Cuerpo y Mente

“Llorica”, “exagerado”: qué pasa cuando eres una persona altamente sensible

Todavía existe un gran desconocimiento sobre este rasgo del carácter que es mucho más común de lo que se piensa

Barcelona“Yo de joven no podía estar más de una hora en una discoteca. Pasado este rato me tenía que ir, porque me saturaban todos aquellos estímulos”. Lo explica la psicóloga Anna Romeu, que está especializada en el tema de la alta sensibilidad y acaba de publicar el libro Soc sensible (Rosa dels Vents), el primero que se edita en catalán sobre las personas con alta sensibilidad, también llamadas PAS. En el libro la psicóloga aporta toda su experiencia clínica con decenas de pacientes después de años de carrera, pero además suma su experiencia personal como PAS, un rasgo de la personalidad que según dice, “afecta a entre un 20% y un 30% de la población”.

Pero, ¿qué es exactamente una persona altamente sensible? “Pues es una persona que tiene una sensibilidad emocional y sensorial más alta que la mayoría, puesto que su sistema nervioso procesa la información de una manera más profunda e intensa que las personas que no tienen este rasgo”. A la práctica son personas que reflexionan mucho sobre todo lo que les pasa y lo que perciben, que tienen una fuerte emocionalidad ligada a una gran empatía y a una afectación sensorial –les molestan mucho los ruidos fuertes, algunas texturas, determinados olores...– y que, además, tienen tendencia a saturarse.

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Romeu ha publicado el libro con la voluntad de ayudar, dice, y que llegue a mucha gente, porque hasta ahora ha habido un gran desconocimiento y muy poca investigación sobre este rasgo de la personalidad que comparten muchas personas. Esto, dice, se debe a dos motivos: “Por un lado, hasta hace pocos años vivíamos en una sociedad mucho más tranquila que la actual y las personas PAS no destacaban tanto; ahora estamos sobreestimulados y fácilmente los PAS llegan a su nivel máximo de saturación”. Por otro lado, explica, “antes estos rasgos se consideraban manías y no se les daba importancia; en cambio, ahora lo abordamos de forma más profesional para mejorar la vida de estas personas”. 

Etiquetas negativas

Este desconocimiento ha provocado, durante muchos años, mucho sufrimiento en estas personas “porque a menudo no son aceptados” y entonces llegan las etiquetas: “exagerado”, “llorica”, “dramático”, calificativos que hacen mucho daño y que fomentan la sensación de incomprensión. “Estas personas a veces son una molestia para el entorno, porque no se les entiende”. Y es que en la sociedad actual todo lo que se sale de lo habitual es un problema: “Somos poco tolerantes con la diferencia, no la encajamos bien, sobre todo por desconocimiento, y esto crea rechazo y muchos problemas”, alerta la psicóloga.

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Ella explica que en la consulta la mayoría de los pacientes PAS que le llegan lo hacen por problemas de relaciones –ya sean de pareja, con sus hijos, en el entorno laboral…–. “Ellos se sienten como un problema porque se relacionan de manera diferente que el resto y llegan aquí con cuadros de ansiedad porque hacen un gran esfuerzo para adaptarse y tienen la sensación de no conseguirlo. Su manera de ser les genera mucho estrés y por todo esto acaban viniendo”. Pero ser PAS no es ninguna patología, las personas con este rasgo pueden superar estos problemas, si los tienen, y vivir perfectamente en sociedad, según apunta esta experta que dice que para conseguirlo es clave “el autoconocimiento”.

Como siempre pasa en el campo de la psicología, la mayoría de pacientes que llegan a su consulta son mujeres. “Este es un hecho habitual en mi sector”, dice Romeu, pero además con la alta sensibilidad se le suma un problema añadido, y es que “en la sociedad actual los hombres lo tienen más difícil para ser sensibles”. La psicóloga explica que cuando diagnostica como PAS a un paciente “la mayoría reacciona con incredibilidad, dicen que eso no puede ser”. “Todavía hay una connotación femenina, que los hombres perciben como negativa, ligada a la palabra sensibilidad”, alerta. “Culturalmente y socialmente los hombres no lloran y todavía estamos así, y por eso desde muy pequeños aprenden que lo tienen que esconder –dice Romeu–. Pero ser sensible no es femenino ni masculino, no es ser débil, ni peor, es tener más intensidad en nuestro sistema nervioso central a la hora de captar estímulos sensoriales”. 

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Otro rasgo característico de estas personas es que su cerebro siempre va a mil por hora y eso “es agotador ”. Por lo tanto, ella siempre aconseja a las personas PAS que aprendan a parar, “porque no es bueno estar siempre con un cerebro que funciona al límite de su capacidad porque esto conduce a la saturación”. “Para desconectar hay que buscar cada día un rato para estar solo, haciendo algo tranquilo o no haciendo nada, y practicar yoga o meditación también va muy bien porque son ejercicios para focalizar la atención y ayudan a entender que aunque tengas la cabeza llena de pensamientos en actividad constante no hace falta que les hagas caso todo el rato”, recomienda. 

Alta sensibilidad y salud mental

En el libro, Romeu explica que la alta sensibilidad puede estar conectada con problemas de salud mental, pero apunta que la experiencia durante la infancia es clave para evitarlo: “Ser PAS puede ser incluso un factor protector para un adulto que ha sido un niño PAS si ha crecido en un entorno favorable y respetuoso, que le han animado a crecer, que le han acompañado, que le han enseñado a gestionar sus emociones… Cuando llega a la edad adulta tiene menos probabilidades de sufrir un problema de salud mental”. En cambio, si un niño ha crecido “en un entorno problemático y traumático, en un hogar donde hay muchos gritos, no se le respeta, no hay buenos hábitos… entonces esto multiplica sus posibilidades, cuando sea adulto, de sufrir depresión o ansiedad”.