La medicina, territorio de mujeres
La Real Academia de Medicina conserva 'El Vesalio', el mítico tratado de anatomía moderna
El anfiteatro anatómico es la joya del edificio de la Real Academia de Medicina de Cataluña, situada en el corazón de Ciutat Vella, en Barcelona, frente al Institut d’Estudis Catalans. En el centro de este anfiteatro hay una mesa giratoria de mármol original donde los estudiantes hacían las disecciones de cadáveres. Los cadáveres llegaban, aún calientes, del Hospital de la Santa Creu, situado pared con pared. Eran de personas que morían completamente solas y de las cuales nadie reclamaba los cuerpos.
En el anfiteatro hoy no hay ningún cadáver. Hace años que no se diseca ninguno. Encima de la mesa hay un ordenador, a través del cual la griega Ourania Varsou, profesora de anatomía de la Universidad de Glasgow, proyecta imágenes en una pantalla grande. La acompaña otra profesora: Theodora Tseligka. Sí, dos mujeres. Actualmente, esta variable no es noticia; antes era impensable. Las escuchan una veintena de estudiantes, todas chicas. Las cosas han cambiado. Afortunadamente.
La actividad forma parte de la asignatura optativa humanismo en medicina, de la Facultad de Medicina de la Universitat Pompeu Fabra, codirigida por Manuel Pera, miembro de la Academia. Buena parte de las clases se dan fuera del aula. Ourania Varsou explora en voz alta los beneficios de la llamada medicina narrativa, y a continuación Tseligka muestra a las estudiantes un ejemplar de De humani corporis fabrica libri septem [Sobre la estructura del cuerpo humano en siete libros]. Este libro se publicó en el siglo XVI, en pleno Renacimiento, por el médico flamenco Andreas Vesalius –en España se le conoce como Andrés Vesalio–. Es conocido como El Vesalio. "Hizo muchos más libros, pero este fue, con diferencia, el que tuvo más éxito", comenta Ana Pérez, conservadora y gestora documental de la Academia.
"Vesalio tenía un objetivo ambicioso: ofrecer una descripción completa y exacta del cuerpo humano. Hizo disecciones humanas como Dios manda. Y tuvo la suerte de que hacía relativamente poco que se había inventado la imprenta y estaba en plena expansión. Esto fue decisivo para la difusión de la obra, muy reeditada, un bestseller –remarca Ana–. Es una de las obras más importantes de la medicina y de la ciencia occidental. Revolucionó el conocimiento anatómico del cuerpo humano".
"¿Esto es una copia, verdad?", le pregunto. "Sí, el original lo tenemos guardado", me responde. Tiene unas 700 páginas y está escrito en latín (latín ciceroniano –de Cicerón–, la variante más utilizada en la ciencia). Contiene un montón de ilustraciones muy precisas de los huesos, los cartílagos, los músculos, los ligamentos, las venas, las arterias, los nervios, los órganos de nutrición y la reproducción, el corazón, los pulmones, el cerebro y los órganos de los sentidos. Estos dibujos probablemente los hicieron artistas del taller de Tiziano.
Los cuerpos de los dibujos no están estirados, como correspondería a un cadáver. Casi todos están en posturas dinámicas, algunos acompañados de bonitos paisajes de fondo. "¿Son todos de hombres?", digo. "No, casi todos", precisa Ana. Y me muestra un dibujo de la portada de una chica.
"En medicina, hay un antes y un después de Vesalio. Antes, la medicina se basaba en lo que habían dicho Galeno y Aristóteles. La salud y la enfermedad se explicaban por el equilibrio o desequilibrio de cuatro fluidos corporales básicos (la sangre, la flema, la bilis amarilla y la bilis negra). La disección del cuerpo humano estaba prohibida, aunque había quien lo hacía con las puertas bien cerradas. Además, era muy difícil conservar los cadáveres: no había formol, y el hielo iba muy buscado y se necesitaba mucho...", comenta Luis Grande, miembro de la Academia, mientras visitamos las otras estancias de la Academia. A media escala, me fijo en una mano con un ojo en el centro, de mármol blanco. Es el símbolo de los cirujanos. Esta academia inicialmente era de los cirujanos.
Ahora estamos en la sala de presidentes de la Academia, situada en la primera planta, llena de retratos de las máximas instituciones a lo largo de los años. Todos son hombres. «Antes de Vesalio muchas de las descripciones anatómicas provenían de disecciones de animales. En cambio, Vesalio, en la Universidad de Padua, examinaba cuidadosamente cada parte del cuerpo humano», dice Luis cuando entramos en la biblioteca del siglo XIX. Y me muestra otro tesoro, un libro que han subido expresamente desde el sótano, donde hay la temperatura y la humedad ideales, bien controladas (donde también «reposa» El Vesalio). También es conocido por el apellido de su autor, Olavide. Su nombre también es bien largo: Dermatología general y clínica iconográfica de enfermedades de la piel o dermatosis, del doctor José Eugenio Olavide, considerado el padre de la dermatología en España. Este libro –de gran formato, compuesto por dos volúmenes– lo llevó a la Academia la viuda de un prestigioso dermatólogo, que lo había encontrado en un estado lamentable en El Rastro de Madrid. Así se salvó.
Dolors Aleu, la primera médica catalanaEl edificio que alberga la Real Academia de Medicina de Cataluña se construyó para ser el Real Colegio de Cirugía de Barcelona (lo fue entre los años 1760 y 1843). Seguidamente fue la sede de la Facultad de Medicina (1843-1906), antes de que se trasladara al actual edificio de la calle Casanova. Desde el año 1929 se aloja en él la Real Academia de Medicina, entidad que continúa activa: organiza sesiones académicas sobre trabajos científicos, el congreso de historia de la medicina catalana... Actualmente hay doce mujeres de un total de sesenta académicos. Es donde estudió Dolors Aleu (1857-1913), considerada la primera médica catalana. Teniéndolo todo en contra, Aleu consiguió ser médico de mujeres y de niños.