominación que seguro resulta familiar. Tras dos décadas de vida plácida en Marivent, Laura Mounier murió en 1941 (o en 1937, según la fuente consultada), pero Saridakis continuó su vida de lujo en el palacio, ahora acompañado por Annunziata Marconi-Taffani, su segunda esposa .

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Cuando Saridakis traspasó, en 1963, su viuda hizo donación del palacio a la Diputación Provincial Balear (un ente que ya no existe) a condición de que se transformara en un museo para acoger su colección de arte y que, obviamente, fuese de carácter público. Pero una década después, la Diputación olvidó este requisito y cedió el palacio a la familia real española, que desde 1973 ocupa (nunca mejor dicho) esta propiedad para pasar los veranos.

Por cierto, el cartel de Nitrato de Chile con el que abríamos esta historia sirvió para promocionar en España el producto que Granja producía, pero su concepción es muy posterior a los tiempos de gloria del emprendedor catalán, ya que fue un encargo realizado en 1929 al estudiante de arquitectura Adolfo López-Durán Lozano, que vio cómo su diseño se esparcía por toda la Península.