Cuerpo y Mente

Cómo perder el miedo a bañarte en el mar

Te damos algunos consejos para superar la talasofobia, el miedo irracional al mar y sus profundidades

BarcelonaUn día, mientras Carla se bañaba en la playa, se dio cuenta de que, de repente, el agua dejaba de ser semitransparente para volverse azul oscuro intenso. Había pasado de tener los pies en el suelo a tener un precipicio marino bajo los pies. De repente percibía la temperatura del agua mucho más fría y sentía como si la gravedad la empujara hacia las profundidades. Completamente estremecida, salió corriendo hacia la toalla. Desde entonces evita todos los planes que impliquen ir a bañarse en el mar. Sufre lo que se conoce como talasofobia.

El término, que deriva de las palabras griegas thalasso (mar u océano) y phobos (miedo o temor), sirve para designar lo que sufren las personas que tienen fobia al mar y a las aguas profundas. Un trastorno de ansiedad en el que se experimenta una sensación abrumadora de temor y angustia ante la idea de estar cerca del océano, nadar lejos de la costa o, en casos más extremos, ver imágenes relacionadas con el mar.

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“No se trata simplemente de tener miedo al agua, sino de experimentar temor hacia lo desconocido que pueda encontrarse en su vasta extensión, especialmente en áreas oscuras o profundas”, explica Anna Valentina Caprioli, psicóloga del servicio de psicología y terapia online Buencoco. A menudo, los motivos que presentan los afectados suelen estar vinculados a experiencias negativas vividas en la infancia o en determinados períodos de la vida. Pero éste no es el único motivo: “Hay que tener en cuenta que las fobias también se generan por aprendizaje observacional, como por ejemplo ver a otra persona ahogarse en el mar. También puede ocurrir que, si los padres sufren ansiedad o talasofobia, pueden transmitirla a los hijos”, continúa la psicóloga.

Evitar el mundo marino

Las personas que experimentan talasofobia pueden vivir una gran variedad de síntomas: algunos de los más comunes son miedo, ansiedad e incluso ataques de pánico cuando se encuentran cerca del mar o tan solo ante la idea de estar cerca del mar o de aguas profundas. Todo ello hace que eviten cualquier actividad relacionada con el océano, como nadar, viajar en barco o hacer submarinismo.

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De nada sirve explicarles los beneficios que se pueden encontrar si están cerca del mar, como la relajación y la reducción del estrés que ofrecen el sonido de las olas, la belleza de su paisaje o la variedad de actividades físicas y saludables que se pueden practicar. Su preocupación constante ante la posibilidad de encontrarse en situaciones como estas las hace vivir con tensión y con todo tipo de pensamientos irracionales y catastróficos de lo que les puede ocurrir si van al mar, como ahogarse o ser arrastrado por las olas hacia adentro.

Aunque muchas personas son conscientes de que su miedo es irracional, a menudo tienen dificultades para poder controlarlo, por no hablar de superarlo. Por eso, los expertos recomiendan realizar una terapia psicológica que los ayude a identificar los pensamientos y creencias irracionales que tienen sobre el mar para poder desafiarlos y reemplazarlos por otros pensamientos más realistas y positivos.

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Exposición gradual

“Una forma de encararlo es que la persona vaya familiarizándose poco a poco con el mar mediante una exposición paulatina. Es decir, puede elegir lugares donde haya agua para tomar confianza, o mirar fotografías del mar”, aconseja Caprioli. De esta forma, se puede empezar con exposiciones más suaves e ir progresando hacia situaciones más desafiantes, de forma que poco a poco se vaya disminuyendo la ansiedad hasta que la persona se sienta más cómoda y segura en un entorno marino.

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"Practicar la respiración diafragmática también puede ayudar a calmar la ansiedad que provoca la proximidad al mar", añade la psicóloga. Así, ejercicios como la respiración y la meditación pueden ser muy útiles para ayudar a controlar el estrés asociado a la talasofobia. Incluso puede ser beneficioso imaginar escenarios relacionados con el mar de forma controlada y positiva, hasta que acaben dejando de incomodar y causar sensación de peligro.

Finalmente, la psicóloga remarca que, como ocurre con otras muchas fobias, es importante que la persona afectada cuente con el apoyo de familiares, amigos o grupos de apoyo que le ofrezcan un espacio seguro para compartir sus miedos y la ayuden a superarlos.

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"Hay que entender, escuchar y validar sus miedos y no quitar importancia a lo que la persona está experimentando ni hacer comentarios como, por ejemplo, "No hay para tanto", explica Caprioli. En su lugar, es importante animar a la persona a que pida ayuda psicológica y decirle que es posible tratar esta fobia. “Con la terapia, podrá rastrear los motivos que han desatado su miedo al mar y aprenderá a gestionar las ansiedades que le puede provocar. Con el tiempo, incluso podrá apreciar y disfrutar los beneficios que aporta pasar un día en la playa”, concluye.