Embarazo

La invisibilidad del postparto en duelo

El impacto psicológico de la muerte perinatal hace que la recuperación física quede en un último término

BarcelonaEstefanía perdió a su hija el pasado verano. "Llegas a casa y no la tienes, pero tu cuerpo sigue siendo el de una mujer embarazada, te miras al espejo y no te reconoces físicamente. Sufres las consecuencias de todo ese embarazo que has estado durante semanas llevando dentro de ti", detalla.

En los últimos años la gestión del duelo perinatal ha conseguido salir de la intimidad de los hogares (existen numerosos espacios de encuentro presenciales y virtuales o cientos de asociaciones para compartirla), pero lo que sigue siendo un tabú es la recuperación física de la madre. "Hay muchos espacios de rehabilitación postparto con bebés, pero no cuando estás haciendo un postparto en duelo. Te encuentras con las madres y sus hijos y tú te preguntas: ¿qué hago aquí?", lamenta Estefanía.

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Según la Sociedad Española de Ginecología y Obstetricia (SEGO), se calcula que entre un 10 y un 20% de los embarazos termina en pérdida gestacional: "Si el postparto ya es una etapa de muchos altibajos emocionales y dudas, vivir un postparto en luto, sin bebé, lo es aún más", afirma Vicky González, psicóloga perinatal. Las consecuencias físicas tienen un impacto muy grande, ya que es un recordatorio constante a la pérdida.” Se vive una contradicción, pero es una manera de poderlo transitar y no mirar hacia otro lado o hacer ver que aquello no ha pasado ”, añade.

Entre las características que desarrollan las mujeres que han pasado por esta situación es la sensación de traición con su cuerpo y que su feminidad ha sido socavada. Esto es justo lo que experimentó Trini Lleixà, que perdió a su hija Ivet, a las 38 semanas de gestación tras un desprendimiento de placenta. "No he perdonado mi útero, sentí traición y rechazo hacia mi cuerpo, estaba enfadada porque me había fallado", comenta. De hecho, Lleixà, presidenta de la asociación de duelo gestacional Libélulas de las estrellas, mantiene que, aunque ya han pasado seis años de la pérdida, todavía no ha hecho las paces con su cuerpo. “Sufrir una pérdida perinatal tiene un gran impacto en la vida de una persona. Aunque no todo el mundo lo vive de la misma forma, no podemos negar que requiere hacer un proceso de duelo, que es una crisis en la vida de una persona que predispone a presentar ansiedad o depresión”, afirma González, fundadora del centro NiuMa. Las mujeres que han sufrido una experiencia de este tipo, dejan claro a las expertas, muestran niveles más altos de angustia psicológica. “En un primer momento es normal sentirse desconectada de sí misma y del entorno, el sentimiento de irrealidad es muy habitual. Parece que estemos en una pesadilla y que pronto nos despertaremos pero esa sensación no suele perdurar en el tiempo, es una reacción de protección”, detalla Vicky González.

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La inducción al parto

Un embarazo avanzado que termina en muerte perinatal, a nivel hormonal, circulatorio, muscular o de suelo pélvico pasa exactamente las mismas fases que un embarazo viable, asegura la ginecóloga obstetra del Hospital Germans Trias i Pujol en Can Ruti, Anna Gràcia Pérez- Bonfils. Es por eso que González deja claro que cuando hay una pérdida perinatal lo primero que debe recuperarse es el cuerpo físico: "El cuerpo es la casa de las emociones y lo más importante es cuidarse y dejarse cuidar: comer, descansar, hacer algo de ejercicio, salir al exterior…".

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En las pérdidas gestacionales tardías (más allá de las 28 semanas), lo habitual es propiciar un parto vaginal. "Esto implica casi siempre tener que pasar por una inducción del parto, que es un proceso largo y puede parecer que prolongamos el sufrimiento, pero es mejor opción que una cesárea”, explica Gràcia Pérez-Bonfils. Hay varias razones: un parto vaginal es más seguro para la paciente, su recuperación física será mejor y finalmente –y no menos importante– no tendrá una cicatriz en el cuerpo que le recordará cada día la pérdida sufrida.

De hecho, la inducción del parto es una práctica que se calcula que se da en el 20-30% de los embarazos, aunque en el caso de los partos por muerte perinatal asciende casi a la totalidad, físicamente esto no tiene un impacto más negativo que en los demás casos, pero sí supone un profundo impacto psicológico.

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El seguimiento físico del postparto en duelo es el mismo que el de un embarazo viable. “Se hace la visita tras la cuarentena en la que se valora cómo ha quedado, entre otras partes del cuerpo, suelo pélvico. Haya hecho una autopsia y/o estudio genético, se citará a una consulta para entregar los resultados y resolver dudas, y si lo desea, se le dará un asesoramiento para futuras gestaciones”, explica Gràcia Pérez-Bonfils. Según datos del hospital Clínic de Barcelona, en dos de cada tres casos se encuentra causa. "La Sanidad pública ofrece un servicio de apoyo psicológico y se remiten las pacientes a asociaciones creadas por familias que han pasado situaciones similares", concreta la ginecóloga.

Pero Estefanía no lo ha vivido de esta manera: "El hospital nos apoyó durante el proceso de embarazo, del parto, del seguimiento y también los grupos de ayuda, pero ahora, con el postparto, he notado cómo cierta deriva… Esto ya ha pasado, ya no estás embarazada, te hacemos una revisión al cabo de 40 días y ya está", comenta mientras lamenta que el foco sólo se ponga en la parte emocional, porque la parte física también existe. "Ver que tu cuerpo vuelve a ser más o menos lo que era, te hace ver que la vida continúa, quieras o no, e independientemente de lo que ha pasado, continúa y no espera nadie. Tienes que estar bien físicamente, porque tu cuerpo es el único que te acompañará siempre", reflexiona.

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